Mammana, el jugador que River Plate salvó del suicidio

El argentino Emanuel Mammana creció entre balones de fútbol y carencias. En casa nada sobraba, solo el dolor de haber perdido a su madre a los 6 años y a su padre a los 15. El sufrimiento de verse desamparado le hizo pensar en el suicidio, pero River Plate lo salvó. Las ganas de jugar y el apoyo del equipo lo convirtieron en un futbolista profesional.

Mammana llegó a las inferiores de River con 8 años y en plena adolescencia se tuvo que mudar a la pensión del equipo. En su casa de Merlo no había dinero para darle comida a él y a sus cuatro hermanos. En muchas ocasiones pasaba hambre e iba a entrenar sin comer. Mientras estaba en la pensión, se enteró de que su padre había muerto. Ahora sí se había quedado huérfano. A pesar de tener hermanos, se sentía solo.

Apenas tenía 15 años y muchas cosas en su cabeza. “Sentí ganas de largar todo después del fallecimiento de mi viejo, ya había perdido a mi mamá. Pensé en dejar el fútbol, incluso pensé en la locura de suicidarme. Lo quise hacer dos veces. Fue muy difícil. Fueron dos o tres meses que me costaron muchísimo. Pero pese al dolor pude ir saliendo”, confesó el defensor del Zenit al Diario Olé desde San Petersburgo.

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En esos momentos sus afectos y River se convirtieron en un refugio. “River me ayudó. Me di cuenta de que en casa habían luchado tanto para que yo llegara que no podía tirar todo por esa tristeza. Tenía que cumplir el sueño de mi papá: él quería que llegara a Primera”, contó el joven de 24 años que debutaría con el Millonario el 9 de octubre de 2014.

El día del funeral de su padre, los chicos que vivían con él en la pensión fueron a acompañarlo. “Desde el club me apoyaron al 100%”, destacó Emanuel. Su amor y agradecimiento a River va más allá de una afición o el bonito recuerdo del debut. Le tocó crecer de la noche a la mañana y en su equipo encontró una familia.

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Las lesiones también lo han golpeado

El central del Zenit se recupera de una rotura parcial de ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda; que sufrió el 6 de octubre del año pasado. Un año antes, en marzo de 2018, también se había lesionado esa rodilla. Antes de la cuarentena por el Covid-19, Emanuel Mammana estaba cerca de volver a trabajar con el grupo. Actualmente se ejercita a través de videollamadas.

A pesar de no poder jugar, su ánimo no decayó. Ha tenido que sobreponerse a muchos obstáculos y de cada uno va aprendiendo. “El día que me operaron tenía un bajón tremendo, pero al siguiente ya estaba enfocado en recuperar el nivel anterior a romperme la rodilla por primera vez. Si me caía de la cabeza, el principal perjudicado iba a ser yo”, resaltó el futbolista. Las primeras semanas luego de la intervención, sufrió de anemia y estaba débil.

No ha pensado en el retiro, apenas tiene 24 años y su foco es recuperarse para volver a las canchas. “Hoy sé que las lesiones son fuertes, pero no tienen comparación con la muerte de un padre o una madre. Hoy tengo a mi mujer y a mi hijo que me dan la fortaleza para salir adelante. Las lesiones, pese a ser difíciles, se recuperan. Pero los padres una vez que se pierden… Por eso la vida es lo que más valoro”, reflexionó el argentino.

Mammana, al igual que Javier Mascherano, debutó en la selección de Argentina sin hacerlo previamente en su club de forma oficial: jugó un amistoso ante Eslovenia en junio de 2014. Luego hizo su presentación en River con Marcelo Gallardo. Aunque no tuvo tanta continuidad, pudo destacarse en varios partidos y emigrar en 2016 por 7,5 millones de euros a Olympique de Lyon, equipo en el que jugaría hasta 2017 cuando se fue al Zenit.

En medio de la cuarentena obligatoria, el central se entretiene en la fría Rusia jugando play, compartiendo con su familia y mirando series. “La llevamos como podemos, pero creo que a esta altura ya no nos quedan series de Netflix por mirar. Pero hay que esperar en casa. Es por una cuestión de salud”, aseveró el exRiver.

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Siempre tiene presente de dónde viene

Sus colores son el rojo y el blanco de por vida, le apuesta al equipo de Marcelo Gallardo donde vaya. “River es todo para mí: me abrió las puertas a todo. Fue mi segunda casa, me crié ahí. Pasé momentos buenos y malos, pero gracias al club pude desarrollar mi carrera. Y también gracias a Marcelo, quien me dio la chance de debutar”, afirmó el hincha que se despierta de madrugada para ver los partidos de su club.

El fútbol lo rescató de la muerte, le dio un motivo para vivir y olvidar las carencias. Ya no pasa hambre ni va a entrenar sin comer. Ahora anda en un Ferrari, pero no olvida dónde creció. Por eso, en Merlo, una localidad ubicada al oeste de Gran Buenos Aires, labra su emprendimiento: Mammana FC, un predio de canchas de fútbol con un rol solidario.

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«De chico siempre soñé con tener mis propias canchas. Se me hizo difícil hasta que mi suegro me dijo que podía encargarse de ellas junto a mi cuñado. Lo solidario fue algo que siempre pasó por mi cabeza: además de organizar partidos a beneficio cuando vuelva a Buenos Aires, quiero armar un comedor para chicos, u organizar un evento para los pibes del barrio para el Día del Niño”, declaró quien de chico no tuvo nada. Sin embargo, su padre siempre le inculcó que debía ayudar a los que menos tienen.

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