¿Quién será el próximo venezolano en lanzar un no hit no run?

Despunta la aurora cada mañana de 2021, las Grandes Ligas despiertan y un no hit no run da los buenos días en una temporada que se desayuna con juegos sin hits ni carreras. Cero imparables, cero carreras, cero sorpresas.  

Faltan tres cuartos de campeonato y se han computado seis no hitters en las mayores, más el no-no, que no, de Madison Bumgarner a siete innings. Esta semana hubo uno en días sucesivos, eventualidad cuyo precedente más cercano se remonta a 1969, más de medio siglo atrás. Con el siguiente se igualará el tope para una zafra de la Gran Carpa en su edad moderna (de 1900 en adelante), con  cuatro meses por delante para mover un tanteador que se actualiza semanalmente.  

En la época cuando un juego sin hits ni carreras venía a lomo del cometa Halley, el venezolano Aníbal Sánchez cerró un paréntesis de casi dos años y medio sin no hitters en MLB, entre mayo de 2004 y septiembre de 2006. Fue apenas el segundo entre sus paisanos en tejer este traje de gala en la cúspide del beisbol. Wilson Álvarez fue el precursor con su obra maestra de 1991 contra los Orioles de Baltimore. Después de Sánchez y su yugo frente a los Cascabeles de Arizona vendrían otros cuatro:

  • Carlos Zambrano vs. Cerveceros de Milwaukee (2008).
  • Johan Santana contra los Cardenales de San Luis (2012).
  • Su Serenísima Perfección Félix Hernández en perjuicio de los Rays de Tampa (2012).
  • Henderson Álvarez contra los Tigres de Detroit (2013). 

Desde entonces, solo escarceos, amenazas, intentonas frustradas.

¿Cuál de los pitchers criollos con carta de ciudadanía vigente en el Circo Máximo reúne los atributos para surfear sobre la oleada de no hitters y ponerse a la moda? ¿Quién reúne las condiciones para ser el séptimo de la suerte?

El pitcheo abridor venezolano en las Grandes Ligas transita un repliegue. Según la base de datos  del portal Pelota Binaria, la tasa de carreras limpias permitidas por cada nueve tramos laborados entre tiradores del patio es 4.49 en 2021, un poco mejor que la de 2020 (4.59) y la de 2019 (4.70), pero que sin duda marca un retroceso con respecto al 4.06 de 2018.

El único lanzador nativo (con innings suficientes para competir por el liderato en su circuito) que mejora la efectividad general de las mayores (4.05) es el zuliano Pablo López, con 3.12. El que le sigue en el departamento es Germán Márquez, con 5.56. Por ahí titila Luis Heibardo García (3.38, aunque sin las entradas suficientes). Venezuela es hoy suelo árido para la siembra de un no hit no run.   

López sobresale en este jardín xerófilo. ¿Mas cumple con el perfil de un “Doctor No” en potencia? En principio, no. Mientras el promedio ofensivo global de las Grandes Ligas es .236, el average de los toleteros contra los disparos del diestro de los Marlins de Miami es .245, lejos del percentil noventa, del Colegio Cardenalicio en ese rubro, donde se ubican Sus Eminencias Jacob DeGrom, Brandon Woodruff y Trevor Bauer, sádicos que matan de hambre a sus enemigos al limitarlos a .150 o menos. A López le golpean a razón de casi un hit por episodio, cifra incompatible con la gema.  


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 Otro rasgo que debe acompañar a un potencial autor de un no hitter es el fuelle. El no hit no run es una prueba de fondo. Para lograrlo hay que tirar nueve innings, y eso no es para todo el mundo. Al menos no para López, cuyas aperturas duran menos de 5.2 innings.  Aunque bueno, la historia está repleta de tiradores comunes y corrientes que un día recibieron iluminación divina y entraron a sus páginas doradas.

Uno pudiera pensar también en Eduardo Rodríguez, si bien sus números de 2021 no abogan por su causa (4.70 de EFE, 10,4 hits por cada nueve innings de trabajo). El zurdo de los Medias Rojas de Boston fue el mejor abridor venezolano en 2019, pero le falta aguante. El carabobeño suma 130 aperturas en la Gran Carpa y ningún juego completo. Solo en tres ocasiones ha abarcado ocho episodios.  

Mi hipótesis es que el pitcher venezolano más apto para ser el siguiente en la lista de los no hitters está lejos de la loma en este momento, aunque se va acercando. Su nombre: Carlos. Su apellido, Carrasco.

Carrasco es el tipo de lanzador que juega al escondite con los bateadores. Una prueba son sus dos conatos de no hit no run, uno de ellos roto en el noveno acto por los Rays de Tampa. Además suma varias presentaciones con al menos ocho vueltas de labor y menos de tres hits tolerados. No olvidemos que el año pasado el promedio en su contra fue .221, noveno entre los más bajos para escopeteros de la Liga Americana.

Carrasco, además, tiene pulmones. No es casual que sea séptimo entre sus compatriotas bigleaguers en juegos completos a escala vitalicia (11). Los nueve innings no son una galaxia lejana para este larense que derrotó a la leucemia. Y además, poncha. El recurso de los tres strikes es de gran utilidad para quien pretenda propinar un no hit no run, pues le confiere a quien lo tiene mayor control sobre lo que pasa. No es condición suficiente, ni necesaria, pero sí propiciadora.

Hay un elemento adicional que pudiera favorecer la candidatura de Carlos Carrasco como próximo firmante venezolano de un juego sin hits ni carreras: el equipo al cual pertenece. Los Mets de Nueva York, líderes en la División Este de la Liga Nacional, son segundos entre los clubes que más carreras evitan con la defensa este año en el Big Show. Nada hay más frágil que un no hitter, así  que requiere la mayor protección posible. Los Mets pueden proveérsela.   

Si Carrasco coqueteaba con los no hitters cuando eran excepción no debería sorprender que los cortejara ahora, cuando se han vuelto regla. La única duda es si la salud va a acompañarlo. El hecho de regresar de una lesión pudiera determinar que la organización dosifique su exposición sobre el morrito y lo extraiga relativamente temprano de la cima. Tal vez, para cuando los Mets le suelten la rienda, ya la eclosión de no hitters haya pasado. Empero, si hay un pitcher de este país con el equipamiento para dar NO bisílabo por respuesta a los bateadores, ese es Carlos Carrasco.      

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