El segundo título de Cardenales llegó en la mejor final y ante Leones

En estos tiempos de pandemia, encierro, de mucho pensamiento y recuerdo nos trasladamos a 22 años atrás. Dos equipos históricos en la LVBP se enfrentaban en lo que sería la final más espectacular que se haya jugado jamás. Los rosters que tenían ambos conjuntos no mostraban falencias por ningún lado. Ni Cardenales ni Leones defraudaron y la final tuvo siete juegos a muerte. Que marcaron no solo a fanáticos de ambos conjuntos sino a todo el béisbol.

Mes de enero del año 1998 y Lara llegaba a la gran final luego de dominar a placer la ronda eliminatoria y el recordado round robin. Lograron 43 victorias, récord absoluto desde la segunda expansión en la liga. El derecho Beiker Graterol venía de ser nombrado pitcher del año, Juan Rincon fue el novato del año. Además era un equipo que tenía a Robert Pérez, Luis Sojo y Giovanni Carrara como sus máximas figuras.

Algo que ayudó a Cardenales para esa temporada fue haber contado con piezas de la experiencia de Raúl “Tucupita» Marcano y Alex Delgado. También con una importación de lujo que tenía al slugger Mark Whithen y también con un salón de la fama, que para ese entonces era un prospecto, llamado Roy Halladay.

Pero no solo Cardenales contaba con un equipazo. Roger Cedeño y Bob Abreu eran un pilar fundamental, pero el pitcheo de la mano de Omar Daal, Joan Looez y Urbano Lugo, le daban al Caracas un lugar importante para pensar en el título. Probablemente los dos equipos más parejos y completos que se hayan visto en mucho tiempo hasta ese momento en la LVBP.

Comenzó la Gran Final

Desde el inicio de la final un 24 de enero, se sabía que sería exageradamente disputada. El primer juego cerró con Roberto Petagine conectando un hit en el inning 11 para dejar en el terreno a Cardenales. Los pájaros rojos se desquitarian al día siguiente. Así la serie se iba a Barquisimeto empatada.

Faltaban seis juegos más por ver en lo que ha sido la final más pareja y difícil de todos los tiempos. La ciudad crepuscular tenía un ambiente de béisbol inigualable, los alrededores del estadio Antonio Herrera Gutiérrez no se daban abasto. Miles y miles transitaban las calles cercanas y solo se hablaba del Cardenales y de cómo ganar esa final en casa en las tres oportunidades que tenían.

La trifulca

Las cosas no serían tan fáciles para los larenses y para quedar campeones tendrían que regresar a Caracas, solo quedaba esperar y ver si era con la serie a favor tres a dos o en contra. Aquí, justamente en el quintoto juego nacería el título de “la final de la trifulca».

Cardenales con buen pitcheo dominaba a los Leones, pero en el último tercio de juego, con Ugueth Urbina lanzando por el Caracas y bateando Alex Delgado por Lara, vino un lanzamiento muy pegado que golpea la espalda del bateador y sin mediar palabra con toda su fuerza embistió al receptor de Leones el venezolano Wikleman González. De esta manera se inició la trifulca más grande que se haya visto en nuestro béisbol.

Una pelea de una magnitud tan grande que es recordada por jugadores como “la final de la trifulca» y que tiene su más icónica imagen en Robert Perez y Mark Whiten buscando a Ugueth Urbina para golpearlo, personajes que años después serían grandes amigos. Con tanta tensión, intensidad, nervios, gran béisbol y muchas cosas más, el quinto juego sería para Cardenales.

Regresamos a la capital

Barquisimeto se quedó con las ganas de celebrar en directo con su equipo. Habría sexto juego y quedaba mucho por ver en esta gran final que estaba a favor de Cardenales tres victorias a dos.

El sexto juego sería otra batalla de buen béisbol y de mucho drama, lo mismo que ya habíamos visto en los cinco juegos anteriores. La guinda al pastel se la daría Bob Abreu en el noveno episodio ante los envíos de Tim Cabtree para conectar un pitcheo y depositar la en las gradas del jardín central del parque de la ciudad universitaria, para el delirio de los fanáticos de los Leones, un estadio que se venía abajo por completo, se preparaba entonces para un séptimo de la gran final.

Guerra de lanzadores

Edwin Hurtado y Urbano Lugo serían los dueños del pitcheo de ese séptimo juego, mejor imposible, los dos lanzadores más efectivos de los últimos tiempos para ambas divisas, en el mejor juego posible y la lucha por el título de la LVBP.

Caracas desde el inicio aprovecharía a Hurtado y en dos innings le harían tres carreras, pero de ahí en adelante no le harían absolutamente nada, por su parte a Urbano Lugo no le daban ni foul, pero todo tiene su final y en el sexto episodio Robert Pérez silenció por completo un estadio que estaba seguro que su equipo se coronaria en cuestión de horas, un jonrón de dos carreras, dantesco en línea por el jardín izquierdo y el juego se empató a tres carreras.

Se dice más de 20 años después que ese jonrón marcó por completo el final de esa serie, Lara haría 4 carreras más para llegar a ese último episodio ganando siete a tres, cuando Ozzie Timmons falló para el último out, la alegría del lado derecho se hizo sentir a todo dar, Cardenales de Lara era el campeón de la LVBP y representaba a Venezuela en la Serie del Caribe que se daría en Pto la Cruz ese año.

Se cumplió la meta

Omar Malavé hablaba tiempo después de esa celebración. “Ganamos ese juego siete a tres”. El piloto tiene buena memoria. Cardenales celebró ante la tarde avileña. La larga campaña era diluida en chorros de champán y cerveza. Pérez fue electo como el Jugador Más Valioso, Hurtado ganó dos juegos, Delgado le dedicó el título a Carrara, quien se había ido obligado por su equipo en Japón; y Whiten besó a una muchacha sin nombre en el terreno.

“El viaje a Barquisimeto fue el más largo que hice en mi vida”, cuenta Malavé, cuyos pensamientos habían dejado de rodar y rodar, y estaban estacionados en el idilio que viven todos aquellos que alzan la copa de la LVBP. “Duramos como seis horas, pero valió la pena”.

“La gente nos esperaba desde Chivacoa”, añade Sojo. (Palabras tomadas de prensa LVBP por Andriw Sanchez).

Cardenales lograba su segundo título luego de muchas batallas frustradas, iniciando un dominio de años en la liga y que más de 20 años después vuelve a crecer y a mantenerse en la LVBP.

Jamás quedará la duda de que en la temporada 1997-1998 vivimos la que se considera la mejor final de nuestro béisbol entre dos grandes equipos que lo dieron todo por siete juegos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba