Bernaldo Manzano: de agricultor a Vinotinto, en 10 años

Parece mentira que una población llamada El Playón sea tan fértil para sembrar arroz y sorgo y no sea un lugar cerca de Cuyagua. Pero lo es, de ahí salió un robusto jugador a quien al debutar en el profesional lo apodarían “Tractor”. Sin duda, una historia de superación. Bernaldo Manzano, un chamo que, en 10 años, pasó de ser agricultor, caletero y demás, a vestir la camiseta de la Vinotinto de fútbol mayores.

Su biotipo corpulento muchas veces engaña. En el fútbol se estila que los jugadores sean más atléticos, pero desde niño Bernaldo fue así. Le sirvió para utilizar su fuerza jugando como defensor central, también para cargar los sacos de arroz recién cosechados.

De esas tierras fértiles del estado Portuguesa salió Bernaldo Manzano. Un terruño caluroso de donde han salido innumerables jugadores de fútbol muy talentosos. Cuna del mítico “Penta”, un equipo que es historia viva del fútbol venezolano y que vivió una época dorada a finales de la década de los 70 a inicios de los 80.

Bernaldo Manzano la noche que le anotó a Huracán por Copa Libertadores / Deportivo Lara

Aunque hoy esa historia es lejana, sigue están allí, en los libros y en la memoria de quienes formaron parte. Uno de ellos es el lateral Omar Ochoa, una insignia de ese mágico Portuguesa FC que fue la imagen del fútbol venezolano en Suramérica por aquellos años. Un jugador duro que cambió Valencia por Acarigua y luego por El Playón, una pequeña población a 50 km de esa ciudad y donde se ha cansado de formar jugadores.

Uno de ellos es Bernaldo Manzano. El muchachito que llegó a la escuelita El Playón FC a los ocho años. “Este pueblo es pequeño, debe tener como 50 casas. A pesar de eso de aquí han salido varios jugadores buenos, como Giacomo Di Giorgi y Walter Colina”, contó Omar Ochoa.

Bernaldo no pasó por categorías menores de ningún equipo profesional. Fue descubierto por el Portuguesa FC jugando caimaneras en El Playón. Se ganó un puesto en unos try out y firmó contrato con el “Penta” donde jugó por tres años. Luego saltó al Deportivo Lara en donde jugó Copa Libertadores. Se marchó a Colombia para jugar con Tolima y Bucaramanga y hasta debutó en la Vinotinto de mayores el 2 de junio del 2019, en Miami, ante Ecuador.

El niño de la fuerza

Cuando Bernaldo Manzano llegó a El Playón FC era pequeño en edad, pero grande en tamaño. Ochoa recordó que tuvieron que trabajarle muchas cosas, principalmente la pegada, misma de la que ahora es experto. También lo colocaron en el centro de la zaga lo que a menudo hacía que los rivales lo miraran por respeto.

“Desde pequeño se le veía que sería futbolista. Se hacía respetar por los jugadores de su edad y los más grandes por su fuerza. Siempre le ha gustado ir al choque, tal como lo hace ahora. Recuerdo que una vez hice un intercambio con el Club Ítalo de Maracay y allí atrajo todas las miradas porque parecía un niño mayor”, contó Ochoa.

Y es que tenía de quien aprender a usar su fuerza. Omar Ochoa fue un lateral derecho insignia del Portuguesa FC. Pero también del Valencia FC donde se inició y jugó una Copa Libertadores a los 16 años. El técnico de aquel equipo fue Walter Cata Roque.

En el club carabobeño estuvo hasta que Argenis Tortolero y el presidente del Portuguesa, Gaetano Costas lo fueron a buscar. “Gané todos los títulos nacionales con el equipo. Jugué con Richard Páez, Jairzinho, Carlos “chiquichagua” Marín, Melvin Mendoza y otros más. Fui a ocho Copas Libertadores y estuve con la vinotinto en las Eliminatorias de argentina 78 y España 82; además de dos Copas Américas”.

Omar Ochoa, parado de primero de izquierda a derecha, con el Portuguesa de 1978 / Portuguesa FC

Si algo sabía Omar Ochoa era defender, así que Manzano tuvo en él un buen maestro. “Él sabe cuándo pegar, sacarle la pelota al jugador. Yo también era así pero le ponía picante. Recuerdo que en una Copa Libertadores jugamos ante la ULA que tenía un equipazo. Entre ellos estaba Rafael Angulo, un puntero derecho que tenía unas piernotas”.

