Y llegó el día que todos tratamos de evitar…

Aislamiento, debe ser la palabra que está de moda en estos momentos, incluso en el fútbol. Se convirtió en una de esas etapas inherentes a la condición humana. Algo que todos, en algún momento, tenemos que vivir, individual o colectivamente.

Sí, aislarnos es una de esas condiciones que el universo nos pone como requisito de vida. Es algo inevitable, pero de lo que sí está en nuestras manos, es en la forma en que lo vamos a afrontar. Todo parte en cómo nos preparamos para eso.

Nos toco esta vez a nosotros, a nuestro equipo. Afortunadamente, si se puede decir afortunadamente, nos toco en un momento oportuno, si es que existe momento oportuno alguno para esto. Nos tocó con tiempo y con mucho trabajo adelantado.

Estar aislados los unos de los otros nuevamente es un ejercicio mental y emocional muy duro —emocional debe ser la palabra que más he utilizado en estos últimos 150 días—, disfrutamos mucho este mes de trabajo. Entrenamos tan duro como siempre, con más ganas aún diría yo.

Es notable la disposición de un grupo de personas por dar lo mejor de sí, enfocados en un objetivo con matices temporales de incertezas, pero un objetivo al fin. Un objetivo que aún en estas condiciones no sacamos de nuestra mente.

Un equipo de fútbol, con todas sus disfuncionalidades como cualquier familia, pero con este nivel de sinergia, es todo lo que está bien en la vida. Si uno está sano, todos los estamos; pero si uno no lo está, el equipo asume que tampoco lo está, sintiendo a cada integrante como el todo. Identificar esto, no es solo que me deja tranquilo, sino que me muestra la esencia pura del ser humano como ente de un colectivo que debe ponerse de manifiesto en el mundo en estos momentos.

Cada día me siento mas orgulloso del grupo de jugadores al que pertenezco y con el que me identifico. Cada día me honra aún mas ser liderado por todo el cuerpo técnico que asume las decisiones deportivas de nosotros. Se incrementa mi paz cada día que pasa al sentir el apoyo y la proactividad con la que gestiona nuestra directiva cada una de las dificultades que se le presenta a la institución en el camino. Cada día siento mas apoyo y más fidelidad por esos fanáticos, que desde lejos y sin vernos, expresan palabras de aliento y apoyo en estas circunstancias tan delicadas.

Sin duda, con todo esto nuestro compromiso aumenta. Pero no solo en la cancha, también en nuestro día a día. Con nuestro estoicismo ante la involución institucional general que se vive en el país la institución sigue adelante.

Mi llamado es que evitemos los detalles, evitemos los nombres. Por un momento dejemos de lado esa sed de contagio del cáncer social llamado chisme, o lo que llaman hoy en día la infectología: la epidemia informativa. No es necesario vender información al mejor postor, es necesario aprender de quien hace bien las cosas, es necesaria la empatía. La salud psico-social, y la solidaridad desde la compasión por quienes viven estas circunstancias en una situación no tan favorable como la nuestra.

Quisiera que reciban esta columna, no como una opinión. Sino como una declaratoria de valentía, de tranquilidad, de un mensaje de confianza ante las dificultades que se nos presentan en el camino. Nuestro compromiso no es solo el ganar partidos, es oxigenar las almas que nos apoyan desde lejos. Y para eso, desde el lugar que sea, nos seguiremos preparando.

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