El tema Messi y lo que realmente me causa ruido

Ya ha pasado una semana desde que Lionel Messi anunció su deseo de no continuar con el Barcelona, aún cuando le queda un año de contrato. Por más que nunca nos hubiésemos imaginado a Leo en otro equipo —de hecho, aún no podemos porque no ha sucedido—, no sorprende esta decisión que tomó, por más impactante que sea.

No me asombra la decisión de Messi por el desgaste emocional y mental de sus últimos cuatro años en las diferentes competiciones. Sobre todo, lo vivido en la Champions League, porque las últimas eliminaciones fueron duros golpes. Lo más injusto es que hablamos de esas eliminaciones en instancias finales, como si fuera algo de rutina o algo fácil de hacer. Pero así es el fútbol, forma parte del negocio, aunque no sea agradable. Además, la gente que lo rodea suele ser muy poco compasiva en estos temas.

Si bien Messi es el mejor jugador de la historia del club, y para muchos el mejor de la historia del fútbol mundial; hay que tener presente que ningún jugador está por encima de ninguna institución. Lo que sí es una realidad es que la historia del Barcelona se divide en un antes y un después de la aparición del astro argentino. Sí, el club está por encima del jugador, siempre tiene que ser así; pero lo que es una realidad, es que Lionel no solo es un sujeto que vistió los colores blaugranas, también se convirtió en el verbo principal del club catalán.

Generalmente, tanto el establishment, el statu quo y la dinámica del fútbol como el amplio universo de personas que rodean al futbolista lejos de su intimidad, suelen tener una memoria muy corta. A todo eso grandioso que ha hecho Messi en los dieciséis años de carrera en el equipo, se le está formando una ligera capa grisácea. Una ligera neblina que distorsiona todo lo hecho sin un motivo coherente.

No conocemos la intimidad, ni las razones de la decisión de Leo. Mucho menos las movidas políticas en el entorno barcelonista. No conocemos si las decisiones dirigenciales de reestructuración tienen un trasfondo injusto en contra del jugador. Nadie es capaz de saberlo. Abogo por el poder de los contratos porque he cumplido cada uno de ellos en mis quince años de carrera. Y creo en las legalidades de su cumplimiento bilateral, si hay algo escrito que no tiene algún motivo de romperse, debe cumplirse.


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Pero defiendo también que, pase lo que pase con esta novela, nadie en el planeta tierra tiene el tupé de reclamarle algo a Messi y su compromiso con la institución. Es mucho lo que el mundo del fútbol tiene que agradecerle; tanto a él como a su matrimonio con la institución catalana.

Es real, todo tiene su final, entendí esto hace muy poco. Y no hay nada de malo de que sea así, forma parte de la dinámica de la vida.

Exponiendo todo lo anterior, hay algo que me causa más ruido que la noticia de un grandísimo jugador que necesita un cambio para encontrar su paz. Todos los jugadores hemos pasado por eso y, sin duda, cualquier trabajador, en cualquier área, que perdió su propósito, desea un cambio de vida. Pero, lo que más me hace ruido es nuestra capacidad como sociedad de darle menos valor a otros avatares del mundo que están causando un impacto negativo en nuestra sociedad. Toda esta dinámica de cambio repentino que estamos sufriendo como raza humana y como colectivo interdependiente.

En una de esas interesantes cuentas en redes sociales, leí sobre las tendencias de los últimos días; con respecto a los tráficos de noticias más consumidos por las personas alrededor del mundo. Me preocupa, como latinoamericano, que la noticia que más repercusión tuvo en esta parte del mundo haya sido el tema de Messi, por encima de cualquier otra noticia de índole social, política, educativa o económica. En Europa se habla en primer lugar de la problemática en Bielorrusia y las nuevas vacunas contra el coronavirus. En Asia el tema principal es el Covid-19. Y en Estados Unidos las elecciones presidenciales. No nos sorprende entonces la coherencia de estas sociedades del primer mundo. Creo que esto muestra el porqué de nuestra involución como un colectivo regional con intereses comunes.

Pienso que si un futbolista no puede estar por encima de un club, un club no puede estar por encima del fútbol. Así como el fútbol no puede tener mayor fuerza en las prioridades de una sociedad por encima de cualquier necesidad humana, que desgraciadamente aún están lejos de poder ser atendidas.

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