La LVBP está entrampada

Al intervenir a Bravos de Margarita, el Estado venezolano entrampó al beisbol venezolano, que entró a un callejón sin salida. Cualquier camino que tome la Liga la conducirá a un tremedal. No veo cómo pueda salir bien librada ante este disparadero.

Ante una intromisión en sus asuntos internos por parte del Gobierno, la reacción legítima de la LVBP debería ser despojar a Bravos de la franquicia y asignarla a cualquier comprador legítimo que pudiera aparecer, si es que aparece. Hay jurisprudencia al respecto. En los años cincuenta, la LVBP le revocó la franquicia al Magallanes de Juan Carlos Lavaud por insolvencia financiera. Inmediatamente la reasignó a un consorcio anzoatiguense que rebautizó lo que antes fue Magallanes como Oriente.

Una intrusión como la de ahora en uno de los ocho socios de la Liga justificaría a plenitud la desvinculación de Bravos del circuito. Hacer eso, no obstante, pondría en la picota la existencia de la LVBP, tal como la conocemos. La pondría en trayecto de colisión con el omnímodo poder del Gobierno venezolano y la expondría a devastadoras represalias.

El año pasado Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, hizo advertencias, nada veladas, por cierto, de que el Estado estaba dispuesto a expropiar a los clubes que no entraran por el aro. Palabras más, palabras menos, Cabello avisó que si los equipos osaban armar el torneo de pelota fuera del país (supuesto absolutamente negado y producto de alguna mente afiebrada) de todos modos aquí iban a jugar Caracas, Magallanes, La Guaira y compañía. A buen entendedor…

Si la Liga toma la otra ruta, la de claudicar ante el poder y dejarse pintar ese strike por el Gobierno, al final del camino la estará esperando la administración Trump con su gran garrote y las Grandes Ligas detrás.

El presidente de la LVBP, Giuseppe Palmisano, ya estaba dudando de la viabilidad de la temporada 2020-2021 si Magallanes y Aragua no regularizaban su situación ante el Tío Sam y MLB. Imaginen entonces el panorama si a los dos equipos bloqueados por las mayores se suma un tercero. Porque ese es el destino inexorable de unos Bravos de Margarita estatizados o puestos bajo el control de algún empresario de duda procedencia: convertirse en parias del sistema MLB.

Extraña forma ha escogido el Gobierno de propiciar la realización del próximo certamen de la LVBP. Hundir sus garras en Bravos amenazaría gravemente la factibilidad de la campaña y compromete el porvenir del beisbol profesional. Ojalá hubiese una rectificación. Pero cabe preguntarse, si no se habido propósito de enmienda en asuntos vitales para el progreso del país, ¿lo habrá en este caso?

Nadie quisiera estar en los zapatos del alto mando del beisbol venezolano. La filigrana que se requiere para cruzar el aro de fuego será digno del más genial de los estrategas. Porque, de momento, el escenario que se avizora es de perder-perder.

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