La razón detrás de nuestros votos para los premios de la temporada

La única verdad incontrovertible al premiar a los mejores de la temporada 2021-2022 es que Jackson Stephens fue el mejor lanzador del beisbol venezolano. En las otras categorías hay espacio para acaloradas discusiones y dialéctica argumental entre quienes eligen a los galardonados. Aquí vamos a consignar los alegatos que soportaron las escogencias de este votante en particular, el columnista de Con Los Ganchos.

Pitcher del Año: Jackson Stephens (Cardenales de Lara)

Stephens quedó a un triunfo y un ponche de la Triple Corona para los monticulistas. Por si no bastase, dejó efectividad de 1.82 en medio de la más atroz exhibición de pitcheo que ha conocido la LVBP en sus 76 años. Un escopetero de 1.82 en un torneo de 5.18 a escala general merece una nueva categoría del Nobel.

Haber sido tan efectivo es una entre varias razones para postular a Jackson Stephens sin vacilaciones. El diestro comandó la estadística de WHIP con 1.24, quedó segundo en ponches (44) y sexto en entradas laboradas (49.1), guillotinó a ocho enemigos por cada nueve tramos y solo selló 1,82 pasaportes por cada nueve actos.

El debate en la casilla del Pitcher del Año solo gira en torno a la escogencia de los chambelanes de Stephens. En la selección del monticulista más destacado los abridores tienen prioridad porque se exponen más al castigo al tener que enfrentar a una cifra mayor de adversarios. Solo que en esta ocasión no hubo iniciadores que se acercaran a lo hecho por Stephens. Está el magallanero Erick Leal, cierto, con 3.65 de efectividad, 1.24 de WHIP y 39 ponches contra 11 boletos en 56.2 innings, si bien él tuvo un compañero que, desde el bullpen, volatizó a los artilleros. Es Bruce Rondón, el Cerrador del Año.

Además de comandar la estadística de salvados (12) sin desperdiciar ventaja alguna en 18 juegos, a Rondón se le embasó medio corredor por entrada. O lo que es igual, su WHIP fue un señorial 0,55 en 18.1 capítulos. Su efectividad finalizó en 1.47 y su tasa de hits recibidos por cada nueve innings fue 2.45. La relación ponches/boletos fue 4.40 porque fusiló a muchos (10,8 por cada nueve innings) y caminó a pocos (2.4). Para que un relevista opte por el galardón al mejor pitcher sus cifras deben ser excepcionales. Las de Rondón lo fueron.

Como imponentes fueron los guarismos de Andrés Sotillet, el finalizador de Caribes de Anzoátegui. Este tirador derecho rubricó una temporada magistral: como taponero cubrió 26 innings, durante los cuales redujo a los contrincantes a su mínima expresión: 1.38 de efectividad y 0.92 de WHIP en un campeonato con legiones de corredores circulando por las bases. Sotillet ponchó a un cuarto de los hombres a los cuales enfrentó (nueve ajusticiados por cada nueve actos), solo le dieron 5,5 hits por cada nueve innings y su tasa de BB/9 quedó en 2.77. Todo eso lo hizo a pesar de que su base de operaciones es el Alfonso “Chico” Carrasquel, un caldero para hervir lanzadores.   

La boleta quedó así

Jackson Stephens (Lara)

Bruce Rondón (Magallanes)

Andrés Sotillet  (Anzoátegui)

Mánager del Año: Wilfredo Romero (Navegantes del Magallanes)

Wilfredo Romero: “Nuestro bullpen es uno de los mejores de la liga”

Hay tres aproximaciones a este premio: unos reconocen al mánager que toma las mejores decisiones y elabora las más acertadas estrategias, categorías con una elevada carga subjetiva. Otros distinguen a quien dirigió al equipo que mejor jugó en el certamen; y existen quienes se fijan en aquel que logró más con menos, ese timonel que extrajo cada gota de talento de una plantilla árida. Este cronista suele adherir a esta corriente y por eso consideró a José Alguacil, quien tuvo que hacer equilibrismo para que los Leones del Caracas quedaran de terceros con una rotación inestable, sin peloteros de poder y con hoyos a la defensa.

Solo que, en esta oportunidad, hay que hacer una excepción.

Quien crea que, por la potencia de su nómina, los Navegantes del Magallanes navegaron en piloto automático hasta la vanguardia de la ronda eliminatoria comete un craso error. Si hay un grupo que cuesta manejar es el de los turcos. Y un colectivo de buenos peloteros, mal llevados por el jefe, puede naufragar, como le pasó este año a los Padres de San Diego. La grandeza de Wilfredo Romero radicó en su capacidad para controlar los egos y los caracteres en una cueva tradicionalmente insumisa, aún con el hándicap de ser un técnico debutante en la liga.

