¿Inmigrante yo?

Inmigrante. Cuando uno toma la decisión de mudarse de su tierra natal, son muchas las preguntas que pasan por nuestra mente ¿Y mi familia? ¿No más arepa? ¿Se acabaron los fines de playita? ¿Y si me va mal por allá?, entre muchas otras. La verdad, no es un tema que se escoja de un día para otro y que requiere una serie de preparativos, sobretodo psicológicos porque, no todos nos sabemos adaptar a los grandes cambios que nos llegan cuando nos ponemos el sello de inmigrante.

Muchas personas prefieren el aburrimiento que les da la “seguridad” y la “costumbre” antes de sentarse a pensar en experimentar nuevas cosas, como vivir en otro país, conocer nuevas culturas, gente distinta, otro idioma, hacer cosas que jamás pensaste hacer pero que te toca para sobrevivir. “¡Uy no! Prefiero quedarme pasando trabajo en mi país que en otro lado”, dicen algunos. Pero lo importante del caso es que, si tienes esa oportunidad –sobretodo económica- y quieres hacerlo ¡HAZLA! No te detengas por nada. El ser extranjero (inmigrante), por un corto o largo tiempo, nos cambia la vida, la perspectiva de la misma, valoramos más cada momento y el factor de la distancia nos hace más humanos. Inmigrante.

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