Hola Steve… ¿te puedo hacer un par de preguntas?

Rumbo a Ciudad de México, por una autopista, hacía como 14 grados de temperatura, muchos negocios de venta de carne en la vía, pensaba en mis primeras pautas de trabajo, ahora que por primera vez y formalmente trabajaría al lado de la selección nacional de baloncesto de mi país. 

Primera vez en México, primera vez fuera de Venezuela, para ver a la selección nacional de baloncesto hacer lo suyo, era el 2015, del Campeonato preolímpico, ese mismo donde Venezuela volvió a dejarnos perplejos.

Cuando vas de viaje por trabajo, y te caen un par de horas, una mañana o una tarde libre, agilizas todo para salir y conocer y hacerle swing a los viáticos. A menos que unos días antes hayas visto a Steve Nash, el famoso armador canadiense que se lució en la NBA, uno de mis jugadores favoritos. 

Se abre el ascensor, entro, un piso más abajo ingresaba el exjugador de Phoenix, Dallas y Lakers en el baloncesto estadounidense. En el morral cargaba agua, un par de frutas, galletas, me disponía a perderme del hotel y del trabajo para ir a conocer la Plaza Constitución mundialmente conocida como El Zócalo, esa plaza gigantesca de 45 metros cuadrados, la segunda más grande del mundo y la primera de América Latina.

El encuentro con Steve Nash

“Steve, hola, soy periodista venezolano, un gusto conocerte, puedes darme 10 minutos para hacerte un par de preguntas?”, le digo. “Claro, solo dame un par de horas y nos vemos abajo en el lobby”, responde. Bien, el ascensor llega al lobby, me quedo en el mismo y vuelvo a subir a mi habitación, me doy una ducha y me pongo a revisar un poco de su historia, sin embargo más allá de su trayectoria, al día siguiente Venezuela enfrentaría a Canadá en el Palacio de los Deportes, escenario del preolímpico. Una victoria para cualquiera y los clasificaba a Río de Janeiro.

Ya abajo, repasando el abordaje al ex jugador y en ese momento miembro federativo del equipo norteamericano. Cuando Nash llega, me dice que vayamos al restaurant del hotel.

“Sabes que es increíble de estos torneos, siempre hay un equipo que sorprende, no me gusta subestimar, es lo que le he dicho a los jugadores del equipo, la confianza te lleva al cielo y la confianza puede llevarte al infierno”. Recuerdo esta frase como si la entrevista la hubiese hecho ayer, la oración era directamente relacionada al equipo venezolano, que llegaba como cenicienta, que llegaba si acaso buscando el repechaje y que por al contrario iba al juego de la muerte contra los canadienses.

Con Steve Nash / Archivo Miguel Bastidas

Conocedor de la historia

Le pregunté a Nash si conocía lo que sucedió en aquel juego de Venezuela-Canadá de 1992, donde precisamente se buscaba un cupo a Barcelona 1992, su respuesta me dejó en el sitio. “No”.

No mentira, me dijo que sí, y que de ese juego se habló por mucho tiempo. Le pregunté si lo había sacado a colación ahora, en alguna charla con los jugadores. “No lo haré, pero ganas no me faltan, sin embargo estos tipos saben a lo que vinieron, no hablaré de algo que pasó hace más de 20 años, eso ya quedó en la historia. Sin embargo…”, cuando dijo esto, dejé la taza de café donde estaba, me disponía a escuchar lo que seguía a continuación. Steve Nash se dio cuenta de mi reacción y se río. “La historia parece que se repite a veces, entonces no solo los equipos chicos van contra la historia, los grandes también”.

La hora del juego

Venezuela venció a Canadá, Steve Nash estaba en primera fila apoyando por supuesto a los suyos, quería verle el rostro luego del juego, pero se me perdió entre la multitud, entre la carrera de Néstor “Che” García, entre mi responsabilidad por capturar con una cámara fotográfica que me colgaba del cuello cualquier celebración de los criollos y donde pude tener a Gregory Vargas con la bandera nacional en una de las mejores fotografías que he tomado periodísticamente en mi vida.

Quería tomarle una foto a Nash, para tener ambos lados de la historia, tenía esa frase del ex base en la cabeza dicha 24 horas antes. Canadá no pudo golpear la historia, no pudo a pesar de tener 10 jugadores NBA en ese momento, no pudo una vez más con Venezuela.

Y bueno, sí pude ir a El Zócalo, al bosque de Chapultepec, al museo del Record Guinnes a otros lugares de Ciudad de México, le compre unos zapatos a mis hijos, compré un hermoso vestido de flores para un amor grande y una máscara de “El Santo”, aquel famoso peleador de Lucha Libre

La Federación de baloncesto de Venezuela celebra 85 años, lo celebra sin torta, es decir sin baloncesto, pero más allá de la incertidumbre por un virus y por la situación de nuestro país, esperemos que pronto no haya virus y regrese el baloncesto a nuestras anchas a ver si volvemos a reescribir la historia.

26 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba