Un rayo de luz se coló entre tanta nubosidad

Desde que nos dijeron que volveríamos, la sonrisa se hizo presente. Desde que nos dijeron que volveríamos comencé a preparar mi bolso, incluso, cuando todavía faltaban dos días. El niño que había estado dormido despertó. Las emociones y estados de ánimos acostumbradas se desempolvaron y entendí, aún más, el valor de hacer algo por lo que entregaría mi vida, algo que amo hacer.

Supongo que hay que adaptarse a las nuevas medidas sanitarias. A lo mejor un abrazo, un apretón o un contacto físico como expresión de vínculo afectivo tendrá que esperar. Pero esa sensación de alegría cuando ves a tus compañeros, cuando juegas con la pelota junto a ellos, cuando dominas y haces jueguitos antes de que comience el entrenamiento, eso no tiene precio.

Esa inquietud entusiasta que se conecta con la pelota te atrapa y no te suelta, la extrañaba. Esa conexión uno a uno con el balón que bloquea cualquier situación externa para vivir en el presente, esa dimensión paralela a la que nos trasladamos para convertimos en uno con el fútbol.

Subir las escaleras para entrar a la cancha de entrenamiento, ver al preparador físico —Javi— poner todos los materiales de trabajo te saca una sonrisa, esa dicha de hacer lo que más te gusta comienza a decir presente. Los rayos de luz que se filtran entre las montañas de Cocodrilos para un escenario perfecto, el escenario de siempre. El técnico —Chita— dando información, haciéndonos mejores jugadores y mejores tipos. Mis compañeros metiéndose conmigo, aunque sea el más viejo del grupo: «¡Epa calvo, te extrañé manin!”, no hay nada como eso.

Esta forma de interactuar entre nosotros es lo que nos define, eso es lo que somos. Esos vínculos estaban reprimidos, esas conexiones humanas estuvieron ausentes, situación que vive el resto de la humanidad. Poder revivir esas experiencias, aunque no como solían serlo, y que dábamos por sentado que siempre lo serían, no tiene precio. Entender estas prioridades es un paso para decir que este confinamiento tuvo algo de sentido.

Quiero jugar, todos queremos que arranque el torneo, todos estamos dispuesto a colaborar para reactivar esto que nos apasiona; pero es delicado, aún pienso que no es el momento. Hay tantas variables que condicionan ese anhelado arranque: logísticas económicas, lastimosamente también políticas, sociales; pero la más importante la salud. Agradecemos el esfuerzo que hacen por intentar reactivar este deporte que tanto amo y para ello es preciso que cada uno de nosotros haga un acto de sabia conciencia, para encontrar las formas coherentes, con recursos coherentes, en relación con este status quo que nos somete a los venezolanos, y para determinar el tiempo justo, sobre todo. Es preciso no apurarse para evitar una tragedia, porque nos necesitamos todos.

Seguiremos en la espera, haciendo lo que tengamos que hacer para llegar de la mejor forma al arranque del torneo. Para ofrecer el mejor espectáculo posible, la gente necesita alegrías, esperanzas, retomar esos sueños que se engavetaron. Un entrenamiento con el equipo, a pesar de las medidas de higiene, revive ese deseo por entregarnos en cuerpo y alma a la pelota, y a la alegría de todos nuestros familiares y fanáticos que están siempre alentando. Un rayito de luz se coló entre tanta nubosidad y era preciso extenderlo a todos aquellos que aman este lindo deporte.

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