Sal común, sal marina o sal de himalaya: ¿cuál es la mejor opción?

El llevar una alimentación más saludable en este tiempo genera mucha presión ante la elección de algunos alimentos básicos. Aunque siempre han formado parte de la alimentación del hombre desde sus antepasados, hoy en día son cuestionados. 

El ejemplo más resaltante es la sal, el condimento más antiguo del planeta. Para nuestros ancestros no solo era apreciado como un condimento, sino que era uno de los poderosos motivos por los cuales emprendían la colonización de una nueva tierra. Si tenían suficiente cercanía con un yacimiento de sal, podían prolongar la conservación de los alimentos; esto representaba la máxima prioridad de aquella época, donde la accesibilidad y disponibilidad de alimentos no era tan fácil como lo es hoy en día.

Ahora bien en el mundo actual, los alimentos procesados son cada vez más frecuentes y comunes en las despensas de supermercados o casas de familia. Se ha incrementado el consumo de sal de forma excesiva, ya sea agregando la misma en preparaciones o consumiéndola directamente en alimentos envasados y/o enlatados, contribuyendo así al riesgo de sufrir hipertensión arterial, cardiopatías y accidentes cerebrovasculares.

Ante esto, las organizaciones de salud pública como la Organización Mundial de la Salud OMS, se vieron con la responsabilidad de recomendar niveles de ingesta adecuados para el mantenimiento optimo de la salud. Recomiendan un consumo de 2.300 mg de sodio o 1 cucharadita de sal al día en poblaciones sanas. Es importante establecer diferencias de necesidades con los deportistas, donde pueden existir requerimientos superiores; así como en alguna que otra condición como la lactancia o el crecimiento que basándose en indicación médicas y exámenes de laboratorios puede sufrir pequeñas modificaciones con respecto a esta dosis. 


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No toda la sal es igual

Sin embargo, la industria de alimentos, percatándose de este suceso de salud pública, tomo el curso de comercializar diversos tipos de sal, generando la polémica de cuál de estos tipos resulta ser más beneficiosa. En el mercado podemos disponer tanto de sal común, la marina, de Himalaya, y de seguro otras que no he logrado mencionar. 

Actualmente si en tu cocina no tienes sal de himalaya, conocida también como sal rosada, se considera que no estas teniendo hábitos correctos y saludables; haciéndote un poco más propenso a sufrir estas condiciones de salud anteriormente mencionadas; pero ¿es realmente mas beneficiosa que sus otras versiones o solo es algo que nos quieren hacer creer?

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Empecemos por recordar que la sal no es lo mismo que el sodio, aunque se usa indistintamente, la sal es un compuesto cristalino que abunda en la naturaleza, mientras que el sodio es un mineral, y uno de los elementos químicos que la componen. 

Entendiendo esto, debemos afirmar entonces que la sal es simplemente sal, sin importar su procedencia, el tamaño o el color. A veces estas variaciones pueden generar confusiones, sin embargo, lo más importante que tenemos que comprender es que entre ellas la proporción de sodio es prácticamente igual y por ende la recomendación de ingesta se mantiene sin importar cual vayamos a consumir. 

La famosa sal de Himalaya

Es cierto que la sal de Himalaya es reconocida por contener minerales como cobre, magnesio, potasio y otros; pero la marina y la común también contienen minerales. Aunque pueden aportarlos en menor proporción, al ser tan poca la cantidad de sal que se debe consumir, este plus de minerales que aportan dichas sales como la de himalaya pasan por desapercibido. No hay que creer en las afirmaciones de que una sal es mejor que otra, ya que todo es cuestión de gustos y también de la preparación que vayamos a realizar, pues sabemos que la sal marina no es practica para todas. 

En conclusión, lo que debe preocuparnos es la cantidad de sal que estamos consumiendo y no cual tipo de sal es la que compramos.

Te dejo unas recomendaciones generales de como controlar el consumo de sodio en nuestra alimentación. 

  1. Lee las etiquetas nutricionales, compra productos con menos o igual cantidad de 140 mg de sodio.
  2. Compra alimentos sin sal agregada, como los frutos secos (maní, merey, etc.) sin sal. 
  3. Da sabor sin agregar tanto sodio, compra condimentos naturales o sin sodio agregado y prefiere añadir la sal por separado para un mejor control.
  4. Prefiere productos naturales y aléjate de los congelados o enlatados.
  5. Disminuye el sodio enjuagando los alimentos con agua cuando sea posible, como el caso del atún enlatado. 

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