Peloteros que recordamos siempre (sin tener por qué recordarlos)

La memoria humana es voluntariosa. A veces olvida lo que ha de recordar y recuerda lo que debería olvidar. Hay un montón de información inútil ocupando espacio en la memoria de nuestro CPU biológico que debería ir a la papelera de reciclaje. Y nada que se borra. Se enclaustra en las neuronas y desconocemos por qué.

Permítanme en esta columna escribirles a título personal y con la vanidosa primera persona del singular. Quisiera contarles sobre la memoria -la mía- y el beisbol. Por algún motivo, llevo años, que ya se van volviendo décadas, recordando peloteros que ya se me deberían haber perdido en los recovecos de la mente. Son jugadores totalmente instrascendentes, desaparecidos hace tiempo, y sin embargo aún presentes, acompañándome. Si no se han ido a estas alturas es porque se quedarán hasta el final. Seguramente a usted, fanático y gentil lector de estas líneas, le pasará igual: tendrá un nombre totalmente irrelevante a flor de labios mientras no le llega otro que debería tener en la punta de la lengua.

Por algún motivo que ignoro, todavía me acuerdo de un tal Orsino Hill, importado de los Tigres de Aragua a mediados de los ochenta ¿Por qué Orsino Hill, cuando hubo en esa época importados de los Tigres más dignos de retener en la cabeza? Lo busco en Pelotabinaria.com.ve el magnífico portal de estadísticas de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, y me intriga todavía más qué hace ese personaje viajando conmigo camino a la vejez.

Resulta que míster Hill vino en la contienda 1986-1987 y bateó para .250, con tres jonrones. En esa misma época vinieron peloteros como Cecil Fielder, con Cardenales de Lara; Donnell Nixon, con los Leones del Caracas; Greg Maddux con las Águilas del Zulia; y a mí se me viene a la mente Orsino Hill sin haber sido yo fanático de los Tigres en mi infancia. Orsino Hill ni siquiera llegó a las Grandes Ligas como para que valiera la pena grabarse su nombre. Ahora me entero por Pelotabinaria que regresó años después a la LVBP con Caribes de Anzoátegui, con quienes fue totalmente insignificante. ¡Y trato de evocar ahora el Novato del Año de la Liga Americana en la campaña anterior y no me llega! Esos son Orsino Hill y sus congéneres, ocupando habitaciones en mi cerebro cuya llave debieron entregar hace decenios.


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Las Águilas del Zulia nos han deleitado con su legión extranjera. Desde los Maddux, Derek Botelho y Porfirio Altamirano hasta Evan «Oso Blanco» Gattis, pasando por Phil Stephenson, Jimmy Rollins y Shane Victorino ¿Entonces, qué hace coleado en mis archivos un fulano Todd Soares? ¿Por qué sigue ahí? Busco en Pelotabinaria para hallar respuestas y entonces surgen más preguntas. Al menos Orsino Hill jugó más de 70 partidos con los Tigres y pegó 13 dobles, pero este Todd Soares, quien además vino un año antes que Hill, en la edición 1985-1986, solo pudo quedarse quince juegos, con promedio de .192 y un jonrón, antes de que las Águilas lo montaran en el ave mecánica de vuelta a Estados Unidos.

Soares nunca se graduó de bigleaguer (solo pasó cinco campañas como beisbolista profesional); así que mi memoria carece totalmente de motivos para almacenarlo. Y ahí permanece. En cambio, tuve que buscar el apellido del Oso Gattis en Pelotabinaria para apuntarlo en esta columna. Gatti pegó 16 jonrones, remolcó 44 anotaciones en la liga, vino hace menos de diez años (cuando ya yo ejercía como periodista en la fuente de beisbol), hasta fue titular en Grandes Ligas y no me llegó su nombre. Me tocó googlearlo con la clave Oso Blanco/Águilas del Zulia. A Soares no lo deben recordar ni en Maracaibo y acá anda ¿No te digo yo?

Caraquistas y magallaneros “exóticos”

La de los ochenta fue la década perdida de los Navegantes del Magallanes, la de la gran hambruna de campeonatos, la del asueto en enero, pese a las incursiones de forasteros ilustres como Joe Orsulak, Benny Distefano y Barry Bonds. Entonces, ¿por qué motivo está escrito con tinte indeleble Nelson Rood? Al principio creí que sí había motivos para conservarlo en el archivero, pero, siguiendo la misma metodología, hurgo en Pelotabinaria y me consigo con que Rood vino una sola vez, en la ya lejana zafra 1984-1985, y apenas promedió para .237, sin jonrones. Supongo que se quedó adherido a las dendritas porque era un shortstop importado que además intervino en 63 combates. Pero caramba, ¿es como para tenerlo presente 37 años más tarde? Caprichosa es la memoria.

Totalmente incomprensible es que para mí todavía exista Butch Davis, un jardinero que vino con los Leones del Caracas en la contienda 1991-1992. De más está decir que no soy capaz de recitar a todos los peloteros importados que ha traído el Caracas en sus últimos seis lustros (no estoy seguro de poder citar a los pocos que vinieron en noviembre pasado) ¿Por qué recuerdo a un extranjero de pocas luces? Pelotabinaria me indica que hace rato debió ir al degredo del olvido. El caballero Davis golpeó para .170 en 26 encuentros de una temporada en la cual el Caracas fue eliminado.  

Le planteé el mismo ejercicio al colega Efraín Zavarce, destacado comentarista: “Dime un importado que haya venido hace mucho tiempo a la LVBP y que recuerdes al rompe sin que sea comprensible que lo recuerdes”. La respuesta de Efraín: “Kimera Bartee”. Y la verdad sea dicha, no habría porqué privilegiarlo en el archivo. Porque si bien Bartee bateó para .370 solo participó en nueve compromisos de ronda eliminatoria para luego caer a .225 en el Round Robin.

¡Cuántos invitados de linaje han traído los Tiburones de La Guaira desde que comencé a ver beisbol! Odell Jones, Bryan Clark, Chad Curtis, Lou Pote, Chris Jones…. la lista es larga ¿Qué hago yo acordándome de Mike Hostetler? Lo cierto es que mi mente no se ha deslastrado de un pitcher que dejó 6.98 de efectividad hace un cuarto de siglo, en la refriega 1996-1997.

Y ojo, no sucede solamente con extranjeros. También con peloteros criollos. Cuando moderaba un programa de radio, hace unos pocos años, siempre revisaba la mensajería de texto para leer las inquietudes de la audiencia; y casi no había día en el cual no saliera la pregunta: ¿Qué es de la vida del Berry López? Era una consulta recurrente. Me llama la atención porque, si bien el Antonio «Berry» López jugó 13 temporadas, el hecho es que bateó 12 jonrones en la LVBP, a pesar de sus cosechas de 30 y más bambinazos en la pelota veraniega mexicana.

El Berry es una especie de héroe popular sin que uno sepa a ciencia cierta porqué. Capaz y hasta a él le sorprenda lo presentes que están sus turnos en la LVBP casi treinta años después de su retiro. Es que la memoria es así, antojadiza.  

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