La Vinotinto sub-20, el oxígeno de un país que agoniza

Sub-20. Tiic, tiic. Es el sonido de una paciente en terapia intensiva. Los seres que lo aman lloran en la sala de espera y otros rezan desde sus casas deseando estar ahí para salvarle la vida. Los médicos se mueven de un lugar a otro. «¡Gool!» se escucha al fondo. Es un milagro, está respondiendo y en su rostro se dibuja una sonrisa.

La paciente se llama Venezuela y agoniza a diario. Los familiares somos todos los venezolanos que estando en el país o fuera de él rezamos por su mejoría. Esa señal de vida es gracias a las victorias que han logrado los jóvenes de la Vinotinto Sub-20 en el Mundial. Ellos son el oxígeno que le permite respirar y ayuda a aliviar su alma.

Este miércoles 7 de junio, la paciente volvió a caer en coma, despidió a otro de sus hijos. Ya lleva más de 60 gracias a la represión desmedida que se vive en sus calles llenas de bombas, piedras y perdigones. Su corazón estaba roto al igual que el de todos los venezolanos al ver cómo Neomar Lander se convirtió en otra víctima de esta guerra que lleva casi tres meses. Él tenía 17 años de edad. Apenas comenzaba a vivir, pero salió a luchar por un mejor futuro y encontró la muerte.

Dicen que siempre habrá un nuevo amanecer y entre lágrimas de dolor  nos aferramos a ese pensamiento despúes de ver un mensaje de la Vinotinto Sub-20. Los chicos de la selección nacional grabaron un video que decía «gracias» y la verdad es que fue tan emotivo que el llanto se disipó.

La madrugada del jueves 8 de junio comenzó como la de hace una semana: todos pendientes del televisor, computadora o teléfono. No importaba el aparato, lo vital era que nos permitiera estar ahí para alentar a los nuestros. «¡Que sufridera!» escribí en Twitter. El duelo ante Uruguay estuvo duro. Sin embargo, nunca perdimos la fe. El rival hizo un gol desde el punto penal, pero en el noventa apareció Samuel Sosa como todo un guerrero para decir: esto no ha terminado. Un tiro libro que fue a parar al ángulo derecho del arquero. Sub-20.

El partido se fue a prórroga, ninguna de las dos selecciones marcó y hubo que ir a la tanda de penales. ¡Ese momento en el que nadie quiere estar! Yo estaba frente al televisor rezando todo lo que me sabía, y la verdad estoy segura que la gran mayoría de los venezolanos se encontraba en mi posición.

En cada cobro se me salían las lágrimas, ni hablar cuando Wuilker Faríñez le paró el penal a La Cruz. Los gritos se escucharon en todo el mundo, porque sé que mi grito fue el mismo de millones de venezolanos que esta vez llorábamos de felicidad. ¡Clasificamos por primera vez a la final de un Mundial Sub-20!

En esta ocasión la mañana de la paciente empezó con un suspiro, tomó oxígeno y volvió a reír. Es una madre dolida que ayer despidió a un hijo, pero que hoy otros le dicen: «es por ti, Venezuela».

La progenitora sigue en su cama luchando entre la vida y la muerte. No obstante, sabe que el domingo sus niños saldrán a darlo todo por ser los campeones mundiales. El sueño continúa y a pesar de su dolor, ella les echa la bendición.

No nos olvidamos de quienes han caído; sin embargo, estos chamos también merecen nuestro reconocimiento. Su motivación es ese pueblo que sale a marchar a diario por la libertad.  Los vinotintos piden que bajen las armas y sin escudos también salen a las canchas a defender el nombre de Venezuela.

Hoy y siempre les diré gracias por ser una alegría para la tierra que nos vio nacer. Sus nombres permanecerán en la historia del fútbol venezolano y su hazaña jamás se borrará de nuestras memorias. Sub-20.

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