Rafael Vidal: la entrevista que nunca hice

Rafael Vidal cumple un año más de haber partido trágicamente.

A los 17 años te puede pasar cualquier cosa. Sin embargo, Jon Sieben, antes de cumplir los 18, conoció la grandeza. En el verano de 1984 durante los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, este australiano a quien nadie daba para llegar a la final de los 200 mariposa, sorprendió a todos. No sólo ganó el oro, sino que el 1:57,04 de tiempo fue récord mundial sobre el gran favorito, el alemán Michael Gross, quien se quedó con la plata y sus 1:57,40. 

Muy cerca de ellos dos llegó un muchacho de pelo “alborotado”. Un chico de Venezuela, un país caribeño que solo retumbaba por sus logros en el boxeo. Ese era Rafael Vidal y su 1:57, 61. Un tiempo que desde ese día y durante 33 años reinó como récord nacional de la prueba. En 2017, Marcos Lavado lo superó, al registrar 1:56,98 en el edición 26 de Annual Aquatic Centre International Invitational, en Barabados.

Los Angeles, 1984: Jon Sieben, Michael Gross y Rafael Vidal / ABC vía Getty Images

Jon Sieben clasificó en febrero a Los Ángeles, era un outsider de 2:01,17 que no le daba para llegar ni a la final olímpica, frente a la grandeza de Gross, quien dos años antes había destrozado el récord del planeta en el campeonato mundial. Sin embargo, por el sexto carril y después de tocar la tabla, se dio cuenta de que dominaba la prueba más compleja de la natación. 


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Sieber fue exaltado al salón de la fama de este deporte por su logro en Los Ángeles. Mientras que a Rafael Vidal el recuerdo lo elevará por siempre, ya que apenas unas centésimas lo separaron de una gesta de mayor peso histórico. Aunque quizás no se note a simple vista, lo de Vidal es todavía más extraordinario. Siendo de un país del Caribe, se coló entre los más grandes, tanto así que dos Olimpiadas más tarde el tiempo de su bronce es más rápido que los de quienes ganaron el oro en 1988 y en el 1992. 

Además, esa medalla de Rafa es la única en el 200 mariposa que tiene toda Latinoamerica desde que la prueba inició en 1956.

Por cierto, Gross fue por su revancha en Seúl y la ganó.

Pero, hoy por hoy, lo más impresionante es que recientemente se hizo el anuncio de Sieben al salón de los inmortales; y al revisar los libros de la historia recordamos que la única medalla olímpica de los 200 mariposa para Venezuela pertenece a Rafael Vidal. Ese hombre que fue ejemplo dentro y fuera de las piscinas y que apenas a los 41 años la vida le fue arrebatada por un “imprudente” asesino, quien intentó inhibirse de su responsabilidad con dinero.

Cortesía Archivo El Nacional

Realmente no sé qué estaba haciendo yo el 12 de febrero de 2005. Sólo puedo decir con certeza que recién cumplía 22 y tenía la cabeza llena de sueños profesionales por cumplir. Recuerdo mucho la noticia fatídica que a Rafael Vidal lo habían asesinado. Para mi fue así, porque a esta información vino como acto seguido la detención de Roberto Detto en un aeropuerto, tratando de escapar de Venezuela. 

Una vez conversé con Octavio Alesi, quien fue nadador olímpico de Venezuela y quien transitó los caminos del famoso 200 mariposa. Octavio me contaba que de niño participaba en las dinámicas de grupo que hacía Rafael Vidal, visualizando su camino como deportista. Luego como si se tratara de un poder del destino, se fue a entrenar a los Ángeles, ahí mismo en Uytengsu Aquatics Center (originalmente  el McDonald ‘s Olympic Swim Stadium) donde Rafa se colgó la medalla de bronce en el 84. Según Alesi, muchas veces pudo sentir la energía que emanaba desde el quinto carril. 

El impacto de aquello fue muy profundo, como si se tratara de una muerte cercana. Para este servidor Rafael Vidal representó siempre esa referencia enorme, cada vez que RCTV transmitía un evento del ciclo olímpico.

Vidal era ese semidiós del Olimpo que se presentaba «pulcro» a cada entrevista, con esa voz pausada y llena de conocimiento frente a cualquier tema. Cada vez que alguien habla de Rafa, el Día del nadador o cada vez que tengo contacto con una piscina, vuelve a mi mente el recuerdo de esa entrevista que nunca pude hacer. 

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