El pitcheo ondea a media asta en la temporada 2021-2022 de la LVBP

El pitcheo ha sido ametrallado a mansalva en la temporada 2021-2022 de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. La penúltima semana del calendario regular comenzó con efectividad general de 5.35, inocultable señal de impotencia frente a una desaforada ofensiva.

Nunca, en casi 76 años de LVBP, un torneo terminó con cinco carreras limpias por cada nueve innings lanzados a escala global.  Ese número -5.35- empeoraría la ya alarmante cifra de 4.96 que dejó la contienda 2020-2021, la más alta registrada hasta entonces.  

La sala de torturas para monticulistas en la que se convirtió el campeonato nacional es un exabrupto en el Caribe, donde vemos al circuito dominicano con 3.27 de efectividad, al certamen mexicano con 3.78 y al boricua con 4.04 luego de la jornada del martes.

¿Cuáles son las razones para el despiadado castigo? Hay varios, desde el desequilibrio entre la calidad de bateadores y pitchers, pasando por la cuota de importados y el rezago en la tecnología.

Brazos restringidos

“El bateo ha acabado con el pitcheo. Relevista, abridor, cerrador, con todo aquel que se pare allí”, expresa con crudeza el derecho Guillermo Moscoso, quien desde su atalaya de escopetero con charreteras de bigleaguer ha visto el cambio de la liga durante las once campañas que suma en la LVBP.  “No es la pelota, ni los estadios, porque son los mismos desde hace años. Creo que tiene que ver con el hecho de que en esta temporada son muchos los pitchers que no tienen trabajo en ligas menores. Algunos no han tenido cabida en ningún lado; y si no tienes espacio en ningún lado es porque no rindes. En cambio, mira los lineups: todos los equipos tienen bateadores ¡activos! en Grandes Ligas. Y mientras tanto, el pitcheo va para atrás. Los lanzadores de ligas menores que antes venían, ya no vienen. Hay muchas restricciones para los pitchers venezolanos”.

Antes, las organizaciones de la Gran Carpa que firmaban convenios con clubes del beisbol venezolano los surtían con algunas de las mejores uvas de sus viñedos. Para citar un caso reciente, los Marineros de Seattle usaron a Cardenales de Lara como bodega para macerar a Brandon Morrow, un prospecto premium en su stock de escopeteros. Ese tipo de alianzas quedaron disueltas. Ha cambiado la percepción de MLB sobre la pelota venezolana. Carlos Mendoza, mánager de Cardenales de Lara, atestigua esa nueva orientación desde ambas orillas, porque dirige aquí y es coach de banco de los Yanquis de Nueva York. Él sabe cómo luce el Caribe desde el norte.


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“A los prospectos de pitcheo no los dejan jugar mucho”, coincide Mendoza con Moscoso. “Es frecuente que las organizaciones de MLB prefieran que esos muchachos se queden en Estados Unidos en programas de fortalecimiento, o perfeccionando algún pitcheo en sus ‘laboratorios’ que venir a competir aquí en el juego diario. Y los pocos que vienen traen múltiples limitantes. Los bateadores, por su parte, vienen de AA, AAA y hasta de Grandes Ligas”.

A falta de prospectos nítidamente proyectados hacia el estrellato, las gerencias de los escuadrones venezolanos apelan a tiradores en estado embrionario, muy crudos aún para encarar a bateadores adultos, fogueados, probados y comprobados. “Nosotros tuvimos un juego en el cual debutaron cinco muchachos en la liga”, afirma Mike Álvarez, timonel de Caribes de Anzoátegui y el instructor de lanzadores con mayor reputación en el circuito desde hace más de una década. Un reto similar encara Marco Davalillo, estratega de las Águilas del Zulia.

La otra alternativa que tienen los ejecutivos de la LVBP para cubrir las vacantes en sus departamentos monticulares es la miríada de lanzadores experimentados que han quedado al margen de MLB y sus filiales. En la zafra 2021-2022 hay más de cincuenta pitchers de 30 o más años que salieron de la órbita de las mayores, pero continúan activos en circuitos periféricos, como la liga mexicana de verano, los circuitos independientes en América del Norte o el beisbol europeo.  

Que el pitcheo de la LVBP haya quedado en manos de tiradores veteranos ya descartados en el sistema MLB, por un lado, y de monticulistas en preescolar, por el otro, provoca efectos adversos que son aprovechados por unos bateadores de mayor calificación. A muchos de estos serpentineros entrados en años ya la recta no les camina como en sus mocedades. Y los pichones del morrito tienen energía, pero no han aprendido a canalizarla.  Mientras tanto, los bateadores iluminan el cielo con fuegos artificiales. “Se falla mucho. No se ejecutan lanzamientos de calidad”, sostiene Mike Álvarez.

Pitcheos lentos, pitcheos mal puestos

Se falla por distintos motivos. Los tiradores de la vieja guardia ya no hacen explotar las mascotas como lo hacían antes. “A causa de la presencia de varios pitchers que ya van de salida, en la liga ha bajado la velocidad de la recta. El promedio debe estar alrededor de las 90 millas por hora, nada amenazante para bateadores de calidad”, expone Iván Arteaga, el siempre didáctico coach de lanzadores de Bravos de Margarita. “Y en el beisbol actual, los envíos son más rápidos. En AA y AAA todo el mundo tira de 97 millas por hora para arriba”. Toleteros acostumbrados a reaccionar frente a disparos que marcan casi tres dígitos en el radar se dan banquete con tiros a 91 que llegan a ellos en Slow Motion.  “Estamos hablando de bateadores cada vez mejor preparados, con sistemas más avanzados de entrenamiento, incluso aquí mismo, con los equipos de la liga”, apunta Russell Vázquez, mano derecha del mánager de los Navegantes del Magallanes, Wilfredo Romero, y quien lleva más de 25 años catando talento para escuadras del Circo Máximo.  

