¿Y si la regla panamericana llegó para quedarse?

De toda la legislación covidiana que regirá la temporada de Grandes Ligas en 2020, la regla panamericana para acortar los extrainnings es la que me resulta más indigesta, y disculpen la presuntuosa y engreída primera persona del singular. Jugar sin público también apesta, pero esa será una nube pasajera. En cambio no sería de extrañar que la panamericana atraviese la geografía de las mayores de aquí en adelante y se convierta en una especie endémica del ecosistema beisbolero.

La norma de marras, consistente en sembrar, por generación espontánea, un corredor en segunda al comienzo de cada entrada para inducir el desempate, ha ido avanzando a paso seguro por los principales eventos de pelota. Su presentación en sociedad ocurrió durante los Juegos Olímpicos Pekín 2008. En China se originó la epidemia que ha contaminado al Circo Máximo. Allá salió del anonimato. Hasta entonces había sido un mecanismo de desnivelación que solo se usaba en torneos internacionales de escasa repercusión.

Todavía recuerdo la perplejidad de un destacado narrador venezolano al advertir la presencia de un personaje misterioso que cayó cual paracaidista sobre la intermedia al comenzar la alta del décimo en el juego olímpico que le tocó relatar “¿Qué hace ese hombre ahí?”, exclamó con genuina estupefacción y desasosiego. Su desconcierto le ponía altavoz al sentimiento de la inmensa mayoría de la audiencia de aquel partido pekinés.

El Clásico: origen de la epidemia

Aunque la regla panamericana había dejado de ser una ilustre desconocida, no había ninguna señal que alertara sobre su eventual propagación al beisbol profesional. Se le veía como un mal necesario para impedir que la excesiva prolongación de un juego congestionara la apretada agenda de las competiciones internacionales de beisbol, en las cuales no hay fechas libres ni margen de maniobra por tratarse de torneos relámpago que se disputan a brinco rabioso. No lucía factible el contagio al campo rentado. Hasta que se implementó en un certamen donde las Grandes Ligas y el beisbol federado no guardan distancia social: el Clásico Mundial, que operó como vector de transmisión. El Clásico de 2017 fue el caso índice, el paciente cero.

Viene a mi mente un programa de televisión al que acudí hace cuatro años. Un colega me preguntó si la adición de la regla panamericana en el articulado del Clásico no le abría la puerta a su aplicación en las Grandes Ligas. Casi me burlé de él. Ahora es la regla panamericana la que se ríe de uno.  Luego de una tremenda campaña en las menores el año pasado ha subido a MLB y ya hizo su debut.

¿De verdad será provisional?

En principio, solo será por esta miniatura de temporada que nos permitió el coronavirus. MLB tiene la coartada perfecta. El recargado almanaque de dos meses, que al paso que vamos requerirá múltiples jornadas dobles para recuperar los juegos perdidos por el tempranero brote de Covid-19 dentro de los Marlins de Miami, podría estallar con un kilométrico extrainning. Es más tiempo de exposición a la enfermedad, más gasto físico en un calendario sin respiros. El régimen provisional de la regla panamericana está plenamente justificado en 2020. En 2021 ya habrá vacuna contra el coronavirus ¿Y qué tal si no la hay para la regla panamericana?

No olvidemos la cruzada del comisionado Rob Manfred (que es una campaña de los propietarios) por imprimirle velocidad a los juegos. La regla panamericana es un utensilio para alcanzar ese objetivo. Manfred declaró que la norma había sido “muy exitosa”, pues logró rebajar el promedio de duración de los combates en las menores. Era un globo de ensayo antes de dar el siguiente paso, y este ya se dio, gracias a la pandemia. 

Así sea con mascarilla

Y no sería de extrañar que el experimento guste entre los peloteros de Grandes Ligas. Después de todo, la regla panamericana alivia su carga laboral. Pueden irse más temprano a sus casas, ningún pitcher relevista deberá acometer maratones para los cuales no está preparado ni tendrá que ofrendar su brazo en sacrificio ante el altar de la victoria. Si le gusta a los dueños, y también a los peloteros, no habrá escapatoria y la regla panamericana pronto hará honor a su nombre y quedará implantada también en las ligas del Caribe. A los que nos disgusta, nos tocará ponernos mascarilla.

Ojalá que no ocurra. Uno de los atributos que me encanta del beisbol es la blindada lógica interna de sus reglas. La panamericana es un cuerpo extraño que altera ese perfecto equilibrio. En el beisbol todo pasa por algo, todo es consecuencia de algo, todo premia o castiga una acción, todo tiene un porqué. Nada pasa sin que te lo ganes. La regla panamericana, al plantar de la nada a ese corredor en segunda simplemente porque hay que acabar el juego ya, desafina en ese coro.

Además, la medida exige unos artificios de anotación totalmente arbitrarios e injustos, los cuales inciden en la hoja de vida de los jugadores (corredores que suman anotadas cuando ya estaban eliminados en el dugout, pitchers que pierden sin haber embasado a nadie, errores que se asientan en la planilla que no se le pueden asignar a nadie, y así un montón de estropicios que cuesta asimilar). Se desvirtúa el relato, la biografía del juego.  

La panamericana y los penaltis

A lo mejor tocará aceptar su advenimiento, Hace muchos años, en el fútbol, si un pleito de eliminación directa quedaba tablas había que repetirlo. Concretar un cotejo definitorio con la ejecución de una destreza básica en ese deporte como es patear un penalti seguramente horrorizó a muchos. Solo que el vértigo de la industrialización del balompié ya no permite el dispendio de tiempo y esfuerzo que implica efectuar un nuevo partido. Ahora nadie objeta que haya un campeón mundial disparando penales.

Después de todo, la regla panamericana no consiste en lanzar una moneda. Exige algún mérito, en este caso llevar a ese antojadizo corredor al home e impedir que el otro lo haga. Y, si a ver vamos, el extrainning es una circunstancia accidental. Prefiero eso que consagrar la figura del empate. Igualmente me encantaría que la regla panamericana se vaya por donde mismo se marche el coronavirus, que el beisbol se vacune contra ella y la encierre en cuarentena eterna.   

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