Manny Crespo: el hombre que bautizó a Baudilio como Bo

Listo y mentalizado para iniciar el viaje de unas tres horas y media desde San Salvador hasta el oriental departamento de La Unión, fronterizo por tierra con Honduras y por mar con Nicaragua, me tocó ir en la parte de atrás de la camioneta con el director deportivo de la federación salvadoreña de béisbol como vecino, el recientemente contratado cubano-americano Manny Crespo.

A sus setenta años de edad, el hombre canoso, bonachón, con una rica carrera en la pelota como jugador, técnico y scout, está en la pequeña nación centroamericana. Tiene la tarea de preparar al seleccionado cuscatleco que afrontará los compromisos de los Juegos Centroamericanos 2022 y los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2023. Ambos eventos se disputarán en suelo salvadoreño, aunque el primero pareciera que va a cambiar de sede en los próximos días.

Manny Crespo en sus labores de formación / Carlos Hernández

Manny es un hombre al que le gusta mucho hablar, recordar viejas anécdotas del béisbol. Su mente es un poderoso disco duro que alberga nombres, fechas y recuerdos de la profesión que practicó de forma profesional desde los 17 años, unos seis años después de salir de su natal Cuba rumbo a la tierra del Tío Sam.

Pero lo que jamás me imaginé es que en esa conversación informal aflorarían un sin fin de cuentos y remembranzas en su carrera, ligadas al béisbol venezolano. Lo que mantuvo atento a cada una de sus palabras, restándole importancia al duro camino por las calurosas carreteras salvadoreñas. En las siguientes líneas, algunos de esos buenos cuentos.

El bautizo de Manny Crespo a Bo Díaz

Manny Crespo actuó durante siete campañas en equipos de ligas menores. También estuvo un par más en ligas AAA mexicanas, todo esto entre 1968 y 1975. En la temporada de 1971 jugaba para el Pawtucket AA de los Medias Rojas de Boston y en medio del torneo el receptor de planta se lesionó, por lo que decidieron llamar a un joven venezolano Baudilio Díaz, quien en el Spring Training de ese año no tuvo una designación específica sino que quedó bajo la figura de receptor de emergencia para cualquiera de los equipos de las filiales que lo necesitara por algún inconveniente.

Baudilio Díaz fue el pionero de los caretas criollos en GL

“Baudilio era muy joven y no hablaba inglés, por lo que no llegó el día que estaba pautado. Hubo que ir a buscarlo en el aeropuerto donde iba hacer la conexión porque no sabía para dónde agarrar. Pasó todo el día en la salida cuando se bajó el avión”, recuerda Crespo del venezolano, quien tiempo después se convirtió en el pionero criollo de la posición dos en Grandes Ligas..

Pero la anécdota va orientada al nombre con el que Baudilio, nativo de Cúa, fue conocido de allí en adelante en la pelota norteamericana. “En el primer juego que disputó con nuestro equipo, el anunciador del estadio se enredó todo pronunciando la palabra Baudilio, no se le entendía nada. Al siguiente juego pasó lo mismo, por lo que un día le dije en el clubhouse: ‘Tienes que cambiar ese nombre porque los americanos no lo entienden’. Después de pensar un poco le dije: ‘y si te ponemos Bo, suena bien’. En paz descanse, Baudilio se contentó mucho y le pareció buena la idea. Yo mismo subí a hablar con el anunciador del estadio para que desde ese momento en adelante le empezaran a llamar Bo y así se quedó”.

El tremendo Ozzie

Manny Crespo jugó con el inmortal Carlton Fisk en 1970 en la AA de Boston, saldando una gran amistad con el exitoso receptor. Años después, -ya retirado- recibió una llamada telefónica a las 2:00 de la madrugada de Fisk, quien estaba indignado porque su equipo, los Medias Blancas de Chicago, habían cambiado al estelar lanzador LaMarr Hoyt, junto con otros dos compañeros, por otros cuatro peloteros de bajo relieve. Entre ellos se incluía un joven campocorto llamado Ozzie Guillén, quien ni siquiera había debutado en las mayores.


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Fisk telefoneó un par de veces más a Crespo durante ese Spring Training para desahogarse por la adquisición del venezolano, a quien en un principio no soportaba ya que no paraba de hablar, pero el sabio técnico le dijo: “No será el mejor a la defensa, ni corriendo en las bases, ni bateado, pero tiene algo mucho más importante: es demasiado competitivo, sale a ganar siempre, no le gusta perder”.

Sus palabras fueron la premonición de una fructífera carrera del mirandino, que como jugador ganó en premio al Novato del Año en 1985, fue un líder entre sus compañeros y 20 años después se convirtió en el primer y hasta ahora único latino en ganar como manager una Serie Mundial, y, precisamente, con los patiblancos.

