Venezuela y el Clásico: vamos a enseriarnos

El Clásico Mundial de Beisbol es el certamen deportivo que Venezuela se siente en el derecho y el deber de conquistar. Los cuatro intentos fallidos de la selección nacional han hecho del torneo una obsesión nacional. Malsana, como toda obsesión.   

Ojalá que la edición 2023 sea diferente, al margen del resultado. Lo más vergonzante de la incursión venezolana en el Clásico, más que los fracasos en el campo, han sido la insidia, la cizaña, la intriga palaciega, la toxicidad y desprolijidad con los cuales se contaminó cada uno de los procesos anteriores. Se suponía que el Clásico era la gran oportunidad de exhibir lo mejor de nuestro deporte y nuestros deportistas. La verdad es que ha dejado expuestas nuestras miserias.



En 2006, que si una empresa impuso al mánager; que si los compadres, que si jugaron amanecidos, que el almuerzo en Burger King (se llegó al extremo de abuchear a un personaje intachable como Robert Pérez) ; en 2009, que si los gerentes eran mafiosos, que si Magglio era chavista, que si el tren ejecutivo del plantel tiene que renunciar; En 2013, que si la misma rosca de siempre; en 2017, cianuro puro: que si Oswaldo Guillén era el mánager, que no, que Omar Vizquel; que tampoco, que Eduardo Pérez; que si no es Vizquel hay motín de peloteros…. allí se tocó fondo.     

Basta de eso.

Es tiempo de asumir el Clásico Mundial con altura y adultez. Los primeros responsables de combatir el canibalismo son los involucrados en el equipo: gerentes, federativos, mánager, coaches, jugadores. Es difícil resistirse al impulso de contestarle en sus términos a los energúmenos de Twitter. Pero eso exactamente lo que deben hacer. Sería recomendable, para su salud mental y en beneficio de un clima de convivencia, que cuando empiece a acercarse la inauguración del campeonato se sometan a un ayuno voluntario de redes sociales. Que sean los canales oficiales quienes canalicen la interacción con el público. No los peloteros, no el mánager. La rabia y la acrimonia se retroalimentan y subir al ring con los odiadores solo engendrará una espiral de odiosidad que en lo absoluto contribuye a concentrarse en el objetivo: jugar lo mejor posible. Esa debe ser la meta. Cualquier posibilidad de éxito parte de eso. Si el cuerpo técnico y los peloteros abordan esta edición del Clásico como una batalla existencial se condenarán a otra irremisible derrota.

El equipo nacional no puede garantizar que 2023 será el año de Venezuela en el Clásico ¿Saben qué si puede prometer esta novena? Que se preparará como nunca, que se enfocará como nadie, que se planificará con antelación y minuciosidad. Si así se procede y, haciendo el mayor esfuerzo, de todos modos, se pierde, ningún aficionado racional podrá reprochar nada al grupo. Exaltados, histéricos, siempre habrá en las tribunas. No dejen que los arrastren a su pantano. También deben entender que los fanáticos están en su absoluto derecho de opinar si lo hacen bajo las normas más elementales de decencia. Después de todo, ese es su equipo. Y es ese sentido de pertenencia el que nutre el interés por esta competición, el que, en teoría, lo vuelve negocio para Major League Baseball.  

También sería de ayuda que todos en la escuadra entiendan que el trabajo de la prensa es preguntar, cuestionar… opinar. Igualmente, siempre dentro de los márgenes de la ética y el decoro profesional. Ponerse a la defensiva frente a los medios sería una equivocación que podría enturbiar las aguas. La hipersensibilidad es un potencial detonante de la discordia estéril.     

Todos en el equipo deben saber la responsabilidad que conlleva portar una camisa que diga Venezuela en el Clásico. Ese compromiso debe ir más allá de una carta de buenas intenciones. Aclaremos, es una responsabilidad, no una cruzada. El deber de la gerencia será armar el roster más competitivo posible y garantizar la logística requerida para que el atleta juegue motivado y sin distracciones. La obligación del mánager y sus coaches es prepararse para todos los escenarios y anticipar las situaciones. Y la de los peloteros, ejecutar. Por favor, que no vuelva a tener el Clásico Mundial, para este atormentado país, el tufo guerracivilista de las ocasiones anteriores. Si eso se logra, en algún momento este país reclamará para sí la corona imperial de todo el orbe.           

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