Pedro Febles: Un maestro de la vida

“Hace poco sentí la necesidad de ir a la Isla del Hierro, España, a ver donde había nacido mi papá. Es una isla de apenas 11 mil habitantes donde todo el mundo se conoce. Ya me habían dicho que en tres de los seis bares que existen había fotos de Pedro Febles”.

Así comienza el relato en una noche madrileña de Gabriel, el hijo del medio. Sitiado por las medidas de prevención contra el Covid-19 prosigue la anécdota y aunque no se puede ver, se nota que sonríe.

“Entré a un bar a media cuadra de donde había nacido mi papá. Lo primero que me encuentro son sus fotos cuando jugaba en el Deportivo Táchira y Atlético San Cristóbal. Le pregunté a la señora que atiende quién era el de la foto y me explicó que era Pedro Febles. Cuando le dije que yo era su hijo se le salieron las lágrimas y hasta me brindó lo que pedí para comer”.

Las fotos de Pedro Febles se encuentran en los bares de la Isla del Hierro, España (Foto: Gabriel Febles)

Así recuerdan a Pedro Febles. Un tipo con un bigote al estilo retro de Tom Selleck en la serie “Magnum”. Nació un 18 de abril de 1958 en España y a los meses emigró a Venezuela. Jugó fútbol, se vistió de vinotinto, le marcó al Independiente de Avellaneda en Libertadores y fue referente en los medios de comunicación.

Cuando la migración era a la inversa, los Febles salieron de la calle El Chamorro hacia la próspera Venezuela. Pedro Juan era un bebé, muchos años después regresaría un tiempo a su punto de partida. En el nuevo mundo conoció a María Elena Argüelles con la que formaría una familia. Daniel y Gabriel los futbolistas, Mariel, la luz de sus ojos.

La familia Febles está llena de fútbol (Foto: Atlético Venezuela)

Casi una década después de su muerte aún se le estima. Se hizo un nombre en el fútbol profesional donde vistió la vinotinto, jugó tres Copas Américas y dos premundiales; fue a los Juegos Olímpicos de Moscú y como entrenador ganó un sinfín de torneos de fútbol base. Pero lo más importante fue el legado a través de sus hijos.

Leyenda en fútbol base y profesional

“Nunca nos obligó a jugar al fútbol a pesar de su influencia. Tanto a Daniel como a mí nos dio la libertad de escoger. Como padre era amoroso y muy humano, como entrenador exigente. Recuerdo que cuando tuve entre 11 y 16 años engordé y no me ponía a jugar. Una vez me dijo que hasta que no estuviese bien físicamente no jugaría porque no iba a exponerme”.

Esa dura etapa le enseñó a Gabriel disciplina, no hubo contemplaciones por ser el hijo del DT. “No iba a arriesgar su carrera, por eso fue un hombre ganador. No creo que haya otro entrenador en Caracas con tantos títulos colegiales como mi papá”.

Esa fue su pasión y una gran herencia. Precisamente los recuerdos se llevan gran parte del baúl familiar. Uno de ellos, quizás el más preciado, se gestó en Pueblo Nuevo.

Pedro tuvo un breve paso por el Unión Atlético Táchira en 1987. Marcó tres goles en la Copa Libertadores de ese año, uno aún lo atesoran sus hijos a pesar de que ni siquiera habían nacido.

“Mi hermano y yo le damos mucho valor a ese gol. Para mí fue el más importante de su carrera. Ese partido lo gana Táchira 3-2 a un Independiente que era de los mejores del continente. Muchos recuerdan ese partido por el golazo de Francovig de arco a arco, pero el de mi papá fue para ganar ese juego”, rememora Gabriel.

Daniel, el mayor, juega profesional con el Aragua. Cuando murió Pedro en 2011 tenía 20 años; la devoción hacia su padre y a ese gol, lo lleva literalmente marcado en su piel.

“Luego de su muerte encontramos una foto de la celebración de ese gol ante Independiente. Tenía una dedicatoria a mi madre y decidí tatuarme esa imagen en una de mis costillas”, contó el delantero.

Pedagogo y admirado

Fue un maestro para muchos niños, tanto los de su escuela como sus propios hijos. “Al momento no sabía que papá me enseñaba cosas para la vida; ahora que tengo un hijo me doy cuenta lo que aprendí de él”, cuenta Daniel.

Con amplios dotes de goleador, el mayor de los Febles siempre tuvo una guía para tomar decisiones. “Pero nunca me influenció, siempre tuve libertad. A los ocho años me querían los equipos de baloncesto, béisbol y fútbol de mi colegio; recuerdo que mi padre solo me dijo que practicara el deporte que me divirtiera más”.

Casa natal de Pedro Febles, calle El Chamorro, Isla del Hierro (Foto: Gabriel Febles)

Daniel admite tener más características de su madre, el más parecido a Pedro es Gabriel. “Mi papá sembró una semilla en el fútbol infantil. También tenía mucha pedagogía para enseñar en los medios de comunicación, esa la heredó mi hermano Gabriel”.

Desde Madrid, Gabriel cuida de su madre y su hermana. “Me ha tocado trabajar en lo que se pueda, en lo que tocó; pero no pierdo la esperanza de volver a Venezuela a continuar el legado de fútbol menor que dejó mi papá”.

Amado en la capital e idolatrado en Táchira

Pedro Febles jugó dos años en el Deportivo Italia, tres en el Galicia y dos en Marítimo. Pero su paso por Táchira es el más recordado; tanto sus 2 temporadas con el Atlético San Cristóbal como su año en el Unión Atlético.

“A mi papá no le gustaba ir mucho a los juegos pero una vez lo convencí a ir a un clásico en el Olímpico. Llegamos media hora antes del partido y para entrar a la tribuna principal teníamos que atravesar donde estaba la barra de Táchira. Eran como dos mil personas. Llegamos a nuestros asientos en el minuto 20, fue una locura cuando lo reconocieron e iban a abrazarlo, tomarse una foto; ahí me di cuenta lo mucho que en Táchira quieren a mi papá”, detalló Gabriel.

Y es que Pedro Febles hizo algo que en estos tiempos parecería una locura, prefirió quedarse en Venezuela antes de ir al Getafe de la segunda división. Cuenta Jaime Ricardo Gómez, uno de sus grandes amigos, que económicamente era más rentable el fútbol venezolano. “Así me contó una vez, que en el país ganaba 2 o 3 veces lo que ganaría en España”.

Y en estos tiempos, ¿Qué crees que estaría haciendo Pedro Febles? ¿Habría emigrado?

Gabriel toma unos minutos para pensar. “Es una buena pregunta. Como lo conozco me lo imagino apoyándonos en nuestra aspiración de buscar una vida mejor, pero no creo que se hubiese ido de Venezuela. Más bien estaría de lunes a viernes en un programa de radio y dirigiendo su escuelita, mientras que los sábados y domingos iría a dirigir fútbol base y al Hogar Canario a tomarse algo con sus amigos”.

La escuela que dirigió en casa sigue como la dejó.

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