Eso que fue y que hoy está muy lejos de volver

Ayer se cumplió un año del título del Torneo Clausura que obtuvimos en Pueblo Nuevo. Esa noche mágica e inolvidable que sellamos con el gol de Rosmel Villanueva al 89′. Hoy por hoy, aún puedo recordar el marco y todo el contexto vivido, cada detalle de la historia de cómo llegamos a ese momento; así como las condiciones en las que llegamos. Un estadio a reventar, con los flashes de los teléfonos de cada una de las casi 35.000 personas que asistieron a ese partido para guardar una imagen de una noche como ninguna.

Mas allá de la rivalidad que hay contra el Deportivo Táchira, no dejo de reconocer el aura y la energía particular de jugar en esa cancha. Imagínense lo que significa ganar un título ahí: ¡INDESCRIPTIBLE!

Desde ese día hasta hoy, atravesando las particularidades que nos trajo este 2020, han cambiado muchas cosas, para peor. Si antes ya se reconocía la decadencia estructural y general de nuestro fútbol, este año esa caída comenzó a ir en picada. Y no veo ni un ápice de mejora; de algún milagroso freno que detenga el rumbo de este viaje perdido para redireccionar un poco el sentido hacia un mejor puerto.

Trato de no pensar en las causas, ni buscar culpables porque todos lo somos en mayor o menor medida. Trato de no escribir desde la queja y la rabia. Mis palabras salen desde la nostalgia y la melancolía de lo que un día fue. De lo que un día tuvo un sentido, pero que ya se esfumó.

Esas tardes noches de fútbol donde el protocolo y la prestancia del evento le daba un caché profesional de primer nivel. Por supuesto, había cosas que no funcionaban bien: existían los impagos, canchas malas, errores arbitrales, violencia en los estadios. Sin embargo, el evento en general lograba eclipsar todos eso lunares indeseables.

Teníamos estadios en los que se veían gran presencia de público, medios de comunicación de todo el país. Esos reporteros gráficos que allanaban la parte trasera de los arcos, que se peleaban por el mejor lugar en el córner del lado de la grada sur del Olímpico para tener la mejor imagen al momento que atacábamos de ese lado de la cancha. El show en las gradas, la bulla de los fanáticos.


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Los clásicos comenzaban el lunes, al principio de la semana de disputarse. Con la gente yendo a los entrenamientos, la ansiedad surgía desde el jueves por todo lo que envolvía ese partido, como cualquier otro partido que se vivía intensamente alrededor de todo lo que representa el partido en sí. Lo que significaba ganar un partido para todo el entorno futbolero en cualquier cancha y para cualquier equipo era superlativo.

La decadencia institucional y el declive de la situación de nuestro país absorbió como un agujero negro espacial todo ese marco profesional de lo que representaba formar parte del mundo del fútbol venezolano.

Quedamos pocos los gremios dolientes, aparte de los jugadores, cuerpos técnicos, alguno que otros dirigentes y fanáticos. Ya no son muchos los que se sienten parte de un proyecto global del país futbolero. Hoy no solo rezamos por ganar un partido, también porque haya luz y agua en los estadios; porque no nos atraquen en las carreteras en las noches al volver a nuestras ciudades. Rezamos porque de haber algún lesionado, pueda atenderse como se debe lo antes posibles; por tener nuestro sueldo en nuestra cuenta, porque haya justicia dentro de la cancha y fuera de ella.

Hoy tenemos un partido interno, cada uno de los que forman parte de este mundo llamado fútbol venezolano. Esa lucha es por vernos a nosotros mismo como seres humanos y no como un producto de estantería, como muchas veces nos hacen querer ver.

Confieso darme cuenta de la emocionalidad de mis artículos de opinión en el último mes. Pero, quien no haya vivido lo que nosotros estamos viviendo ahora en esta “burbuja” del Torneo “Normalización, no entiende los niveles de exigencia emocional y mental que demanda.

Dentro de estas entre líneas puedo divisar un inconsciente clamor por empatía, pero no me atrevo a escribirlo abiertamente porque no soy una víctima y hay muchas personas pasándola realmente mal. Sin embargo, puedo comprometerme con algo: encontrar mayor templanza en mis emociones para escribir algo con otro humor, con tintes menos emocionales y mas banales. Algo mas ligado al mundo deportivo superficial.

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