Humberto Acosta, maestro de la pluma y las cabinas

Las transmisiones radiales del beisbol venezolano han tenido cuartos bates en su alineación. Los relatores, que llevan la voz cantante, han estimulado la imaginación de la audiencia con sus mágicas descripciones del combate librado en el diamante. Pertenecen a ese real linaje las gargantas de Pancho Pepe Croquer, Felo Ramírez, Foción Serrano, Delio Amado León, Carlos Tovar Bracho, Alfonso Saer, José Aníbal Manzo, Arturo Celestino Álvarez, Musiú La Cavalerie, Humberto “Beto” Perdomo, Fernando Arreaza, Carlos Feo.

Cada uno de ellos tiene su señal de identidad, una frase que los distingue, como el “oooooolvídenloooo de Fernando Arreaza, el “puuura candela” de Reyes Medina, “la bola subiendo, subiendoooo” de José Aníbal, “La bola lleva etiqueta de jonroooon”, de Alvis Cedeño o el “esto está feo” del siempre recordado Beto Perdomo. Algunas de estas expresiones desembocado en el habla popular, como pasó con tantos de los dichos del Musiú. Estos personajes son los solistas de los circuitos, aunque necesitan a un infaltable acompañante que le pone verbo al sujeto.   

El comentarista radial es el escudero del narrador, su complemento perfecto, la razón que sucede a la pasión, el porqué del qué. Y en ese ramo, la radiodifusión de la pelota nacional erigió su propio pabellón de la fama: Allí están Carlitos González, Rubén Mijares, Tom González, Carlos Alberto Hidalgo, John Carrillo, Héctor Cordido, Toño Soler. Ellos ayudan a entender lo que el narrador acaba de contar.  Hoy es momento para detenerse en un connotado miembro del gremio: Humberto Acosta, un maestro de la prensa escrita que llevó el periodismo a la radio y se adueñó también de las cabinas como encargado de explicar el juego para el circuito de los Leones del Caracas. El domingo pasado, Humberto Acosta anunció en sus redes sociales que no continuaría comentando para los caraquistas luego de más un cuarto de siglo frente a los micrófonos; y todos aquellos que quisimos ser periodistas deportivos de tanto leerlo y escucharlo tuvimos una sensación de orfandad.  


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La categoría de Humberto Acosta se notaba en detalles tan aparentemente nimios como anunciar el lineup durante la antesala. Hizo de ese rolling de rutina una jugada de feria para la audiencia. “Omar Vizquel en el campocorto. Vizquel, campocorto”. Y ya ahí los aficionados empezaban a fantasear sobre cómo ganaría su equipo.

Humberto Acosta en el circuito radial fue distinción y sobriedad, aderezadas con una contagiosa risa con la cual siempre nos recordaba que el beisbol es un juego y solo tiene sentido si uno se divierte con él.   

Quienes seguimos en el circuito del Caracas llevamos a Humberto Acosta con nosotros. Él sigue en la cabina cada vez que preguntamos antes de juzgar, que razonamos en vez de vociferar, que respetamos en vez de ofender. Esa es la escuela Humberto Acosta, que seguirá vigente porque el buen periodismo nunca caducará.

Tampoco la calidad humana tiene fecha de vencimiento y Humberto Acosta batea sobre .400 en esa liga. Es un referente ético de la profesión y un libro abierto de enseñanzas que no fueron dictadas desde el púlpito de los sabiondos, sino desde la prédica del ejemplo cotidiano. Quienes hemos estado en sus proximidades hemos crecido bajo la frondosa sombra de su cátedra periodística, fundada sin proponérselo y libre de ínfulas. Humberto Acosta nunca ha ardido en la hoguera de las vanidades. Su mejor testimonio es su humildad, ese saberse superior sin restregárselo a los demás.      

Algunos de sus comentarios quedan como enseñanza de este apasionante deporte llamado beisbol. “La buena defensa hacer ver al pitcheo mejor de lo que es”; “El buen pitcheo siempre prevalece sobre el buen bateo”; “el brazo humano no está hecho para lanzar pelotas, repetidamente, a noventa millas por hora”. Son píldoras de sapiencia que él suele repetir; y uno va anotando mientras se pregunta cómo puede ese señor retener con tanta exactitud estadísticas plasmadas décadas atrás. Y sin el menor atisbo de soberbia. “Uno de los grandes retos de hablar y escribir en los medios sobre beisbol es que muchos aficionados saben más que nosotros”, nos ha recordado siempre para que pisemos tierra cuando pretendemos remontarnos alto. 

Muy pronto, Humberto Acosta debería estar en el Salón de la Fama del Beisbol Venezolano. Sería un privilegio entrevistarlo por su exaltación, como él ha entrevistado a los más grandes con esa sabiduría construida por casi medio siglo de ejercicio intachable de este oficio apasionante llamado periodismo deportivo, en el cual ejerce un dominio propio de Sandy Koufax. 

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