El voleibol siempre es el culpable

Seis integrantes de la selección nacionalde voleibol, concentrada en Caracas, dieron positivo en Covid-19. Los entrenamientos se pararon. El panorama luce gris para Tokio 2020.

Sin duda, enero es el mes del voleibol venezolano. Fue un 7 de enero de 2008 cuando las selecciones masculina y femenina se clasificaron por primera vez a unos Juegos Olímpicos. Luego, el 13 de enero de este 2020, volvieron a repetir los varones, quienes milagrosamente lograron inscribir su nombre dentro de las 12 selecciones más i mportantes del mundo. Los venezolanos disputarán las tres medallas más importantes en este deporte, el verano próximo en Japón.

Desde enero, hasta hoy (octubre), fecha en la que sale esta columna, el voleibol, ese mismo que va a lo Juegos Olímpicos, no ha recibido otra cosa que la radiación de los golpes que históricamente le ha tocado soportar. Con bombos y platillos llegó la noticia a Venezuela de ese grupo de héroes quienes sin la preparación adecuada consiguieron el boleto.

La respectiva foto oficial, el regodeo entre los medios y las eternas promesas que nunca se cumplen. «Les vamos a dar carro, incentivos y todo estará listo para que tengan una preparación extraordinaria para los Juegos Olímpicos», era lo que se escuchaba por allá en enero de las autoridades del Ministerio del Deporte. Todo esto, mientras duraba la fiebre de la euforia por clasificar de un «zopetón» a 12 atletas de una delegación que con suerte llegará a 40. Podría ser la menos numerosa desde Atlanta 1996.

A los meses ya nadie hablaba del equipo y al voleibol le cayó algo más fuerte que la pandemia del Covid-19. Fueron víctimas del olvido oficial y el abandono a su suerte, también de una federación que es indefendible. La gestión de Judith Rodríguez es cuestionada desde tiempos de antaño, cuando Venezuela le ganaba a Brasil, Argentina; competía de tú a tú en Ligas Mundiales o era protagonista en eventos del ciclo olímpico (¿pero qué les parece si esto lo ponemos en otra columna?).

¿La excusa perfecta para hacerse la vista gorda con las promesas? El Covid-19. No se puede entrenar, no se puede concentrar, sacamos a todos los atletas de la ̈Ruta Olímpica y esperamos si se dan o no los Juegos de Tokio. Ese fue el pensamiento retrógrado de quienes se encargan de dirigir los recursos. Mientras que en Argentina, el entrenador Ronald Sarti trataba de manetener a su familia haciendo trabajos manuales trataba; sin poder tocar una pelota o subir a una malla. 

Los jugadores enviaron tres cartas para llamar la atención. En un país donde se restablecieron primero las carreras de caballos, antes de los entrenamientos de la única selección nacional que probablemente clasifique a los Juegos Olímpicos, es notorio que el interés del deporte va por otro lado. El mismo país que movió cielo y tierra para no dar forfeit en fecha FIFA y no sumar un escándalo a los más de 50 que protagonizó en los últimos cinco años. 

Por si fuera poco, y para sumar un hito más, la semana pasada una fuente me confirmó que hay cinco casos positivos de Covid-19. En la selección nacional y un entrenador. Todos fueron trasladados al hotel Ávila donde reciben atención constante y chequeo por parte de los médicos. Esto trajo como consecuencia el detener completamente los «entrenamientos» en el Gastón Portillo del IND. Lo pongo entre comillas porque la realidad es que eso no son entrenamientos de selección nacional. 

Ni siquiera estaban topando 12 jugadores que es lo mínimo que se necesita para simular un partido. Es más, el día que se «regresó» a la concentración, un video dejó ver a un exjugador de la selección de  voley playa con el capitán José Carrasco como para justificar el recinto de El Paraíso, el cual sinceramente le quedó pequeño a un equipo élite que va al final de una olimpiada. Hasta el día de hoy sobre esto no existe, ni del Ministerio del Deporte, ni de la Federación Venezolana de Voleibol, un comunicado oficial. 


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Ustedes se imaginan, guardando las distancias, que a Michael Jordan no le dejaran entrenar y utilizar las instalaciones de Colorado Springs donde entrena la selección de basket de Estados Unidos. O que a Rivaldo le digan que no puede estar en la Granja Comary de Teresópolis donde regularmente Brasil entrena al equipo principal de fútbol. Pues les cuento que en Venezuela si es posible. 

Los días pasan en el hotel Ávila y ciertamente hoy el equipo está recibiendo atención prioritaria. Se están haciendo exámenes constantemente para ir descartando más efectos del coronavirus en todos los atletas. Los vehículos se están entregando (los que se prometieron en enero) y existe un supuesto plan de llevarlos a República Dominicana para iniciar la preparación real para Tokio. Sin embargo, ese viaje no tiene fecha, ya que, entre otras cosas, hay atletas que no tienen pasaporte para viajar. 

Es increíble pensar que este equipo, después de todo lo que le ha dado al país, siga pasando las penurias de siempre. Como cuando llegaba a los mundiales sin entrenar. O como aquella vez, que en medio de la euforia de la liga mundial de 2008, minutos antes de empezar un partido, le pegaban las letras a las camisetas de los jugadores. Como cuando daban forfeit por no asistir a un evento internacional. O como cuando las concentraciones se hacían en hoteles de segunda y aún así obtenían los resultados. 

A veces creo sinceramente que el voleibol siempre es el culpable. Tiene culpa de poseer una cantidad infinita de jugadores talentosos. También tiene la culpa de obtener resultados históricos para el país. Tiene toda la culpa de ser uno de los deportes de conjunto más destacados  de Venezuela. Prácticamente tiene la culpa de existir. 

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