La lucha contra el olvido de Amleto Monacelli

Cuando estaba en el salón de clases de aquella Universidad amada como lo fue y lo es la Fermín Toro de Barquisimeto, miraba el ancho pizarrón acrílico, largo y tendido blanco, esperando el marcador de la clase respectiva, corría el año 2003. Profesor listo, y yo pensando o imaginando ese periodista en un terreno de juego, una cancha, frente a una cámara de televisión o radio. Mientras escribían sobre Umberto Eco y sus “Apocalípticos e integrados”

Ya con un poco más de noción. Me imaginaba como periodista. Escogí esta carrera para ser narrador de béisbol, mi amor eterno, pero el camino 15 años después, me llevó a otro destino.

Siempre nos pintamos como paladines de la justicia, pero tomando en cuenta que la información y su manejo es dinero, es poder, te vas dando cuenta como el romanticismo primaveral del periodismo, se va convirtiendo, te alejas de la prosa de aquello que la información es un derecho universal y te das cuenta que ese valor, pasa a ser utopía y en algunos casos te encuentras con el terror de que es derecho de pocos. Sin embargo, hay luchas, hay maneras, de que lo primero tome protagonismo, pero esto damas y caballeros, es un negocio.

Amleto Monacelli fue víctima de esa industria. El problema para este deportista venezolano, es que fue una joya dentro del bowling, bueno, problema para él no, problema para el periodismo venezolano, si.

Que los bomberos no se pisan la manguera, es cierto, pero esto es una postura crítica, una revisión antes de salir de casa.

La sociedad siempre ha vivido usando la información como elemento de poder social, siempre nos estamos comunicando, es una necesidad de masas. Bien lo decía Marshall Mcluhan “en la aldea global”, emitir mensajes, consumir información. Monacelli, en este sentido, fue tirado lejos, fue puesto bien lejos de todo este fenómeno catalogado por García Márquez como “la profesión más hermosa del mundo”. Monacelli en su país, vivía lejos de la aldea de Mcluhan.

Sin embargo, Amleto entendió todo y lo entendió rápido. Entendió su lugar dentro de la industria periodística venezolana, entendió su puesto. El que el deporte que escogió le podía dar y el que los medios de comunicación en su propio país, le estaban dando.

Bueno, es Amleto Monacelli uno de los mejores bolicheros de la historia, ok, sigamos.

Pero Monacelli continuó, no tiene expectativas de nada en la vida, el que quiera aprovechar su legado que lo haga, que se aferre a él. Si alguien quiere leer sobre él, es probable que consiga más material en inglés que en español, aun siendo este señor más guaro que una arepa con suero, tan venezolano como Luis Aparicio, Simón Díaz o Armando Reverón.

Pero Monacelli será una deuda eterna para el periodismo venezolano. Un hombre que está en el Salón de La Fama en Estados Unidos. 30 años derribando pines, venciendo a los monstruos de este deporte, venciendo la cultura, rompiendo decibeles sociales para plantarse en la propia historia de una disciplina que creció con él, iniciándose en aquel bowling de la 34, llamado así por su ubicación en esa calle de Barquisimeto, del centro barquisimetano, en la capital del estado Lara, en Venezuela.

Un punto de quiebre: 1989, fue jugador del año PBA en Estados Unidos, llenó su vitrina de todos los premios posibles. El bolichero venezolano, pasó desapercibido, dejando las sonrisas para sus amigos cercanos y para el núcleo familiar.

Pero Monacelli no vendía y por eso no era portada, por eso las cámaras estaban lejos, su gloria no fue nuestra, y no lo fue porque no lo quisimos. Recalca este guaro, que esa conducta venía del periodismo caraqueño, que era el que tenía incidencia en todo el país. En Lara, fue distinto y él mismo Monacelli enfatiza en este punto.

Monacelli está en proceso de mudanza, va a un instituto educativo en Estados Unidos para enseñar los secretos del deporte que lo volvió inmortal. En Barquisimeto, la calle 51 tiene el nombre de Robert Pérez, algunos señalan que la calle 8 debería llamarse Luis Sojo, pues la calle 34 debería llamarse Amleto Monacelli.

Bueno, si en New Jersey le entregaron Las llaves de la ciudad, es lo menos que podrían hacer en su Barquisimeto natal. Hasta el propio Salón de la Fama del béisbol Luis Aparicio, lo dice: VENEZUELA TIENE OTRO SALÓN DE LA FAMA, ESE ES AMLETO MONACELLI.

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