El temor al castigo

Artilleros con estas características inspiran genuino terror entre la muchachada que arroja pelotas desde lo alto. “Hay cierto miedo por parte de ellos porque saben que la ofensiva prevalece. A veces están arriba, en cuenta de cero y dos, y no consiguen el lanzamiento para rematar”, comenta, bajo anonimato, un bateador que está destrozando la liga en la 2021-2022. “Hay muchos, sobre todo los jóvenes, que lanzan para que no les bateen”, comentó Mike Álvarez en el podcast El Infield, que se transmite a través del canal de Youtube de Unión Radio. “La consecuencia de eso es que se ponen en conteos desfavorables. ¿Cuántas veces hemos visto a bateadores que comienzan en cero bolas y dos strikes y todo termina en cuentas profundas? Dos, tres fouls, y bases por bolas. Eso siempre le juega en contra al lanzador”.  

“La mayoría de los pitchers no entran a la zona”, interviene Russell Vásquez. “No atacan la zona y se ponen debajo en la cuenta, luego buscan la esquinita y llegan las bases por bolas”.

Boletos a la venta en los montículos

En esta temporada de la LVBP, se están imprimiendo boletos para colmar el Maracaná. Según el portal Pelotabinaria.com.ve, se están otorgando 4.08 boletos por cada nueve tramos, frente a 3,3 que se repartieron en Grandes Ligas este año.  “Eso es lo peor que hay. Prefiero mil veces que me den un jonrón a dar yo una base por bolas”, dijo en el podcast El Infield Jorge Martínez, tirador cubano de los Navegantes del Magallanes.

Varios consultados para esta nota coincidieron en que a los monticulistas les falta ese pitcheo estocada para redondear la faena. Para Iván Arteaga, esto tiene que ver con la falta de lanzamientos complementarios de calidad. “Y muchos insisten en esos envíos”, abunda. “Y ahí es cuando vienen batazos en dos strikes que no se veían antes. Hay una gran dificultad para terminar los turnos y eso pasa por falta de un repertorio lo suficientemente efectivo como para poner a los bateadores a la defensiva. El menú es muy uniforme: recta, slider. El bateador piensa: ‘no me voy a apurar’. Sabe que puede irse temprano en la cuenta hacia la propia banda y hacia la opuesta cuando ya es tarde en el conteo. Basta con ver la tasa de hits recibidos por innings laborados para darse cuenta”.    

Wilson Álvarez se ha dado cuenta. El ganador de más cien juegos en MLB y ahora coach de los Leones del Caracas se lo dice siempre a sus dirigidos. “Si hacen los mismos lanzamientos siempre los bateadores se van a dar cuenta y los van a castigar cuando los veas en la tercera vuelta”, aporta “El Intocable”.  

Sustitución de importaciones

En la época cuando acá venían pitchers que estaban a las puertas de las Grandes Ligas y había suficiente oferta de recurso humano venezolano, los equipos de todos modos se reforzaban con nueve importados, buena parte de los cuales eran lanzadores. Ahora, cuando el material local escasea, la cuota de foráneos decreció.  “Al no tenerlos, los equipos empiezan a exigirle mucho a esos jovencitos sin experiencia”, apunta Carlos Mendoza.

Y no es solo un problema de cantidad, sino de calidad. Porque los pocos que vienen, no funcionan. Luego de la jornada del martes, la efectividad colectiva de los importados en la edición 2021-2022 es de 5.90, peor que la general. “Ha bajado la cantidad de pitchers extranjeros de calidad que vienen a nuestra liga”, sentencia Russell Vásquez. “Los equipos siempre traían de afuera dos, tres brazos de calidad. Eso no está pasando. Son pocos los abridores importados que pueden garantizar cinco innings. Los equipos que han traído abridores extranjeros han terminado sustituyéndolos. Entonces hay muchos jóvenes sin recorrido abriendo juegos y eso ha destapado la ofensiva”.

El deterioro de la situación económica y social del país ha ahuyentado a los importados de alto perfil. “Nosotros estamos compitiendo en inferioridad de condiciones con respecto a las otras ligas del Caribe porque para acá viene el que no consigue nada mejor”, mencionó un técnico de equipo. “Cualquiera que ve la inseguridad que hay aquí prefiere irse a República Dominicana, México o Puerto Rico. Ninguna organización de MLB quiere mandar a un estadounidense para acá”.

El entorno país escapa al control de los equipos, pero Iván Arteaga considera que hay mecanismos paliativos en poder de las gerencias de la LVBP. “Esta es una liga muy tradicionalista en la que no se usa mucho la tecnología disponible”, señala. “No estamos sacando suficiente provecho de los brazos que tenemos porque faltan sistemas como Trackman o Rapsodo, con los cuales tienes más información sobre los lanzadores y los rivales, datos que ayudan al lanzador a saber cómo enfrentar a los adversarios. En esto coincide otro técnico que está trabajando en el torneo.

Mientras tanto, el torneo 2021-2022 sigue triturando brazos. Para los bateadores, la LVBP es un auténtico Edén. Para los pitchers, es el averno.  No queda títere con cabeza. Este beisbol es la comarca de los cañoneros, donde florecen los batazos.  

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