Franklin Morales: el adolorido pitcher que nunca dio su brazo a torcer

La ordalía de Franklin Morales comenzó con un pinchazo que le estremeció el brazo izquierdo mientras hacía bullpen para los Azulejos de Toronto en el verano de 2016. Fue el preludio de cinco años plagados con dolor, incertidumbre, reveses y frustraciones que arrojaron su carrera como grandeliga por el despeñadero.       

 “Lo recuerdo claramente. Fue antes de un juego en Rogers Centre contra los Medias Rojas de Boston. Hice un tiro e inmediatamente sentí que se me fue la fuerza en el brazo y se lo notifiqué al equipo”, cuenta el pitcher zurdo, quien llegó a estar entre los diez prospectos con mayor proyección entre todas las plantaciones de las Grandes Ligas y luego se residenció en el Big Show durante una década. “Al día siguiente intenté otra vez y me volvió a doler. A pesar de que me pedían que siguiera probando -porque eso era nada- no quise lanzar una pelota más”.  

Eso que “era nada” resultó casi un desahucio para el deportista guariqueño. A los 30 años de edad se le dañó el manguito rotador del hombro izquierdo y también el bíceps. El poderoso brazo que llegó a disparar flameantes rectas a 98 millas por hora terminó postrado, inerte, en un frío quirófano. “Casi nadie vuelve de eso”, expresa Morales.  

Para su bien, el pitcher guariqueño vino al mundo con una coraza contra la desesperanza y una perseverancia antisísmica. Dedicó horas, días, semanas y años a torturar al brazo hasta hacerlo hablar. Tuvo que esperar casi un lustro para arrancarle la respuesta buscada, ese “sí, aún vivo”, a partir del cual espera retoñar sobre el montículo a los 36 años de edad. Fiel a su apellido, Morales jamás se desmoralizó.

Pasado el calvario, la promesa de resurrección. El serpentinero, al que tantos le sugirieron retirarse, está de vuelta al beisbol nacional con los Delfines de La Guaira en la Liga Mayor de Beisbol; y hacia octubre lo veremos con los Tigres de Aragua en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. “Gracias a Dios tengo un brazo nuevo”, expresa con fe. “Y con él quiero seguir, para ver hasta cuándo da”.

El hombre que cruzó el desierto

Una lluvia torrencial -coletazo de la domesticada tormenta Bonnie- martiriza furibunda el terreno del estadio Universitario mientras Morales, sentado bajo el techo de la tribuna derecha para guarecerse, describe la larga y empedrada trocha que lo trajo de vuelta.   

“Después de esa lesión vine a lanzar con los Leones del Caracas (temporada 2016-2017) sin saber que tenía el brazo partido”, evoca Morales. “Y luego fui a México (al circuito veraniego), donde seguí sintiendo las molestias. Me mandaron a hacer una resonancia y dieron el diagnóstico. Me advirtieron que esa lesión era vieja”. Fue entonces cuando el bisturí rasgó su brazo en busca de la sanación. Todo parecía en vano. El dolor permanecía. Al zurdo que llegó a desarrollar potencia de casi tres dígitos con su recta le salía de la mano una bostezante pluma a menos de ochenta millas por hora. Lucía como caso perdido.

Entonces recordó Morales la conversación que tuvo con Ryan Madson, escopetero derecho y compañero suyo en 2015 con los Reales de Kansas City. “Él me contó que pasó tres años sin pitchear por un dolor en el codo y que se había recuperado gracias a EVO Ultrafit, una empresa en Arizona dedicada a recuperar atletas de alto rendimiento”, apunta el pelotero.

Para hallar la Tierra Prometida, Morales tuvo que cruzar el desierto.

“Le dije a mi esposa: ‘esto es lo último que voy a hacer por el brazo’”, cuenta Morales. “Yo vivo en Denver (Colorado) y para ir a EVO tenía que agarrar un vuelo madrugador todos los lunes hasta Phoenix. Allá estaban Jay y Sharon, que me dijeron cómo tenía que hacer las cosas para volver a lanzar. Me entrenaban toda la semana, dos veces al día, con sesiones de hora y media o hasta dos horas. Los viernes por la tarde me devolvía a Denver. Así he estado todo este tiempo, desde 2017. Ellos me advirtieron que debía tener paciencia y compré las máquinas que me recomendaron. A Jay y Sharon les agradezco por volver a lanzar, que es mi pasión. Como también le agradezco a  mi esposa y a mis hijas haberme apoyado, pese a tener que irme lejos de ellas”.



Múltiples intentos de regresar fueron fallidos. En la edición 2018-2019 vino a Venezuela a probarse con los Leones. El retorno no pasó del bullpen. A Morales le costaba superar el umbral de las ochenta millas por hora. En la contienda 2019-2020 trató de nuevo. Otra salida en falso. A los meses, el Caracas lo dejó libre.

Nada lo arredró. Insistió, persistió, porfió sin importarle portazos y zancadillas. “Jamás me di por vencido, aunque el brazo no me respondía. Pero ahí está un Dios, que nunca desampara”, expresa con voz queda mientras clava en el infinito una mirada melancólica.

