Los sueños de un atleta frustrado

En muchas ocasiones nunca se sabe cuando es el «día de tu suerte».

El 31 de octubre de 2011 en un marco impresionante, se clausuraron los Juegos Deportivos Panamericanos de Guadalajara. En el estadio Omnilife, sede de las Chivas Rayadas, uno de los iconos del fútbol de México, se llevó a cabo esta gala que puso el sello a un gran evento que duró 15 días. Dos semanas en las que brillaron figuras del deporte y que además expuso la riqueza cultural de la capital del estado de Jalisco.

Venezuela finalizó en el séptimo puesto con 12 medallas de oro, esta fue la última vez en que la delegación nacional puso dos cifras de metales dorados en el evento que antecede a los Juegos Olímpicos. Desde entonces el país no superó la marca de 9 preseas de oro, obtenidas recientemente en Lima 2019. Guadalajara 2011 también coincidió con la última vez que se hicieron Juegos Nacionales con participación adulta, sobre este tema ya escribí en una columna anterior. 

El día de la clausura se hablaba como es de costumbre sobre qué artista invitado animaría la fiesta de despedida de la llama panamericana. Entre tanto rumor, salió la versión de que nada menos Ricky Martin sería el encargado de poner a bailar a las más de 50 mil personas que se congregaron en ese estadio para disfrutar de los conciertos y performance que ocurrirían esa noche.

Mientras todo esto pasaba los periodistas usábamos el poco tiempo libre para llevar algún detalle en la  vuelta a casa. Algunos preferían un buen tequila y otros simplemente un peluche de los Juegos o algún distintivo de ellos. El día final de cobertura, por lo general, hay un tiempo para eso, ya que las cargas de trabajo bajan considerablemente. 

Sin embargo, en esa fecha hubo algo más. Eran aproximadamente las 3:00 de la tarde cuando Manuel Rondón expresidente de la Federación Venezolana de Esgrima, quien además era el jefe de misión, nos llamó por teléfono. El motivo de la llamada era saber cuántos periodistas estaban en el grupo que me encontraba yo. Nos debíamos encontrar en la villa panamericana para discutir con certeza quienes iban y quienes no a la clausura.

Normalmente los pases a la inauguración y clausura de los eventos del ciclo olímpico se distribuyen entre los canales de televisión poseedores de derechos de transmisión y la prensa escrita, web o institucional. Pero, ese día la cosa era diferente. Manuel nos dice dentro de la villa que ya muchos de los atletas se habían ido al país, que la delegación era muy pequeña y que si estábamos de acuerdo nos podíamos poner el uniforme tricolor y tendríamos un acceso especial. ¿Pero de qué estábamos hablando? Si de desfilar con la delegación, todo lo antes descrito era suficiente para que un grupo de colegas saliéramos al estadio para representar al país en el evento de cierre. 

Como si se tratara de un sueño, a la media hora estaba junto a varios compañeros embelesado con aquel momento. Un escenario impensable para mí, que con suerte practiqué algo de baloncesto y natación. Estaba desfilando como un atleta más. 

Yo tengo una teoría que los periodistas deportivos, en su mayoría, son atletas frustrados y en mi caso es así. Sin embargo, ese día se disipaban todas las frustraciones, podía sentir que había ganado una de esas doce medallas de oro del equipo nacional. Posaba con los brazos como los boxeadores, hacía saludos con el pulgar derecho como los nadadores y levantaba las manos como los pesistas. En definitiva estaba cumpliendo con uno de los anhelos más grandes que he tenido en la vida. 

Entrar al estadio Omnilife en medio de los cánticos de los rivales de siempre Argentina y Brasil hicieron el preludio de una noche mágica. A medida que caminábamos hacia la puerta de entrada se veían los fuegos artificiales. Todo esto ya lo había vivido antes pero desde un palco de prensa. Entramos y el público nos saludaba y de verdad por un momento me creí un exponente del salto con pértiga. 

Les dije a mis compañeros que nos mantuviéramos detrás de la gente para no llamar la atención… No había terminado la oración cuando en las pantallas gigantes del coso de Guadalajara estaba mi rostro sonriente. Eso produjo el asombro de mis familiares en Venezuela, quienes dijeron: «Ese atleta no es».

¿Qué les puedo decir? Se presentó Ricky Martin, The Wailers, Camila y Diego Torres como parte del show. Sin embargo, nada de eso se compara con la sensación de cumplir los sueños de un atleta frustrado. 

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