La historia de los cuatro venezolanos más fugaces en Grandes Ligas

Para ellos la alegría duró un solo juego. Los llevaron a la Polinesia a mojarse los pies.

El pitcher venezolano Beiker Graterol debutó en las Grandes Ligas el 9 de abril de 1999 con los Tigres de Detroit. Aunque los Yanquis de Nueva York lo bautizaron con siete carreras limpias en cuatro innings, él estaba convencido de que lanzaría de nuevo arriba cinco días más tarde. No volvió ni cinco días, ni cinco semanas, ni cinco meses, ni cinco años después. Ni nunca más. Aquel estreno contra los campeones de las Grandes Ligas sería su única cata del mejor vino que se sirve en el beisbol.

Lo mismo le pasó a Alex Serrano, quien luego de iniciarse en el Circo Máximo con una entrada en blanco se hizo ilusiones de subir al morrito con los Angelinos de Los Ángeles de Anaheim al día siguiente. Lo bajaron a las menores para jamás volver, ni con los serafines ni con nadie.

A las carreras de Graterol, Serrano, William Martínez y Eduardo Villacís las hermana una coincidencia distinta a la nacionalidad: son los cuatro peloteros venezolanos que solo disputaron un juego en el techo del beisbol. Otros, como Vicente Campos y Osmer Morales también suman un único encuentro como bigleaguers en sus hojas de servicio, solo que ellos aún conservan la esperanza de retornar por encontrarse todavía en servicio. Pero para Graterol, Martínez, Serrano y Villacís sus debuts en las mayores fueron, literalmente, una experiencia única.


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Ellos no canjearían por nada esa brevísima escala en MLB, pero todo lo darían por haber tenido otra oportunidad. “No cambio ese juego ni por los dos campeonatos que tuve en Venezuela con Cardenales de Lara; pero qué no daría por otro juego”, afirma Graterol desde sus 45 años de edad.

Graterol tenía 24 cuando los Tigres lo llamaron a enfrentar a los Yanquis, campeones defensores. “Al principio estaba asustadísimo, nervioso. Era contra esos mulos, el mejor equipo del mundo, que venía de ganar una Serie Mundial e iba para otra”, contó Graterol a Triángulo Deportivo. “Pero ese era el reto, para eso me subieron. Solo que las cosas no se me dieron como yo quería y nosotros teníamos un equipo opaco en comparación con ellos. Recuerdo que a Tino Martínez le tiré una recta alta y el hombre sacó el bate candela y la sacó. A Chili Davis le tiré un cambio que iba para el suelo, pero él le dio con una sola mano, le tiró el bate, levantó la bola y la sacó. Scott Brosius me la botó con un pitcheo a las manos y la sacó cerca del poste del leftfield en el Yankee Stadium”.

Una lesión inoportuna

Como se ve, no fue el mejor arranque en Grandes Ligas, pero tampoco para creer que sería hola con adiós incorporado. Ha habido peores despegues que han tenido felices aterrizajes y el principio de carreras prolongadas, como fue el caso de Wilson Álvarez.

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“Yo creía que mi siguiente salida iba a ser de nuevo contra los Yanquis porque tocaba así según la rotación”, evocó Graterol. “Tenía planes de llevarme a mi mamá para que conociera eso por allá, pero hubo cambios arriba en la oficina, me bajaron a las menores y me dijeron que en un mes estaría de vuelta. Tuve cuatro buenas salidas en AAA, pero entonces me lesioné un ligamento del codo”.

Graterol pudo volver a lanzar después de lastimarse, solo que la puerta de las Grandes Ligas se le cerró a cal y canto y de por vida. Todavía se pregunta por qué. “Se supone que uno tiene un agente para que le consiga contratos”, masculló el exlanzador derecho yaracuyano, Pitcher del Año en la temporada 1997-1998 de la pelota profesional venezolana. “Me salió contrato con los Rays de Tampa Bay, pero ellos me mandaron a México por un convenio que tenían con un equipo de allá. Yo le decía al agente que por qué no me conseguía algo en Japón o Taiwán; y su respuesta fue que no, que aún había chance en Estados Unidos. Yo le contesté: ‘entonces, ¿por qué no me consigues nada?’. Y cuando abrí los ojos ya estaba lanzando en Italia y España”.

Un juego que cerró una puerta

En honor a la verdad, Graterol se saboteó. Una infantilada terminó de clausurar el pasadizo a las Grandes Ligas. “Había firmado con los Bravos de Atlanta y faltando como quince días para irme a Estados Unidos me lesioné echando broma con unos amigos en mi pueblo, allá en el municipio Veroes del estado Yaracuy”, relató.

“Le estábamos echando broma a un loco en la calle y el loco empezó a perseguirnos con un machete”, prosiguió Graterol.  “Yo salí corriendo hacia mi carro, pero resbalé en un pocito de agua y caí. De inmediato se me hinchó el tobillo. Llegué en muletas al Spring Training. Pensaron que había sido jugando basket, cuando nunca jugué baloncesto. El hecho es que perdí ese contrato y pensé: ‘una oportunidad como esta no la voy a tener otra vez’”.

No la tuvo. Solo le quedó ese juego contra los Yanquis en su álbum. “Fue una experiencia que muchos quieren tener y no todos tienen”, dice Graterol. “Así que me fui con la cabeza tranquila”.  

Villacís: ascenso sorpresivo y despedida inesperada

Eduardo Villacís era un manojo de nervios el primero de mayo de 2004, cuando los Reales de Kansas City lo llamaron para abrir contra los Yanquis de Nueva York en Yankee Stadium.

“La verdad es que yo subí de la nada”, comentó Villacís a Triángulo Deportivo. “El año anterior estaba en clase A y cuando me llamaron estaba lanzando en AA. Me buscaron como abridor de emergencia porque se lesionó Darrell May, un pitcher veterano que estaba con los Reales. Eso me puso todavía más ansioso, porque últimamente me habían estado usando más como relevista largo. Así que el debut fue traumático, con miedo a hacerlo mal y presionado por hacerlo bien”.

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En 3.1 episodios contra quienes eran los campeones en ejercicio de la Liga Americana, Villacís recibió seis hits y cinco carreras limpias. A su juicio, lo que más lo perjudicó fueron las cuatro bases por bolas que regaló. “Los boletos me mataron y esa nunca fue mi característica”, lamentó Villacís, ahora con 41 años de edad y que contaba 24 el día de su inicio. “Todo lo contrario: cuando me subieron tenía uno de los mejores porcentajes de strikes. Las dos primeras carreras me las hicieron con rollings al cuadro, uno de ellos infieldhit. Recuerdo que me sentí cómodo contra Alex Rodríguez. Me propuse que no me la iba a sacar y no lo hizo”.

Un jonrón con dos a bordo de Rubén Sierra en el tercer inning, precedido de dos pasaportes, sepultó a Villacís. “El coach de pitcheo subió a la loma y me dijo que trabajara a Sierra con sinkers afuera, pero uno se quedó flotando y Sierra la sacó por el corto rightfield del Yankee Stadium”, rememoró el exserpentinero diestro. En el cuarto tramo Bernie Williams le abrió con sencillo y el mánager Tony Peña le quitó la bola. Nunca más se la dieron en las mayores.

Un cambio perjudicial

“Uno nunca sabe cuándo va a volver a lanzar en Grandes Ligas”, sostiene Villacís. “Yo creía que mi siguiente salida sería nada menos que contra los Medias Rojas de Boston, que ese año fueron campeones, pero resultó que Darrell May se recuperó antes de lo previsto y a mí me sacaron del roster de 40. Me pusieron en waivers y me tomaron los Medias Blancas de Chicago. Eso me desfavoreció”.

“Me desfavoreció porque llegué a una organización en la que no me conocían y que además peleaba por los playoffs”, profundizó Villacís, a quien nunca se le cruzó por la cabeza que no regresaría a un montículo de liga mayor. “Jamás piensas en eso porque es ponerse negativo, pesimista”, dice Villacís.

“Pero me quedó la satisfacción de haber hecho todo aquello que podía hacer y controlar. Lo que pasa es que el sistema de Grandes Ligas es impredecible y a mí me perjudicó”, apuntó el exserpentinero. “De todos modos, me da orgullo que el niñito de Los Teques haya ido a la capital del mundo a lanzarle a los Yanquis, lo que fue un sueño cumplido.  Lo disfruté muchísimo, aprendí cosas para aportar a otros y puedo contarle a mi hijo que algún día fui grandeliga”.

La larga espera y corta estadía de Alex Serrano

El tirador derecho guariqueño Alex Serrano no podía sentirse más emocionado el 16 de abril de 2008. Ese día terminaban diez años vegetando en las menores. “Se me estaba cumpliendo un sueño”, declaró a Triángulo Deportivo el antiguo relevista, hoy de 39 años de edad y entonces de 27. “Venía de tres buenos Spring Training de Grandes Ligas con los Angelinos en los que siempre me sacaron en el último corte”.  

En su primer inning como bigleeaguer de los Angelinos de Los Ángeles de Anaheim, Serrano pintó de blanco a los Reales de Kansas City, con ponche incluido. Nada hacía presagiar que ese inning en cero sería la clausura de su periplo por la cúspide de la pelota.  

“Daría todo por otro juego en Grandes Ligas”, reconoce Serrano. “Pero no cambio por nada ese inning. Lamentablemente no me dieron más chance. El coach de pitcheo de los Angelinos (Mike Butcher) no tenía buena comunicación conmigo. Creo que no le caía bien. Pasé como dos o tres semanas más con el equipo y solo hice bullpen. Me bajaron a AAA y me lesioné el codo. Me recuperé en septiembre, pero no me volvieron a subir. Claro que te entra la frustración porque pienso que demostré que podía hacer el trabajo. Pasó el tiempo y me cansé de esperar. Finalmente entendí que el beisbol ya me había dado todo lo que me iba a dar”.  

La realidad de William Martínez

William Martínez desembarcó en las Grandes Ligas el 14 de junio de 2000 con los Indios de Cleveland y contra los Tigres de Detroit. Tenía halo de prospecto, de alguien que, con 22 años de edad, había llegado para quedarse. Relevó tres innings y recibió una carrera. Y eso fue todo. Mucho menos que lo que él hubiera deseado, y mucho más que lo que logra la mayoría de quienes se convierten en peloteros profesionales. Para él fue real lo que para tantos es una ensoñación.  

10 comentarios

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