“En este equipo los peloteros venían de botar a un mánager. Wilfredo arregló eso”, contó para Triángulo Deportivo un integrante de la organización.  Lograr, en un elenco como el Magallanes, que los jugadores den lo mejor de sí mismos y obedezcan en vez de conspirar, vale más que ordenar un bateo y corrido o llamar al zurdo contra el zurdo. Por cierto, en el manejo de los lanzadores también se notó la mano de Romero. “Logró darle la vuelta al bullpen”, apuntó alguien que hace seguimiento diario a los corsarios.

La boleta quedó así:

Wilfredo Romero (Magallanes)

José Alguacil (Caracas)

PD: no hay juego por el tercer lugar en este premio

Regreso del Año: Balbino Fuenmayor (Caribes de Anzoátegui)

LVBP: Balbino Fuenmayor hizo historia con los Caribes en el juego inaugural  - Béisbol Profesional Venezolano

Esta siempre es una elección que toma tiempo. No por confusión sobre la naturaleza del galardón, pues está más que claro: homenajear al ángel caído, a la estrella que se apagó y porfió para refulgir de nuevo. Por eso su epónimo es Luis Salazar, quien fue capaz de rendir como lo hacía antes de lesionarse tan gravemente una rodilla que peligró su carrera.

El tema aquí era determinar quién venía de más bajo y cuál llegó más alto; y había varios casos dignos de consideración.

Durante buena parte de la temporada, Guillermo Moscoso fue el gran candidato: Pitcher del Año durante la edición 2017-2018, el derecho de los Tigres de Aragua sucumbió ante las lesiones en la 2020-2021, cuando tiró 10.2 innings y tuvo efectividad de 7.59. La refriega 2021-2022 fue su reencuentro consigo mismo, como lo probó su efectividad de 2.78 en 32.1 actos hasta que volvió a lastimarse y tuvo que bajar del morrito a finales de noviembre. En diciembre, su opción perdió fuelle.

Un caso similar es el de Williams Pérez, de Cardenales de Lara. Después de dos campañas (2017-2018 y 2018-2019) en las cuales dejó estadísticas como para ser tomado en cuenta para Pitcher del Año, el exgrandeliga implosionó: 8.35 de efectividad en solo 18.1 innings en la 2019-2020 y 9.98 en 15.1 durante la 20-21.  En la 2021-2022 renació con 1.33 de efectividad en 27 innings. Empero, esa baja cantidad de entradas para un abridor obligaron a seguir buscando alternativas.

Y había una que cumplía con todos los parámetros: la de Balbino Fuenmayor.

Fuenmayor calza en las tres premisas básicas involucradas en la adjudicación del premio: la primera, que haya sido una figura establecida en la liga. En más de diez campañas en la LVBP, el slugger de Caribes de Anzoátegui acumula promedio superior a .300 y entre las batallas 2014-2015, 2016-2017 y 2017-2018 empujó 115 carreras. Para irse, primero hay que estar. Y Balbino sí que estaba.

Para regresar, primero hay que irse, y Balbino se fue por causas ajenas a su voluntad. En la temporada pasada casi no jugó porque un pelotazo le fisuró un brazo cuando el torneo llevaba apenas una semana.

Y no queda dudas de que Balbino Fuenmayor volvió. Quedó campeón impulsor (53 en un calendario de 49 juegos), ganó la estadística de bases alcanzadas (117), finalizó segundo en jonrones (11), cuarto en promedio (.361) y tercero en porcentaje de embasado (.613).

Bruce Rondón y César Valera estaban en el menú de opciones, pero la verdad es que esta es la primera gran temporada de Rondón en la liga y la cosecha de Valera sufrió una merma al final.

La boleta quedó así:

Balbino Fuenmayor (Anzoátegui)

Williams Pérez (Lara)

Guillermo Moscoso (Aragua)

Novato del Año: Andrés Sotillet (Caribes de Anzoátegui)

Andrés Sotillet: una grata sorpresa para Caribes - El ExtraBase

Fue una gran disyuntiva elegir entre Sotillet y Jermaine Palacios. El poliédrico jugador de Cardenales de Lara quedó entre los cinco primeros en promedio (.351), OBP (.430) y OPS (.987). Pudo calificar para estos renglones, pese a que Lara tuvo que dosificarlo por petición de los Mellizos de Minnesota y por eso dejó de ser titular en varios encuentros.

