Los héroes anónimos de aquel Centenariazo

Cada 31 de marzo se celebra una importante gesta dentro del fútbol venezolano: El Centenariazo. Aquel partido donde la Vinotinto venció 0-3 a Uruguay en Montevideo como parte de las Eliminatorias al Mundial de Alemania 2006.

Para muchos, este encuentro fue el inicio de un cambio radical en el balompié criollo, bajo la tutela de jugadores como Alexander Rondón, Jorge Rojas, Héctor González, Ricardo David Páez, Gabriel Urdaneta o Juan Arango (entre muchos otros ídolos), siendo los protagonistas del “Boom Vinotinto”.

Sin embargo, el fútbol –y el deporte en general– suele ser injusto con aquellos héroes anónimos que forman parte de una hazaña, pero que de forma colectiva no reciben el reconocimiento debido ni tampoco son aquellos que dan la cara en las pantallas.

El once del cuerpo técnico

Richard Páez, líder del grupo, estaba acompañado por otras diez personas: Raymond Páez y Ramón Hernández en la asistencia técnica. Luis Apolinar como preparador físico y Hugo Briceño el preparador de porteros.

En el área médica estaba José De Filippis; acompañado por la experiencia de Benito Hernández en la kinesiología, mientras que Diego Calvo, ya fallecido, era el encargado de la nutrición. Asimismo, el reconocido Carlos Saúl Rodríguez fungía las labores de Coach Motivacional; Jesús Santos tenía en sus manos el control de la utilería y Napoleón Centeno era el coordinador.

Para el actual técnico de Mineros de Guayana, el trabajo principal que dejó este cuerpo técnico y la generación de futbolistas fue poder dejar un sentimiento de arraigo ‘Vinotinto’, no sólo en el fútbol sino también en los demás deportes.

«(El Centenariazo) dejó una marca indeleble para el futbolista venezolano y que se trasladó a todos los deportistas del país, por eso a partir de ahí se comenzó a escuchar la ‘Vinotinto’ del béisbol, baloncesto y voleibol. Cualquier deporte que se colocara el gentilicio venezolano a nivel internacional, pasaba a llamarse ‘La Vinotinto’».

Un presentimiento que se volvió realidad

La prensa y la opinión pública en general tenían como gran favorito al combinado celeste. Por ello, muchos creían que este iba a ser un partido más. El doctor José De Filippis contó que no todos los uruguayos querían ir al estadio ya que el rival era Venezuela, es decir ‘La Cenicienta’.

«Lo que más recuerdo, es que el día del partido, estando en el hotel donde nos quedábamos, específicamente en el gimnasio, había una cantidad de gente, todos uruguayos, que decían que no iban a ir al partido porque era Venezuela, que no ganábamos a nadie y que seguramente nos metían cuatro. Yo les dije: ‘cuidado con una sorpresa’».

Y efectivamente el resultado soñado, se concretó. El destino ya estaba escrito y la sensación general del grupo siempre fue de victoria. Raymond Páez, otro de los protagonistas desde el banquillo, aseguró que días antes del partido le había hecho una promesa a su hija, por su cumpleaños.

«Cuando se terminó el partido, (Gilberto) Angelucci me abrazó y me dijo ‘te lo dije que íbamos a ganar hoy’. Él tenía razón. Yo lo sentía, en ese partido tenía esa sensación porque mi hija cumplía el 30 de marzo y le dije ‘te vamos a dar el triunfo de regalo para ti’ y gracias a Dios se dio».

Por otra parte, Jesús «Coquito» Santos, el utilero tachirense con amplio recorrido a nivel de selecciones nacionales en Venezuela, comentó que cuando se enteró del resultado, no pasó a creerlo.

«Yo estaba dentro del camerino, donde no se escucha nada. Al terminar el primer tiempo, pregunté cómo iba el partido, me dicen uno a cero y lo primero que pensé fue ‘ya vamos perdiendo’, pero me dijeron que íbamos ganando y me emocioné. Al final del partido, entraron todos alegres y yo pensé que el juego había quedado así, pero cuando me dijeron que fue 0-3 yo no lo creía».

Un grupo distinto

El trabajo a nivel psicológico fue fundamental para lograr quitarle a Venezuela el apodo de ‘Cenicienta’. Además de darle convicción a los jugadores y demostrarle también al resto de los rivales que las cosas habían cambiado.

Raymond Páez recuerda ese grupo como «una Vinotinto irreverente, que tenía mucho fútbol», mientras que su hermano Richard, describió que «la mentalidad Vinotinto significó una mentalidad atrevida, con identidad propia y que no dependía de los rivales».

Finalmente, «Coquito» indicó que la relación entre cuerpo técnico y jugadores era muy buena, permitiendo que resultados como estos se cumplieran. «Se llevaban muy bien todos, era un ambiente muy bonito entre Richard (Páez) y los jugadores».

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