Memorias de la primavera II: hablando con las estrellas

Uno de los privilegios que concede a un periodista la cobertura del Spring Training es la oportunidad de acceder a grandes leyendas del béisbol que solo se dejan ver en primavera. Muchos de estos seres casi mitológicos aparecen durante la pretemporada, ya como instructores invitados o convidados especiales.

Con frecuencia, estos titanes del ayer viven su retiro en Florida y Arizona, lejos de las inclemencias del clima en el norte de la Unión Americana. En esos dos estados se desarrollan los adiestramientos previos a la campaña de MLB y eso propicia la aparición que estas deidades de la pelota se dignen a mezclarse con los comunes mortales, entre ellos los reporteros.

Es así como, a lo largo de los cubrimientos que hicimos en distintos años, tuvimos la oportunidad de ver, y hasta hablar, con algunos de estos personajes imperecederos.

Es inolvidable, para cualquier reportero dedicado al beisbol, poder tener al lado a Yogi Berra. Lo pudimos avistar dentro del reducto primaveral de los Yankees de Nueva York en Tampa. Allí, en Legends Field (nunca fue tan apropiado el nombre de un cuartel de pretemporada) estaba un diminuto viejecito que en sus años mozos se calzó un anillo de Serie Mundial en cada uno de sus diez dedos. Ahí, a centímetros, estaba el autor de los yogismos, compendio de frases que forman parte del acervo histórico de las Grandes Ligas (él declaró alguna vez que no dijo todo lo que dijo). 

El hombre de “La Atrapada” en primavera

También en primavera pudimos compartir espacio físico con Willie Mays, acaso el beisbolista más completo que haya existido. Fue durante una visita que hicimos al complejo primaveral de los Gigantes de San Francisco en Scottsdale, Arizona.

Aquel anciano, que recibía ayuda para caminar y saludar a los presentes, era el mismo que asistió a 24 Juegos de Estrellas e hizo “La Atrapada” de espaldas al home en el infinito jardín central del Polo Grounds de Manhattan durante la Serie Mundial de 1954 entre los Gigantes de Nueva York y los Indios de Cleveland. Ahí estaba, en carne y hueso, un prócer del deporte. La verdad es que uno no deja de intimidarse ante la presencia de un monumento viviente como Say Hey Kid.

Hallazgo en Good Year

Uno de esos episodios imborrables ocurrió en el destacamento primaveral de los Indios de Cleveland en Goodyear, Arizona. Llegamos temprano en la mañana (el Spring Training invierte el ciclo de sueño normal de los peloteros, pues se madruga en primavera) y en el vestíbulo del complejo, mientras esperábamos nuestras credenciales había un adulto mayor que leía la prensa sentado en un sofá. Le dimos los buenos días, nos devolvió la cortesía y seguimos aguardando por nuestros pases de prensa.


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En esas se aproxima la encargada de recepción, le acerca una taza al don y le dice: “disfrute su café, señor Feller”. Era Bob Feller, icono de los Indios y cuya potente recta causaba tal sensación en 1940 que hicieron un experimento para calcular su velocidad: mientras Feller lanzaba la pelota una motocicleta Harley Davidson, con su respectivo velocímetro, avanzaba a su lado. Calcularon que ese envío, hecho por un Feller encorbatado y con camisa manga larga, viajó a 104 millas por hora. Ciertamente no era el método más confiable para hacer el cálculo, pero el intento nos da una idea de lo que significaba aquel jovencito para la industria del beisbol. Y ahí estaba, en ropa deportiva, sorbiendo su café mientras nosotros recibíamos las credenciales de ingreso. Fue, para nosotros, todo un acontecimiento.    

 

Con algunos de estos museos andantes pudimos entablar amenas conversaciones. Entre ellos Al Kaline, el emblema de los Tigres de Detroit y quien entró a los libros de historia como el campeón de bateo más joven en los registros del Big Show. Nos habló con gentileza sobre los dones de Miguel Cabrera como toletero. Y sabía de lo que hablaba, pues solía ser coach invitado de los Tigres en el Spring Training. No escatimó elogios hacia el cañonero venezolano que, a finales de este decenio, compartirá con Kaline una placa en el Salón de la Fama de Cooperstown.    

Inmortal a la vista

Uno de los avistamientos más memorables ocurrió hace nueve años en Lake Buena Vista, Florida, asiento de las maniobras preparatorias de los Bravos de Atlanta. Allí, en el Reino Mágico de Disney, apareció un personaje de cuentos de hadas para los cultores del pitcheo: Don Sutton.

Recuerdo que, junto con Efraín Ruiz Pantin, abordamos a Sutton para el diario Meridiano. Efraín hizo las preguntas, una de las cuales fue sobre el inminente retiro de Omar Vizquel. Contó cuán difícil es asumir que ya es la hora de irse. Toda una clase sobre psicología del deporte dictada en cinco minutos por un hombre que ganó 324 juegos en el Circo Máximo.

Solo el Spring Training te da oportunidades así. Lástima, ya en un plano estrictamente personal, que no pude cubrir primaveras mientras Mickey Mantle y Joe DiMaggio estaban en este mundo. Creo que, si los hubiera entrevistado, me habría retirado al día siguiente. Pero ellos se fueron antes.   

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