¡Luchemos por más deporte y menos desigualdad!

¿Quién podría pensar que la simple acción de arrodillarse acabaría con las esperanzas de dos personas en este mundo?

Si bien no es comparable la pérdida de la vida con la del trabajo de tus sueños, es interesante analizar como George Floyd y el jugador de fútbol americano, Colin Kaepernick, movieron al mundo por una “simple” inclinación.

Para esto debemos rememorar tres años atrás, cuando Kaepernick, en ese momento quarterback estrella de los San Francisco 49ers, tomó la decisión de arrodillarse durante la entonación del Himno Nacional de los Estados Unidos, previo a cada juego de la NFL. Una protesta ante la desigualdad social que se vive en ese país.

Mientras que muchos jugadores del circuito y de otros deportes siguieron su gran ejemplo, muchas fueron las críticas y amenazas sin sentido. Tildaban el acto de “humillación” y “falta de respeto” hacía al himno de los Estados Unidos.

Luego de esta turbulencia, Kaepernick vio como todos sus sueños se esfumaron. No fue contratado al año siguiente y en la actualidad sigue sin empleo, alegando en su momento “colusión” por parte de la liga para no ser firmado por ningún equipo.

Poco a poco su movimiento perdió fuerza. Al parecer su mensaje se había desaparecido en el tiempo y muchos se habían olvidado de esta lamentable desigualdad que se vive en el mundo, hasta que llegó mayo 2020.

Como si se tratara de un símil de muy mala imitación, Floyd, de raza afrodescendiente, resultó asesinado por un policía blanco; en la ciudad de Minneapolis (Minnesota), asfixiado por la rodilla del policía en su cuello. Una inclinación bastante grotesca en comparación a la de Kaepernick, pero con el mismo sentido: desigualdad y racismo.

Este asesinato despertó nuevamente la protesta realizada tres años atrás por una estrella de la NFL. Incluso, muchos de los que en ese entonces lo criticaron, ahora han salido a defender su postura “hasta cierto punto”, incluido el presidente Donald Trump.

Pero con todo esto las preguntas que nos vienen a la mente son muchas: ¿Cómo es posible tanta desigualdad, tanto racismo entre los humanos y tanto odio entre hermanos? Pero peor aún, ¿cómo las ligas de deportes permiten esto? Si se supone que un deporte debe ser para el entretenimiento y se debe aceptar a la persona por su destreza y no por su raza.

¿Era necesario otra muerte para hacer entrar en razón a ese grupo de personas que apoyan la desigualdad? ¿Cuántas más harán falta? ¿Por qué en su momento la “indefensa” protesta de Kaepernick no se tomó en cuenta sin necesidad de otra muerte?

En el mundo del deporte muchos están conscientes de eso. Miles de deportistas han tratado de concienciar y solidarizarse con esta causa; la cual, por desgracia, también ha generado hechos violentos en una parte de la sociedad que está cansada de atropellos.

¿No basta con que seamos humanos para tratársenos a todos por igual? ¿Qué nos puede llevar a pensar que el simple color de nuestra piel nos hace mejor o peor persona, mejor o peor deportista?

Sin duda, es una verdadera lástima todos estos sin sentidos que vivimos en nuestro mundo. Nos han llevado a ver cómo el simple hecho de arrodillarse puede acabar con las esperanzas y los sueños de dos personas inocentes que solo pedían algo a gritos: igualdad y respeto.

Desde el deporte sería un buen punto para seguir luchando por la igualdad y contra el racismo. El deporte une masas. Es un punto de encuentro para que las personas entiendan que todos somos iguales y que lo único que vale es el talento

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