La reunión del mundo

Mundo. Thiago Silva no pudo contener las lágrimas al escuchar el himno de su país en un estadio repleto de camisetas de Brasil. Desde su establecimiento, el fútbol ha sido un deporte construido a partir de los nacionalismos. Es ese carácter el que le permite a FIFA administrar todo el juego desde las Federaciones Nacionales. Esta es una estructura con las mayores diferencias con otros deportes como el béisbol, el baloncesto o el hockey, en el que las ligas, especialmente las estadounidenses, siempre están por encima de las organizaciones mundiales.

Ese carácter nacionalista del deporte hace que el Mundial sea mucho más que un torneo. La Copa del Mundo es la vitrina en la que los países le gritan al resto del planeta que existen, les muestran quienes son, cómo se visten, qué piensan y cómo juegan al fútbol. El fútbol termina siendo una expresión nacional. En Alemania; por ejemplo, ponderó siempre al grupo por encima de lo individual, por lo que Joachim Low prefirió a Lukas Podolski antes de a Miroslav Klose para buscar algo específico del juego y no el récord de Ronaldo. Holanda, un ejemplo de liberalismo social en Europa, ha permitido a sus jugadores bañarse en la playa, visitar las atracciones turísticas y hasta compartir con su familia.

Cada país juega el Mundial con sus glorias y sus miserias. Inglaterra pensó haber planificado bien su partido en la calurosa Manaos y terminó lleno de calambres. Ghana se entusiasmó más de lo debido tras empatarle a Estados Unidos y en un descuido los norteamericanos le arrebataron el empate. Por otra, partelos franceses dejaron el estadio de Beira Rio en Porto Alegre tras enfundarse un fino traje azul de algún diseñador seguramente muy famoso. Un atuendo similar al que utilizó Cesare Prandelli en medio de la jungla amazónica.

Alegría en las calles del mundo

El Mundial es una reunión de culturas que se salen del terreno de juego y que chocan en los alrededores del estadio y en cada esquina de las ciudades. Para el fanático, el Mundial es el torneo de fútbol más importante del planeta. Para el brasileño, el Mundial es una oportunidad de hacer negocios. O una cola interminable para poder llegar a casa.

En las calles, el nigeriano está orgulloso de serlo y lo muestra al que voltee y lo vea. El argentino lleva su bandera gigante. El estadounidense su chaqueta con sus colores. El croata su uniforme ajedrezado. En el Mundial todo el mundo tiene algo que decir; se siente el orgullo de cada quien por el azaroso hecho de haber nacido donde nació.

Es por ello que para Honduras; el haber salido a jugar sin himno fue un golpe al corazón. Un Mundial sin himnos y sin señas de identidad nacionalistas es un torneo más de fútbol. Ni siquiera un amistoso. Es una pachanga entre tipos famosos y millonarios. Sin embargo, un Mundial sin banderas sería como aquel video juego sin licencia en los que Juan Abrango alineaba junto a Osbaldo Biscarrundo. Cualquier cosa. “Hasta en Haití tienen cómo poner el himno”, se quejó uno de los titulares hondureños. Y con toda la razón. El Mundial es la reunión del mundo entero. Y todo el mundo quiere decir de dónde viene. Y para eso, nadie ha inventado una seña mejor que la bandera y el himno.

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