El suplicio de los pitchers en la LVBP

En las últimas dos semanas, los montículos del beisbol profesional venezolano se han transformado en patíbulos para pitchers, Gólgotas donde se crucifica por el crimen de lanzar.

Recientemente hemos visto marcadores grotescos en los cuales los serpentineros han sido acribillados a mansalva. En el 26-3 de Bravos de Margarita sobre Águilas del Zulia se impuso récord de anotadas para un club durante un encuentro de la LVBP. En el 22-10 de Cardenales de Lara sobre Leones del Caracas se trazó nueva frontera de rayitas en contra para la divisa capitalina. Quince a dos, 17 a 8, 14 a 3. Y así por el estilo. Entre el 21 de diciembre y el 6 de enero se registraron 10,7 carreras por juego, contra las 8,9 que se marcaron entre el 27 de noviembre y el 20 de diciembre.

¿Podemos despachar el fenómeno con el argumento facilón de que los pitchers no sirven? Es más complejo que eso. Claro que no hay la calidad de antaño, como tampoco la vemos entre la población de bateadores. Y si a esa realidad le sumamos otros factores distorsionadores presentes en esta campaña tendremos una aproximación más precisa sobre por qué la 2020-2021 es la tercera con más carreras por duelo desde la versión 2010-2011, según el motor de búsqueda del portal Pelotabinaria.com.ve.

Un elemento salta a la vista: la inactividad. Los lanzadores pasaron un año paralizados como consecuencia de la pandemia de Covid-19. “Los bateadores se ponen en forma más fácilmente que los pitchers”, explica Iván Arteaga, coach de serpentineros de Bravos de Margarita y hombre con dilatado recorrido por las artes del pitcheo. “Un bateador puede pasar una hora en el cage por la mañana y otra por la tarde. Un pitcher no puede hacer eso sin arriesgarse a dañar sus partes blandas. Claro que hay aspectos estrictamente individuales relacionados con la condición física y la estabilidad emocional, pero el tema de la inactividad tiene mucho que ver”.

Lino Urdaneta, monitor de lanzadores de los Leones del Caracas, pone ejemplos de cómo la inactividad afecta el desenvolvimiento de los escopeteros en esta contienda de la LVBP. “Un síntoma es la cantidad de pitcheos altos que le están dejando a los bateadores”, apunta el exgrandeliga. “Era inevitable que eso pasara factura. Y ahora lo que estamos viendo es algo de cansancio derivado de la pausa tan prolongada. Los chamos vienen y se ponen a tono, pero en realidad no lo hacen del todo y eso afecta su capacidad para localizar los lanzamientos”.


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“Uno de los principales acertijos para esta temporada era cuál debía ser la carga de trabajo adecuada para unos brazos que llevaban tanto tiempo sin uso”, amplió Mike Álvarez, reconocido instructor de escopeteros y actualmente mánager de Caribes de Anzoátegui. “Por eso, desde antes de que se supiera que aquí iba a haber liga, planteé la necesidad de trabajar con seis abridores con un límite de pitcheos que no excediera los 65 envíos. Eso nos permitiría una mejor recuperación y una carga menos dañina para el brazo”. Álvarez acompaña la tesis de Arteaga y Urdaneta: un bateador queda listo para la brega antes que un pitcher. “Alcanza antes un estado físico sostenible”, apostilla.

Cuando la juventud no es tesoro tan divino

En la temporada 2020-2021 han debutado hasta la fecha 44 lanzadores, sin incluir los extranjeros. Esa es la cifra más elevada de pitchers sin experiencia previa en la LVBP en tres décadas, según Pelotabinaria. Arteaga y Álvarez coindicen en que esa presencia inusualmente alta de tiradores principiantes inclina la balanza hacia una liga en la que ya predominaba la ofensiva. “Hay una gran cantidad de muchachos que no conocen la liga y no han lanzado más allá de clase A en Estados Unidos”, afirma Álvarez. “Ese desconocimiento de cómo lanzar en esta liga de bateadores les afecta bastante”.

Una regla que afecta

A juicio de Álvarez, los efectos perniciosos que para estos lanzadores aún verdes tiene el desconocimiento del hábitat LVBP se agrava con la implementación de la regla que obliga a los pitchers a enfrentar a un mínimo de tres bateadores. “Eso, a mí entender, es una locura para una liga como esta”, desgrana. “Traes a lanzar a un joven con un año de experiencia profesional y a lo mejor es capaz de sacar a un bateador, pero no a tres. Imagínate lo que le puede pasar a ese pitcher joven si viene a enfrentar a un bateador con más jerarquía que le saca 12 pitcheos y todavía debe enfrentar a otros dos”.  

¿Y la pelota qué?

Un instructor de pitcheo de la liga sugirió la posibilidad de que la pelota que se está usando tenga un efecto en la multiplicación de batazos con respecto al inicio del torneo. “Cuando comenzó la temporada se estaba jugando con una pelota Tamanaco poco salidora mientras llegaban las que se pidieron para esta temporada”, apuntó el instructor. “Luego llegó la Wilson 10-01 con la que estamos jugando ahora, que sale bastante más”. 

Varios directivos de equipo descartan la pelota como un factor en la ecuación del abundante carreraje que estamos viendo últimamente en la liga. “Eso fue muy al comienzo del campeonato”, convergieron. “Sí, pero el asunto es que la pelota que se está usando ahorita no es la mejor. Es muy resbaladiza y resulta más difícil el agarre”, señaló otro coach de lanzadores.  

Terrenos que no ayudan

Hay otro ingrediente que pudiera estar condimentando este hervido de tablazos que estamos presenciando, y tiene que ver con los terrenos de juego. “Algunos no están en buen estado y eso condiciona a los fildeadores”, apunta un técnico actuante en la LVBP en la 2020-2021. “Eso los lleva a ser menos agresivos, por temor a un brote irregular. Y esa falta de agresividad propicia bases adicionales para los corredores, que derivan en más carreras”.

El arbitraje no escapa del análisis. A juicio de un adiestrador de lanzadores, la forma como se cantan bolas y strikes en esta temporada pudiera estar perjudicando a los que se suben al morrito. “Aquí hay una tendencia a lanzar en la esquina de afuera para alejarse de la zona de poder, y me da la impresión de que, al usar una sola esquina, a los umpires se les está olvidando cantar strikes en la otra”, desgrana este técnico.

Sea como sea, lo cierto es que esta campaña 2020-2021 se está volviendo un trapiche de serpentineros. “Por eso es casi seguro que todos los clasificados a playoff buscarán pitcheo en el draft”, apunta Mike Álvarez.

Ojalá se equilibren las cargas en postemporada, porque el buen pitcheo y el bajo flujo de carreras suele ser sinónimo de mejor beisbol. Un home pisoteado se asocia a un beisbol mal jugado. Aquí y en Bután.    

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