Según Ochoa, el DT Vladimir Popovich le dijo: “Omar, yo cuento con usted para marcarlo. No encontraba qué hacer con ese negrote hasta que encontré un alfiler en la camisa. Yo masticaba chicle así que me lo llevé a la cancha. La primera jugada me dejó regado, pero luego le saqué el chicle con el alfiler y comencé a puyarlo, me decía de todo. Al final le ganamos 3-1 y cuando terminó del juego le dije que en Acarigua no le sacaría un alfiler sino un machete”, contó entre risas.

El try out que cambió la historia

Cuando llegó la juventud, Bernaldo no quiso abandonar el fútbol, tampoco el trabajo en el campo. Fue caletero, agricultor, albañil, camionero y chofer de maquinaria pesada. Fue a Llaneros sub-20, pero luego dejó de jugar un buen tiempo.

“Su papá tiene un camión con el que trabaja en las cosechas y Bernaldo también lo hacía. Luego de las 4:00 de la tarde se iba a jugar fútbol. Yo siempre que veía a Pedro Pascual Peralta le decía que debían llevarlo al Portuguesa, pero El Playón está a 50 kilómetros de Acarigua. Un día el equipo vino al pueblo a hacer unas pruebas y lo vieron”.

En el “Penta” lo convirtieron en un poderoso volante cinco, posición que juega hasta los momentos. En su debut en Primera División, el desconocido jugador del pueblo fue una de las revelaciones. Como lo describe Ochoa, sin mucha técnica pero con una gran fortaleza, también mostró exquisita pegada, lo que llamó la atención del vecino Deportivo Lara quien se lo llevó en 2017.

En 2019 jugó la Copa Libertadores y hasta anotó un tanto contra Huracán en la victoria del rojinegro 2 goles por 1 en Cabudare. En total, jugó cuatro de los seis partidos que los larenses disputaron.

Sus actuaciones en Venezuela y en Copa Libertadores llamaron la atención en Colombia. Primer fue el Deportes Tolima donde jugó 527 minutos, luego en Atlético Bucaramanga con 642, para regresar a Venezuela en 2021 con el Deportivo Lara, dueño de su ficha.

El sueño Vinotinto

Desde niño, el sueño de Bernaldo Manzano fue vestirse con los colores de la selección Vinotinto. Tarea nada fácil para un jovencito que no pasó por un sistema de categorías menores sino que fue formado en una escuela de pueblo. Uno bastante modesto y metido en el corazón de un llano fértil que le exigió trabajar también.

“Los jugadores de la ciudad no son tan buenos como los de pueblo. En las ciudades tienen padrinos, pero los del monté le ponen más porque quieren que los vean, corren más. En Turén hay una cantera muy grande en la que trabaja William Pacheco, Tito Orozco y yo”, precisó Ochoa.

De esas escuelas y con esa hambre de transcender salió Bernaldo Manzano y cumplió su sueño. Debutó en Miami en el empate ante Ecuador, también jugó ante Colombia y en la goleada frente a Japón. Por las Eliminatorias mundialistas se quedó en la banca contra Brasil, Chile y la selección cafetera.

Bernaldo Manzano junto a Salomón Rondón en la selección nacional / Prensa FVF

“Yo decía dentro de mí que él tenía que llegar a la selección. Desde hace un buen tiempo pintaba y estaba seguro que llegaría. Siempre digo que es una lástima que no fuese un jugador formado porque te aseguro que en vez de Colombia hubiese llegado a un club de Argentina o Brasil. No abundan esos jugadores tan fuertes y rudos que sepan ir al choque como Bernaldo”.

El fútbol corre por cada una de las escasas calles de El Playón, en Portuguesa. La escuela de Omar Ochoa, donde se formó Bernaldo, sobrevive por los padres y representantes de los niños. “La tenemos bien bonita, es de grama natural. Nosotros le metemos máquina para tenerla corta y que se pueda jugar”.

Bernaldo regresó recientemente a su pueblo, donde sus amigos no lo conocen como ese tipo rudo que es en la cancha. “Es un muchacho que hace caso, es tímido. Cuando vino de Colombia le dije que no descuidara el físico porque tiene tendencia a engordar, que corriera 10 kilómetros diarios en vacaciones y así lo hizo. Ojalá pueda volver a la selección nacional, aunque sabemos que en esa posición hay muchos caballos”.

Pero el sueño del niño agricultor de pueblo, ya se cumplió.

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