Jyoeldry y Graciela, cuando el fútbol se lleva desde el vientre

Quizás en el vientre daba patadas. Aunque si no las dio es porque las estaba guardando para cuando viera la luz del mundo. Graciela, su madre, esperaba con ansias a Jyoeldry, su primera niña. La primera hembra después de cuatro varones para la cual tendría un nombre bastante creativo.

Jyoeldry es una especie de mezcla de la inicial de sus hermanos. Se lo pusieron sus padres para hacerla única. Salvo alguna sorpresa mayúscula, no debe haber sobre el planeta otra niña con ese nombre. Así comenzaron por hacerla irrepetible.

Graciela fue futbolista en Mérida. En sus tiempos, el balompié era para niños solamente, las niñas que lo practicaban eran, de cierta forma, discriminadas. Quizás esa fue la razón para que la madre se opusiera, casi que en solitario, a que su hija quisiera practicar el deporte.

“Mi mamá jugó fútbol muchos años, aunque se retiró a los 25. Ella era mediocampista y yo soy delantera”, explica Jyoeldry Parra, una goleadora que juega en el Olímpico de León, en la tercera división española.

Arriba, Graciela en sus tiempos de jugadora. Abajo, Jyoeldry jugando en España / Jyoeldry Parra

Desde chica decidió buscar un camino fuera de las fronteras. Así logró jugar fútbol de salón y campo en Colombia con el Pereira; además de reforzar al Deportivo Ita de Bolivia en una Copa Libertadores. Pero en el complicado 2020 saltó el charco para buscar el “sueño español”. Por ahora no está en la élite, pero sus goles han comenzado a hacer ruido apuntando a una primera división.

¡La niña no va a practicar fútbol!

Jyoeldry nació en Mérida hace 25 años, en el seno de una familia futbolera. Sus padres, tíos y hermanos jugaban pero su madre también lo hizo. En aquellos tiempos no tuvo oportunidad de jugar una liga organizada, pero sí formó parte de equipos y mostró su talento; ese que su hija mayor decidió regar por el mundo.

“Mi tía me dice que mi mamá le pagaba al balón con mucha fuerza, que no era goleadora pero que de vez en cuando los hacía. Era mediocampista ofensiva. La he visto jugar en recochas (caimaneras) familiares y allí he podido jugar con ella. De hecho, en enero, antes de venirme, hice una especie de pretemporada con ella en Mérida”.

Graciela era futbolera. Pero cuando su primera hembra quiso comenzar a jugar, no le gustó mucho la idea. “En su época no era bien visto que las mujeres jugaran fútbol, por eso se retiró tan joven. Ella no quería que yo jugara fútbol porque a las niñas les decían términos muy fuertes si jugaban, por aquello de que solo era para hombres”.

Jyoeldry con la selección de Mérida / Jyoeldry Parra

Mientras Graciela resistía, su padre le daba empujoncitos para que sí jugara hasta que la convenció. “Creo que mi mamá se terminó de convencer cuando me vio jugando en la sub 17 de Mérida, eso sí, me decía que si no iba bien en los estudios no seguiría jugando. De pronto por eso me fue tan bien en la escuela”.

Jyoeldry era una especie de fans enamorada de sus hermanos. Los acompañaba a la cancha desde niña y jugaba con ellos. A los 11 años ya sabía que el fútbol era lo suyo. Comenzó jugando futbolito y luego dio el salto al fútbol campo, antes de partir a buscar suerte en Colombia.

“Quedé campeona nacional con Mérida en fútbol sala, aunque al principio me costó mucho aprender a pisar el balón”.

En la liga venezolana jugó con el Deportivo Anzoátegui, pero nunca con el equipo con el cual sueña. “Siempre quise jugar con Estudiantes, pero no se concretó. Yo jugaba con Caucheras de Mérida y cuando hubo una propuesta para ir a Estudiantes me salió un chance de ir a Colombia y lo tomé”.

En Venezuela jugó para el Deportivo Anzoátegui / Franjoly Borges

Colombia: la primera parada

Luego de dos años en el Anzoátegui, Jyoeldry recibió una propuesta de una amiga venezolana nacida en Colombia. En Cúcuta se jugaba buen fútbol de salón y había torneos relámpagos que dejaban dinero.

“A mitad del 2015 me fui a Colombia a jugar en las Llaneras de Casanare, en la liga profesional de fútbol de salón. Me fue muy bien, terminé como goleadora del equipo, pero al club le fue mal. Me regreso a Venezuela pero una amiga me dice que en Pereira harían veedurías para la primera liga profesional de fútbol campo colombiano y me presenté”.