Venezuela a la vista

Paulatinamente, Morales empezó a sentir que el brazo revivía y que tantos desvelos empezaban a recibir recompensa. Ya no experimentaba dolor, y sí más fuerza a la hora de lanzar. Totalmente persuadido de prevalecer, Morales viajó a República Dominicana para trabajar con la academia de los Rockies de Colorado, su alma mater en Grandes Ligas. “Quedaron sorprendidos de que esté lanzando de nuevo y debe ser un orgullo para ellos. Me han ayudado mucho en mi proceso”, agradece el atleta nacido en San Juan de los Morros.

Los reportes sobre su recuperación resultaron tan convincentes que recibió ofertas de otras ligas invernales. “La temporada pasada iba a lanzar con los Tigres del Licey. Estaba relevando en la liga paralela”, afirma Morales. “Pero no me inscribieron en el roster por ser importado y cuando lo iban a hacer botaron al mánager y al gerente. Entonces tomé la decisión, apresurada, de ir a lanzar como abridor a México”. No pasó de cinco innings con los Algodoneros de Guasave y ciertamente lo batearon. Para Morales, lo realmente importante era sentirse sano, driblar al dolor. Siguió trabajando en la academia de los Rockies en Quisqueya. “Estaba buscando la manera de que el ángulo de mi brazo cayera en el punto donde caía en la época cuando tiraba a 98 millas por hora», explica el pitcher guariqueño. 

Hace dos meses, Morales volvió a distinguir a Venezuela en su horizonte. Víctor Zambrano, recién nombrado presidente de los Tigres de Aragua en la LVBP y propietario de Centauros de La Guaira en la Liga Mayor, se enteró de los progresos de Morales y sintió curiosidad.

“Hablé con Víctor Zambrano”, relata Morales. “Quería que viniera con Centauros, pero le expliqué que yo iba a estar en Dominicana haciendo bullpen y lanzándole a bateadores. Luego me comuniqué con (Antonio) El Potro Álvarez (exgrandeliga, presidente del Instituto Nacional de Hipódromos y seguidor de la LMBP). El Potro me dijo que me viniera, que la Liga Mayor estaba buena. Le manifesté: ‘necesito pitchear’. Llegué aquí y me tomó como tres semanas meterme en el draft. Empecé con Guerreros del Caribe y luego Guerreros me cambió a Delfines. Con ellos ya estoy lanzando la recta a 91 millas por hora. Y pronto agarraré más fuerza. Tal vez gane una o dos millas más”. Hasta hace poco el velocímetro no pasaba de ochenta.

Un corazón de león

Lo que Morales ha mostrado en la Liga Mayor convenció a Víctor Zambrano de que estaba apto también para la LVBP y procedió a firmarlo con los Tigres de Aragua. “Va a ser, Dios mediante, una de nuestras grandes contrataciones”, declaró Zambrano. “Se trata de alguien con gran experiencia. Un pelotero que, sano, dispone de gran potencial Lo vimos lanzar y enseñó una gran curva, además de estar recuperando la velocidad y sentirse muy bien”.     

“Víctor quería firmarme desde que llegué aquí, pero le dije que se esperara, que me dejara lanzar primero”, dice Morales sobre el interés de su antiguo colega. “La curva la he tenido siempre, desde que era fanático de los Leones del Caracas y trataba de imitar las de Roger Luque y Omar Daal”. 

¡Ay!, el Caracas. A partir de octubre Morales tendrá que enfrentarse, por primera vez, al equipo que le aceleraba los latidos.  

“He sido caraquista toda la vida”, expone, solemne. “La fanaticada es muy especial y a ellos les demostré mi orgullo de ser caraquista. Fue doloroso que los Leones me dejaran libre porque he sido caraquista desde niño. Entiendo que tenían sus razones porque estaba lesionado y no se sabía si podría seguir lanzando. Fue la manera como lo hicieron la que no me pareció correcta. Nadie me dejó un mensaje, ni nada. Así tratan a un león, a alguien que lo dio todo y siempre demostró respeto por la divisa”.  

El Caracas ya es pasado para Morales, por más que le lastime. Su presente son los Tigres. “Fue una buena decisión. Allá hay varios que fuimos del Caracas. También me gustó jugar para ellos porque toda mi familia paterna es tigrera”, sostiene el zurdo con sus casi quinientos innings en la Gran Carpa a las espaldas.  

Morales está esperanzando por un nuevo comienzo. Cinco años de tormento le dejaron sinsabores reciclados como aprendizaje y motivación para nunca claudicar. “Ahora el brazo me responde a la perfección”, infla el pecho. “Nunca pasó por mi mente retirarme, pese a que llegué a lanzar la recta a 77 millas y con dolor. Todo el mundo me decía: ‘retírate’. Pero nunca perdí las ganas.  Esta es mi pasión, es lo que he hecho desde niño. No perdí nada intentándolo y creo que ahora se me van a abrir puertas. Puede ser una gran historia la que voy a comenzar a escribir”.  

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