Mariesthela Vilera: de hacer muñecas de maíz a lograr un récord olímpico

La formación de un atleta de alto rendimiento requiere mucho tiempo. Sin embargo, no todos los casos son iguales 

Las secuelas de la extensa celebración por la victoria de Rubén Limardo en Londres, tuvo sus consecuencias al día siguiente. Había que pararse temprano por que los Juegos Olímpicos apenas estaban empezando ese verano de 2012. Le tocaba el turno al ciclismo de pista donde Venezuela se había ganado la opción de ir a competir en uno de los escenarios más hermosos que he visto en mi vida: el Velopark. Una infraestructura con un moderno techo, construido en madera, con detalles que sólo un especialista en aerodinámica podía descifrar. La casa de Sir Chris Hoy, el más grande ciclista de pista de todos los tiempos. 

¿Qué les puedo contar de ese día? Paul McCartney y los hijos de Diana de Gales estaban en las gradas, la seguridad era una verdadera locura y en medio de todo esto se erigía una de las gestas más cortas, pero más significativas del deporte venezolano. Se estrenó la competencia de velocidad por equipos femenino y con ella todas las marcas de esta prueba en Juegos Olímpicos. Ese jueves Daniela Larreal y Mariesthela Vilera marcaban 34, 320 para poner el primer récord olímpico en la historia de esta modalidad del ciclismo de pista. Un récord que duró escasos minutos, pero que nunca nadie podrá borrar. 

Juan José Sayago con Mariesthela Vilera

Larreal estaba en su última de las cinco olimpiadas a las que asistió. A su lado, una muchacha de las Mercedes del Llano que apenas dos años antes no sabía como ponerse las zapatillas para manejar bicicleta. Si no leyeron mal, dos años antes de ese debut de Londres, Mariaesthela Vilera estaba llegando a Caracas desde Guárico, donde aspiraba a convertirse en Ingeniero Electricista, carrera que culminó, pero de la cual hoy no tiene experiencia. Por aquellos días su mamá la envió a la capital para que se formara académicamente fuera del llano inmenso que la vio crecer. En Caracas se acercó al Instituto Nacional de Deportes (IND) donde practicó de todo. Sin embargo un reto le cambiaría la vida para siempre. 

El reto del destino de Mariesthela

Una tarde, en el óvalo del IND, mientras Mariesthela Vilera bromeaba con atletas de voleibol, la retaron a que diera una vuelta en el monstruo de cemento con una bicicleta de velocidad. Mujer resteada lo aceptó y sin saber cómo usar los zapatos especiales del ciclismo se subió a una bici prestada, arrancó y dio la vuelta completa. Sin embargo, después no sabía cómo hacer ya que ese modelo de bicicletas no tiene freno. Recordó sus días en Las Mercedes del Llano donde junto a su abuelo manejaba bicicletas de «reparto» las cuales tampoco tienen freno. 

«En El Llano uno monta bici desde pequeña. Allá hacía de reparto y la usaba como medio de transporte. Iba a la escuela en bici y pasaba buscando a una compañera. Todo en bicicleta, por eso creo que para mi fue una ventaja usar las de piñón, ya que esas tampoco tienen freno», dice Vilera, quien recuerda con cariño aquel episodio en el que terminó frenando con el pie. Ese día se ganó un refresco y el respeto de quienes, sin saber, estaban viendo a una atleta olímpica del futuro. 

Al poco tiempo, lo que era una diversión se iba convirtiendo en algo muy serio. Vilera fue llamada hacer los tiempos para integrar la selección de Distrito Capital a la que ha representado siempre.

«Tres meses antes de mi primer Nacional hice un test. Hice el tiempo sin agarrar impulso, porque me daba miedo montarme en el peralte. Apenas tenía dos meses montándome en la pista, a nivel físico sí me trabajaron, pero a nivel técnico era muy poco. Todos estaban sorprendidos, pero no íbamos por que Distrito no tenía dinero. Pero, a última hora se consiguió un transporte y ahí pregunté: ¿Yo voy? La respuesta fue: ‘Claro, hiciste el tiempo’. La mayor sorpresa y gratitud para mí es que fue en Lara, ese velódromo era de 400 metros y no tenía peralte… Hice uno de los mejores tiempos sin impulso», recordó Mariesthela.

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En 2011, Daniela Larreal se enfermó y la llamaron para ir a una Copa del Mundo. Era la segunda vez en toda su vida que salía del país. El viaje era para Inglaterra, la meca del ciclismo de pista. Allá conoció a quienes sólo podía ver en revistas. Atletas como Chris Hoy y Victoria Pendelton. 

«Yo nunca había ido para ningún lado a competir. Mi debut fue en grande. Quedé de 10 en todo el mundo. Tenía que quedar menos de 15 para sumar puntos, la marca fue muy buena, nunca había montado un velódromo de madera. Yo no tenía excusa estaba frente al gran escenario me habían cortado las alas y después me dieron eso, estaba tan emocionada que dejé el número y las zapatillas en el hotel», afirmó Vilera.

Desde entonces, Mariesthela Vilera no se bajó más de su lugar como compañera de Daniela Larreal en las competencias internacionales. En 2011, ganó la prueba de velocidad de los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 con récord incluido. Trabajó incansablemente para clasificar a los Juegos Olímpicos y lo consiguió. Una experiencia que vería coronar, como escribí antes, en un efímero récord olímpico y, posteriormente, uno de los diplomas que Venezuela se trajo ese año de Londres.

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Recuerdos de la niñez en contraste con la realidad actual

La niñez de Mariesthela se desarrolló en el ancho espacio de los llanos guariqueños donde cualquier elemento era motivo de diversión. Recuerda con cariño cómo en el patio de la casa grande donde vivían sus abuelos, se sentaba con sus  familiares a  jugar con muñecas hechas de mazorcas. 

«Yo vivía con mis primas pasábamos todo el día jugando en el patio. Agarrábamos la mazorca en el cambio de barba, ese era el cabello de la muñeca. Ahí empecé a tejer, hacer clinejas con las muñecas de maíz. Les poníamos nombres y cuando se daban cuenta nos  regañaban por que estaban muy tiernas. Nos decían que las adornaramos, pero que no las arrancaramos, era tradición, mi  tía me enseñaba hacerles adornos», recalca Vilera, en medio de una cola de más de tres horas para poner gasolina en Caracas. 

Hoy sin competencias nacionales, sin compañera de equipo de velocidad y ajustada a una beca que no llega a los cuatro dólares mensuales, Mariesthela se ha propuesto incluso regresar a su llano para sembrar. No tiene experiencia como Ingeniero Electricista, ya que su mayor conocimiento se basó en representar a Venezuela en todos los eventos internacionales que podía y con ello llenar de alegría al país.

La atleta olímpica, en la actualidad, hace desde «carreritas» (si hay gasolina) y vende cosas. Busca la manera de tratar de mantenerse, ya que no puede entrenar, al no ver un objetivo claro sobre su futuro. Sola medita y muchas veces se pregunta si la vida vuelve a ser tan bonita como cuando jugaba con muñecas de maíz.

Un jueves de 2012, Daniela Larreal y Mariesthela Vilera marcaban 34,320, el primer récord olímpico en la historia del ciclismo de pista.
Compartiendo con niños en su país / Cortesía Mariesthela Vilera

Un comentario

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