El prospecto de 70 años

—¿Papá, para donde te vas? 

—Me voy de aquí, pero estaré contigo.

Urbano Lugo era un niño cuando una ruptura familiar alejó a su papá de la casa.

Yo que estoy en proceso de divorcio y tengo dos hijos, no quisiera saber que le está pasando por su cabeza, cuando su padre no está a tiempo completo con ellos.

En la historia del béisbol profesional venezolano, no hay una historia de padre e hijo como la de los Lugo. Hay tantos puntos de encuentro entre ellos dos, que la justicia se encargó de unir a estos dos seres en torno a un deporte que escogieron.

Lugo, fue premiado más adelante, nada más y nada menos, que el béisbol, ese deporte que escogió, que amó, que está presente en cada rincón de su casa, en su vida misma, el béisbol y su papá, su papá y el béisbol. Se fue el hijo a Caracas desde su Falcón natal, para reencontrarse con el viejo. 

“Si, mi papá y yo nos reunimos gracias al béisbol”. Me dice del otro lado del teléfono, mientras anoto y recuerdo al viejo mío y los hijos míos. Lugo Padre en aquel estadio, el béisbol doble AA capitalino, lo esperaban los estudios por la noche y este deporte en las mañanas.

Se sobrepuso Lugo de aquella frase de su papá cuando al verlo soltar en Falcón siendo un jovencito, le dijo, “Este muchachito no va a ser pelotero”, lanzaba con el brazo amarrado Lugo Jr. Pero él agarró aquella frase para trabajar y ser mejor. No lo sabía, pero había comenzado el camino que lo llevaría a ser un grandeliga.

Cuando llegó a Caracas en 1981, luego de participar en el nacional juvenil de 1980 de Ciudad Bolívar, tomó un guante en aquel campo donde jugaba el INOS (Instituto Nacional de Obras Sanitarias) el brazo era otro, su papá que era coach de aquel equipo, lo miraba y sorprendido estaba. Lugo era otro, pero el hijo celebraba que el juego los ponía juntos, más juntos que nunca, una unión para siempre.

Vino la firma con el Caracas siete meses después, el padre orgulloso. 

Leones del Caracas, otro punto en común con el viejo y una vez más el béisbol de manifiesto.

Llegaba el hijo con las ganas de mostrar, con las ganas de de superarse como lo hizo con la forma de lanzar siendo un niño, en esa liga que vio al Padre, en ese estadio donde levantó las manos, con el equipo del uniforme a rayas, con el mismo número en su espalda, con Baudilio Díaz detrás del home logrando la hazaña del No hit No run, del padre el 6 de enero de 1973, para además ser el primer venezolano en hacerlo y del hijo, para dicho sea de paso cumplir la promesa hecha al viejo de que lo emularía, haciéndolo el 24 de enero de 1987, al igual que el progenitor para endulzar aún más este escrito, contra Tiburones de La Guaira.

Lugo padre ya con 70 años disfrutaba ver a su hijo en las mayores. Él no pudo llegar, su hijo no pudo llevarlo si quiera a ver un juego en Estados Unidos, los veía por televisión. “Cuando llegaba a Venezuela, le daba de todo, lo “surtía”. Como dicen los peloteros cuando obsequian guantes, zapatos, guantines o cualquier objeto alegórico al juego de pelota. “Era un prospecto de 70 años”.

El hijo superó al padre, incluso en aquella pared de la casa de un tío que vive en Falcón. Este quitó todas las fotos del viejo para colocar las del hijo, con la excusa de que había que actualizar el decorado.

Pero hay algo que Lugo, al menos, hasta hoy, no ha podido tener. Aquella pelota del no hit de su padre está en poder de una hermana y por lo que escuché al otro lado de la conversa telefónica, pasará mucho tiempo para que el hijo pueda tenerla.

El deporte los unió para siempre. La historia así lo reconocerá. 

2 comentarios

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