Manny crespo pulió a Álex González

Manny Crespo fungió como coach de banca de la selección de España que terminó en el tercer lugar en los campeonatos europeos del 2012 y el 2014. También desempeñó el mismo rol en la ronda eliminatoria para el Clásico del 2013, en la cual España avanzó a la ronda principal del torneo por primera vez. Luego fue manager del conjunto ibérico. En ese periplo europeo compartió con muchos venezolanos, tanto jugadores como técnicos.

Crespo, a la izquierda

Desde su retiro como jugador activo en 1978, ha tenido diversos cargos en las organizaciones de los Padres de San Diego, Yanquis de Nueva York, Tigres de Detroit y  Marlins de Florida. Precisamente, del equipo asentado en Miami viene esta otra historia. El criollo Álex González daba sus primeros pasos en el big show y Crespo trabajaba como técnico dentro de la organización donde llegó a tener una buena amistad con el venezolano.

En la temporada invernal, con el uniforme de los Leones del Caracas, González atravesaba un slump ofensivo que llamó la atención de sus jefes en Estados Unidos, al punto que lo llamaron para decirle que le iban a enviar a un coach para que trabajara en su mecánica. Pese a que lo ideal es que le enviaran a un técnico del equipo grande, el propio González pidió que fuera Crespo al que le tenía más confianza.

Un Caracas-Magallanes inolvidable

“Me llamaron de la oficina un 20 de diciembre para decirme que tenía que viajar ese mismo día a Caracas. ¡Guaoo! Imagínate cuál fue mi reacción. Al final lo hice y trabajé con Álex en su bateo, a tal punto que otros jugadores como Bob Abreu y dos chicos más me pidieron que los ayudara también. Recuerdo vivir la experiencia de un Caracas-Magallanes desde el dugout, ya que no habían localidades para verlo desde la tribuna. Es indescriptible. Mi gran satisfacción es que ya en Estados Unidos me llaman para decirme que Álex comenzó a batear y dar varios jonrones en la postemporada”, agregó Crespo, quien también jugó y dirigió en Panamá.

El pasado cardenalero de Manny Crespo

Pero la relación de Manny Crespo con Venezuela se remonta mucho más atrás. A finales de los setenta y principios de los 80 fue coach de tercera base de los Cardenales de Lara.

“Era un gran equipo, había muy buenos peloteros. En esos años la mayoría de los jugadores en el terreno eran extranjeros. Muchos de ellos llegaron más tarde a Grandes Ligas. Recuerdo entre los criollos a Fred Manrique, quien daba sus primeros pasos en el shorstop. También a Luis Leal y Luis Aponte, grandes lanzadores, y a Williams Ereú, un peloterazo. Cuando jugábamos en Caracas, recuerdo que luego de los partidos nos íbamos caminando de allí a Sabana Grande a comer, eran otros tiempos”.

El estadio con las vías del tren

En uno de los libros del periodista venezolano Juan Vené, el veterano escritor hace alusión al parque Alijadores en Tampico, México, sede de la novena profesional del mismo nombre, monarcas en tres ocasiones de la Liga Mexicana AAA.

El parque de Tampinco, el cual lo atravesaba una línea de tren

El legendario y ya derribado estadio tenía una particularidad, quizás única en el mundo. Estaba ubicado en la zona industrial de la Isleta y era atravesado por las vías del ferrocarril que cruzaban los jardines. De esta manera, el partido debía ser detenido cuando el tren anunciaba su paso, aunque en la mayor parte de las ocasiones tal suceso causaba la algarabía de los aficionados.

“En 1974, jugué en México con los Alijadores de Tampico, equipo que contaba con el legendario Héctor Espino. Por todo el área del outfield estaba una línea del tren y aproximadamente entre el séptimo y octavo inning sonaba una campana que indicaba que había que parar el juego por que venía el tren. Un señor de mantenimiento abría una gran puerta por la zona de la izquierda y luego corría a abrir la de la derecha. Luego que pasaba el ferrocarril hacía el mismo recorrido para cerrarlas y permitir que continuara el juego”.

“El Loco” Paredes

Recuerda Manny que había un jugador muy pintoresco en ese equipo llamado Jesús Paredes, apodado “El loco”, quien desapareció en un juego tras el paso del convoy.

“Le había ido muy mal en el juego y en el noveno le tocaba turno al bate. Jugaba en los jardines y luego de que pasó el tren ya no estaba en su lugar. Todos nos preguntábamos qué le había pasado sin conseguir respuestas. Continúo el juego y colocaron a otro jugador en su posición. Al día siguiente, el ‘Loco’ apareció en la práctica y el manager lo increpó al cuestionarlo sobre qué se había hecho. Paredes respondió que le había hecho un gran favor al montarse e irse en el tren para que tuviesen que colocar otro bateador en su lugar en la novena. Estaba bien loco”.

Sin duda, uno de los mejores viajes que he realizado en carretera, que grandes cuentos Manny, ¡muchas gracias!

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