Un Mundial para recordar

Mundial. En un par de décadas, cuando alguien quiera voltear atrás y hacer algún recuento, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo no pueden quedarse afuera de la lista de los mejores 10 futbolistas de toda la historia del fútbol. Estará Pelé, Diego Maradona, Johan Cruyff, Alfredo Di Stefano, Franz Beckenbauer y junto a ellos, el argentino del Barcelona y el portugués del Real Madrid. El Mundial de Brasil será la oportunidad de ver a ambos en la plenitud de sus carreras, un privilegio que seguramente será mejor valorado con el tiempo. Una coincidencia que solo tiene un par de precedentes similares, cuando en 1974 coincidieron adentro de la misma cancha Cruyff y Beckenbauer, o en 1986, cuando Platini retó a Maradona. Ningún otro Mundial ha sido capaz de albergar a dos figuras tan grandes como Messi y Ronaldo, y mucho menos en su momento de mayor esplendor.

Pero el Mundial será mucho más que el duelo entre dos de los mejores jugadores de fútbol de las últimas tres décadas.  Será el Mundial de Brasil entero. La potencia deportiva que pone a prueba su desarrollo económico en lo que parece haber sido una apuesta demasiado osada al querer desarrollar el torneo en 12 sedes. Para el país, este torneo tendrá una dimensión enorme. Deportivamente será la oportunidad de celebrar finalmente un título ante su gente. En Maracaná, un monumento recuerda a los campeones de los cinco mundiales que han ganado: 1958, 1970; 1974, 1994 y 2002.

Grandes estrellas

Un golpe de autoridad que no logra borrar la herida del Maracanazo. Para muchos, el nombre del estadio más importante del país sigue estando ligada a la tragedia que ocasionó Gigghia con aquel gol en 1950. Solo una victoria en la final del 13 de julio podría mitigar un poco ese efecto. Una victoria ese día podría traer consecuencias hasta políticas, ya que el resultado del torneo podría incidir en los planes de la presidenta Dilma Roussef de presentarse a la reelección a finales de año. Por lo que un gol podría terminar cambiando el futuro económico del poderoso país sudamericano, la primera economía de la región.

Para permitirle a Rousseff aspirar a la reelección, Luiz Felipe Scolari ha construido un equipo sumamente competitivo. Ha tomado un plantel lleno, como siempre, de muchísimo talento, y lo ha vuelto a hacer jugar como un conjunto. Se divorció de los requerimientos estéticos y se abrazó con las exigencias resultadistas. La fábrica sigue ensamblando talentos excepcionales como Neymar u Oscar, pero Felipao las ha combinado con tipos como Luiz Gustavo, Ramires o Paulinho, más de su gusto que el del resto de la gente. Mundial.

España, el actual campeón, es otro de los grandes candidatos. Sin Puyol y con Xavi lejos de su mejor nivel, los ibéricos han encontrado en la segunda línea de hace cuatro años, futbolistas capaces de asumir más peso este año. Ramos, Silva, Busquets, Mata o Cesc, tenientes y coroneles hace un lustro, hoy son generales de varios soles. Argentina  tendrá a Messi de su lado, que ya es bastante decir. También a un ataque temible, en el que ni el afilado Tévez tuvo espacio. También a aquella estadística que dice que los equipos del mismo continente tienen una ventaja. Mundial.

Alemania superó hace años las dificultades de la transición futbolística que inició hace una década y hoy llega a Brasil con un plantel muy bueno. Con veteranos como Lahm o Schweinsteiger y otros más jóvenes como Kroos, Gotze, Muller o Schurrle, quienes juntos hacen una selección temible, capaz de aspirar al título. Será el Mundial del regreso de Bélgica, con una generación espléndida con Hazard y Courtouis a la cabeza. El de la nueva Francia. La talentosísima Colombia. Chile la intensa. De la vieja Inglaterra. En el que Ecuador llorará a su Chucho Benítez. Será un excelente Mundial, sentémonos a disfrutarlo.

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