Dos semanas de prueba fueron suficientes para convencer al equipo de que debían contar con ella. Se quedó en el Deportivo Pereira, pero en su primera temporada no le fue bien, solo jugó un par de partidos antes de lesionarse.

“En Colombia estaba sola. La familia de una amiga prácticamente me adoptó en su casa, me dieron trabajo de secretaria y además ganaba dinero jugando torneos. En 2018 el Pereira me ofreció renovar y para esa segunda temporada sí me fue muy bien, hice ocho goles, la máxima cantidad del equipo”.

La merideña vistiendo los colores del Deportivo Pereira, en Colombia / Deportivo Pereira

Para entonces, la liga colombiana estaba llena de venezolanas. Oriana Altuve y Joemar Guarecuco ya habían sido goleadoras, por lo que el status de las jugadoras criollas iba en ascenso.

“En 2018 me ofrecen ir como refuerzo al Deportivo Ita de Bolivia para jugar la Copa Libertadores. Esa fue una experiencia buenísima, jugar ante los equipos grandes como el Santos de Brasil y el Colo Colo chileno”.

En Deportivo Ita no sumó puntos y quedó en el foso de la tabla, pero le dejó un anecdótico recuerdo. «Cuando jugamos contra Colo Colo me enfrenté a Alexa Castro, Yusmery Ascanio, Karla Torres, Anabel Guzmán y Nubiluz Rangel”. Precisamente en ese juego, Parra anotó los dos tantos de su equipo que terminó cayendo 4-2. Ascanio y Torres también marcaron.

La noche en la que le marcó par de goles a Colo Colo con el Deportivo Ita por Copa Libertadores

Jyoeldry y la decisión de momento, irse a España

Estando en Venezuela, la delantera recibió un mensaje de Karen Hidalgo, otra compatriota que ya jugaba en España. “Me dijo que en CD Montes, de tercera división, querían una delantera. Le mandé mis videos, el currículo y al cuerpo técnico le gustó mi juego. Me vine a España para ver que tal, por un mes”.

Ese mes fue más largo. Convenció al entrenador del equipo a pesar de llegar tarde por problemas en la renovación de su pasaporte. Al momento de unirse al Montes, el club jugaba el playoff de ascenso ante el Espanyol que terminaron perdiendo.

La venezolana juega en la tercera división de España

El panorama cambió luego de mudarse al León. En la accidentada temporada actual lleva nueve goles en igual número de partidos. “Soy una jugadora con mucha garra, tengo la actitud de luchar cada balón como si fuese el último. Mi objetivo está claro, quiero jugar en la primera división de España. No sé qué año será, pero será”.

Su máximo referente en el fútbol femenino es la delantera del Real Betis, Oriana Altuve e Ysaura Viso. “Estando en España me ha gustado mucho la llegada de Deyna, quiero seguir sus pasos. En el fútbol masculino admiro mucho a Messi y Luis Suárez. En cuanto a los vinotintos me encanta Salomón Rondón, creo que tengo muchas características suyas como chocar con los centrales o jugar de espaldas al arco, tratar de girar”.

La selección nacional, su próximo objetivo

Venezuela fue el segundo país en exportar mayor cantidad de jugadoras de fútbol en 2018. El universo de seleccionables aumentó de manera drástica, pero Jyoeldry entra en esa lista. Con una Copa América cada dos años la acción de la vinotinto debería ser mayor, por lo que cada jugadora estará jugándose un cupo en su club.

“En el playoff con el Montes nos visitó la seleccionadora nacional, Pamela Conti. Hablamos sobre la serie y nos dijo que estaría pendiente de nosotras, que no dejáramos de trabajar. Ella nos dijo que le gustaba que estuviésemos en Europa porque así era más fácil adaptarnos a la selección. Para mí sería un sueño jugar en la vinotinto”.

Graciela sigue pendiente, a la distancia

El tiempo le dio la razón. Graciela no se opuso más a que su hija jugara al fútbol y ahora es su fan. Ve los juegos por internet y siempre está pendiente de las lesiones. “Siempre me está escribiendo que si ya comí, cuando ve los goles en los juegos que transmiten. Se preocupa mucho cuando ve que me pegan. Llevamos una relación muy buena”.

Madre e hija están separadas ahora por una distancia de 7 mil 371 kilómetros, pero a través del teléfono se acorta. “Antes me ponía videollamadas para decirme cómo tenía que cocinar, pero ya no lo hace tanto. Cuando estaba en Venezuela me trataba de enseñar y me decía que aprendiera porque luego me tocaría cocinar sola”.

Ese momento llegó, Jyoeldry se especializó en cocinas pasta con carne molida.

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