Pero la razón para preferir a Sotillet es la naturaleza de este campeonato. Palacios surfeó sobre la ola de batazos que ahogó a los lanzadores. Sotillet, en cambio, fue uno de los poquísimos sobrevivientes a la marejada. Además, pese a ser relevista, cubrió 26 innings para Caribes, una cifra inmensa para alguien que viene del bullpen. Recuerden que tuvo 0.92 de WHIP a lo largo de un torneo en el cual abundaron los hits y las bases por bolas. No olviden la efectividad de 1.38 contra el 5.18 de la liga. Y no subestimen el hecho de que esos números fueron con casi 30 episodios y con el hostil Chico Carrasquel como vivienda principal.

Fue llamativo Pedro Castellanos con sus ocho jonrones, esto a pesar de jugar de local en la inmensidad del Antonio Herrera Gutiérrez de Barquisimeto. También que los haya combinado con alto promedio de .313 y OBP de .361.  

La planilla quedó así

Andrés Sotillet (Anzoátegui)

Jermaine Palacios (Lara)

Pedro Castellanos (Lara)

Más Valioso: Ramón Flores (Bravos de Margarita)  

El Más Valioso es el rey de premios, la mayor de las condecoraciones.  Debería, por cierto, llamarse Jugador del Año, para ensalzar de ese modo al mejor pelotero del certamen y dejar atrás la eterna discusión semántica de lo que representa el término valioso.

Bajo esta premisa, no hay contradicción al apuntar en la planilla a dos miembros de un mismo equipo, en este caso Niuman Romero y Balbino Fuenmayor, de Caribes de Anzoátegui. No se anulan entre sí, como suele razonarse cuando se asume que el premio está dirigido a la individualidad más determinante en la consecución de los objetivos del colectivo.

Ramón Flores hace historia con su título de bateo - Líder en deportes

Romero, uno de los mejores antesalistas del circuito, fue también el campeón en OPS, la estadística que engloba la capacidad de un bateador para embasarse con frecuencia (fruto del contacto, la disciplina o la mezcla de ambos) y a la vez pegarle a la bola con reciedumbre. Comandó el rubro de anotadas (49) y fue segundo, tanto en OBP (.474) como en slugging (.639) y average (.368). La fuerza estuvo con él y por eso despachó nueve cuadrangulares y produjo 40 anotaciones.

Fuenmayor, como ya explicamos, coleccionó números excepcionales en casi todos los rubros y se alternó entre la inicial y el rol de designado. Entre los 36 paleadores capaces de impulsar medio centenar de carreras en una temporada de la LVBP, Fuenmayor es el único que ha alcanzado la cifra en un calendario de menos de 50 partidos. Su aporte fue inmenso.

Pero lo de Ramón Flores fue monumental. Además de anotarse en el exclusivo círculo de los bateadores de .400 (.416), el jardinero de Bravos de Margarita labró un inverosímil OBP de .538, el más alto en la LVBP en los últimos 15 años entre quienes sumaron, al menos, 200 apariciones en un torneo.

Hay un par de logros estadísticos de Flores que inclinaron la balanza hacia él, pese a que no tuvo el OPS, ni las remolcadas de Romero, o los jonrones y las bases alcanzadas de Fuenmayor. El outfielder llanero primó sobre el resto a aspirantes a Más Valioso (entre ellos el magallanero Nellie Rodríguez y el cardenalero Ildemaro Vargas) en estadísticas globalizadoras como las carreras creadas y el OBP ponderado. Las carreras creadas miden el aporte neto de un toletero a la ofensiva de su conjunto y Flores totalizó 111.2, contra 92 de Romero, 88 de Balbino, 73 de Rodríguez y 78 de Vargas.     

El OBP ponderado (WOBA) no solo mide la cantidad de veces que un jugador llega a las bases, sino también la calidad de esa presencia en las almohadillas. En el OBP tradicional, embasarse por boleto o sencillo es igual que hacerlo con doble o jonrón. El WOBA le otorga valores diferenciados a cada modo de apoderarse de las colchonetas. Es una estadística que mide todo el aporte al bate en su conjunto y Flores punteó con .485 sobre .478 de Romero, .358 de Fuenmayor, .408 de Vargas y .457 de Nellie Rodríguez.

Y no perdamos de vista que Flores brindó ese caudal de ofensiva mientras custodiaba el jardín central, una de las posiciones clave en la defensa. Y lo hizo sin errores. También protegió adecuadamente las esquinas de los bosques.    

La planilla quedó así

Ramón Flores (Margarita)

Niuman Romero (Anzoátegui)

Balbino Fuenmayor (Anzoátegui)

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