Vamos a relajarnos y disfrutemos de la magia de la Champions

“Tu mirada del mundo exterior es un reflejo de tu mundo interior”, poderosa afirmación. A medida que pasan los años, uno se va volviendo menos inmaduro, cuán real es esta declaración. Pasa en todos los ámbitos de la vida, incluso en el fútbol. El mayor ejemplo lo muestra todas esas reacciones de la opinión pública y el fanático con esos resultados, para la mayoría sorpresivos, de los clasificados a las semifinales de esta edición de la Champions League.

El fútbol es universal, es una proyección de toda esa magnificencia que engloba la vida misma. Si quieres ver sangre y tragedia, el fútbol te lo regala. Pero, desde otra perspectiva, si quieres ver alegría y euforia, el fútbol también te lo regala. 

¿Por qué digo esto? Acá es donde me vuelvo un poco “hater” ante el status quo de la opinión pública y los fanáticos del teclado.

Vimos unos cuartos de finales de Champions grandiosos, con muchísimas emociones. Definiciones de locura como la del PSG contra el Atalanta. Maquinarias perfectas como el Bayern Múnich. Tuvimos una cátedra de efectividad pura con el Lyon. Vimos un colectivo que sabe lo que quiere y está claro de su idea de juego como el Leipzig. Pero, muchos solo quieren ver la cara sensacionalista y poco analítica de la derrota, en vez de el virtuosismo de la victoria. Y mucho menos si de análisis hablamos. ¿Para qué, si eso no vende, eso no genera debate? Supongo que es su manera de pensar.

Es como si este colectivo de personas, discípulos del descalabro, estén esperando la mínima oportunidad para mostrar lo negativo de ese balance perfecto de emociones al que llamamos fútbol.

No vieron la perfección de movimientos del Bayern cuando achicaba la línea de defensa hacia adelante; tomando todos los riesgos de un pase filtrado, mientras el Barcelona tenía posesión del balón. Al mismo tiempo, el conjunto alemán se disponía en esa misma línea defensiva a cambiar de ritmo para agrandar una vez que el rival tenía intención de jugar largo. Lo más hermoso es que lo hacían sincronizados, casi a la perfección, como un reloj suizo.

Otra cosa que me sorprendió del Bayern fue la claridad del plan. Creaban un embudo para defender alto en cancha rival, hacían que el Barcelona perdiera espacio para jugar, que cayeran en la trampa. De esta manera, una vez que recuperaban el balón, sus laterales (Davies y Kimmich) salieran a toda velocidad para ampliar la cancha y ganar profundidad; mientras Thiago se encargaba de marcar el ritmo del partido con mucho más espacio para pensar. Pero no, el status quo sólo titula: “El fin de una era” o “¿Cuál será el futuro de Messi?”. Si la culpa es de tal o de cuál.


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Ni hablar del duelo entre Manchester City vs. Lyon, el partido fue una muestra de dos posturas, ambas válidas, de cómo asumir el fútbol desde la ejecución. Los de Francia, desde la búsqueda del resultado, fueron letalmente efectivos en el área defensiva y al mismo tiempo en el área ofensiva. Por otro lado, en la búsqueda del resultado, los ingleses fueron dominantes en las facetas más centrales del partido, a través del juego posicional y de dominio de la posesión del balón, cosa que proponen los equipos de Guardiola.

Lo preocupante es que el corporativismo mediático sigue alimentando esta tendencia negativa. Ofreciendo y abriendo espacios para opiniones y críticas destructivas, con altos fundamentos de descalabros y escasos debates analíticos del juego en sí, de este juego que tanto nos cautiva. Estos debates y espacios de charlas amenas que muchos anhelamos no son para encontrar la verdad absoluta dentro de esta dinámica de lo impensado llamado fútbol, porque no existe tal verdad. Estos espacios de interacción son para simplemente dejar vivir al fútbol tal y como es, mientras que nosotros fluimos en esa dinámica. 

En esta edición de Champions y en el fútbol en general, resultados buenos, resultados sorpresivos o resultados malos son resultados al fin, no más que eso. Lo cancerígeno de esta situación es que este verbo malsano y que rechaza el disfrute, que ve el fútbol como una agonía y no como viaje de emociones; invita a ese ciudadano común a seguir alimentando este mensaje en sus intimidades, con conversaciones muy alejadas del disfrute al que está apasionada actividad nos invita.

¡Relajémonos un poco! Disfrutemos de la Champions. Disfrutemos de algo que el ser humano, bajo su más iluminado proceso creativo, propuso como el deporte universal por excelencia. Un deporte que no es lo más lindo del mundo, pero sí hace al mundo un lugar más lindo, por su capacidad de generar estos espacios de encuentro y la oportunidad de compartir como individuos iguales que somos.

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