Seguimos con el fútbol: en dónde estamos parados y hacia dónde vamos

He escrito varios artículos de opiniones sobre la realidad del fútbol venezolano, su estado actual y su relación directamente proporcional con la realidad del país. He puesto sobre la mesa varias veces mi opinión con respecto a las consecuencias del Torneo Normalización, la “burbuja” del año pasado. No he tenido reparo al cuestionar las decisiones del ente dirigencial de nuestra industria y las consecuencias que ellas nos han traído, y que nos seguirán trayendo.

Mientras me tomo mi tiempo para decidir sobre mi futuro en estos días, me he parado a analizar la actualidad del fútbol venezolano. Es un ejercicio que utilizo como filtro para mis decisiones personales, para aceptar o rechazar alguna propuesta de trabajo, para sentir cuál sería el paso mas coherente en mi carrera. Para determinar la sinceridad de las propuestas que tengo sobre la mesa. Y, finalmente, porque me importa mi fútbol y me dejo perder en la divagación sobre algo que me importa.

¿Cuál es nuestra realidad?

Para responder a esta interrogante es necesario aterrizar en la realidad del país, en la dinámica socioeconómica de la calle y de nuestras instituciones. De entender la realidad del interior del país, y esa sospechosa sensación de reactivación económica en la capital.

Caracas parece otro país y es una realidad que confunde. Una dicotomía dentro de la misma ciudad y una dicotomía dentro del país. Quien vive en Caracas no entiende lo que sucede en el comercio circulante solo habita y aprende a vivir en él, no entiende la honestidad y la sostenibilidad de los locales que abren en la ciudad.


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Al igual que esa dicotomía que se vive en el país, el fútbol la está experimentando también. Reestructuraciones masivas de equipos con deudas y sin estabilidad institucional que no se entiende. Con fichajes de peso, por un lado, pero con reducciones de salarios y una especie de limbo organizacional por otro. Versos subidos de tonos que van y vienen, pero decisiones tibias para no poner en jaque el poder y seguir controlando el “coroto”, como criollamente se dice.

En fin, hoy estamos en una etapa de reestructuración general. Donde hay muchos altibajos en el mercado pero que se desconoce el estatus real del mismo. Una etapa de incertidumbre, de autoexploración inconsciente del sistema, donde la estrategia más sabia que se me viene a la mente es el saber posicionarse, para sentir seguridad y estabilidad. Y para tener la oportunidad de decidir ser más ambicioso a medida que las aguas se calmen.

Hacia dónde vamos

Esta es una interrogante que genera desconfianza al primero que se atreva a responderla, debido a las siguientes variables:

  • En primer lugar, hay que orbitar en el conocimiento de la realidad del Covid-19 y las vacunas.
  • El posicionamiento del dólar en el país, no como moneda de cambio, sino más bien cómo una realidad general per se.
  • Las aperturas de vuelos internacionales, el combustible y las facilidades de movilización interna.
  • Los reajustes de los costos de hotelería.
  • La presencia de los medios de comunicación y el surgimiento de una propuesta seria de derechos de televisación de los partidos ya sea por streaming o TV tradicional.
  • Las propuestas de los entes reguladores del fútbol mundial ante la necesidad de reajustar el fútbol para adaptar una de las industrias mas grandes del planeta con la nueva normalidad global y las nuevas necesidades del ser humano.
  • El mercado de valores a nivel mundial y como la incertidumbre financiera global afecta a las industrias que sostienen los grandes eventos deportivos.

Aún me faltan muchas variables por nombrar, pero entre esas cosas, todo esto debe estar sobre la mesa a la hora de tomar una decisión de vida, de proyectos personales o de inversiones dentro del mundo del fútbol venezolano y del futbol en general.

¿Hacia dónde vamos? No lo sé. Pero sí sé que es un momento de posicionarse, mantener la guardia alta y estar atento a las oportunidades. Porque hay una única gran verdad en esta industria: la pelota nunca dejará de rodar.

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