Santiago “Morro” García, el futbolista que apagó su luz

“No estamos hechos de acero, nos pasan cosas y eso hace que el rendimiento dentro del campo de juego no sea el óptimo”, declaraba Santiago “Morro” García a radio Nihuil. Al futbolista le pasaban muchas cosas por dentro; sufría de depresión y eso lo llevó a quitarse la vida. 

El “Morro” García solía reír cuando estaba en la cancha, driblaba con facilidad, se movía como un auténtico 9, el que muchos equipos quisieron. Fue el héroe de un club y también el villano. Lo alabaron por los goles y apuntaron cuando cometió errores. Ya no era el mismo que en 2018 arrasó con todos los rivales. Ahora estaba retraído, con tristeza, inmenso en una enfermedad que pocos reconocen y que cada vez se hace más fuerte. 

“Son cosas que no se saben, pero cuando uno las vive de adentro, todo tiene un por qué. Repito, no es una excusa por mi bajo rendimiento. Futbolísticamente no me he sentido bien, tomo la responsabilidad de eso y por eso me quedé a recuperarme», expresaba el uruguayo, a quien el sábado 6 de febrero lo encontraron sin vida en su casa de Mendoza. 

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Apenas tenía 30 años, aún le quedaban muchos minutos en el partido llamado vida. La depresión le ganó y se suicidó. No es el primer jugador que pasa por esto, de hecho, el fútbol suele ser uno de los deportes con más casos de esta enfermedad. Según un estudio de FIFPro, el 38 por ciento de los futbolistas sufre depresión o problemas psicológicos.

Santiago estaba separado de lo que más quería; su hija y el fútbol. Recibía un tratamiento psiquiátrico. Ya tenía casi un año sin ver a su pequeña por problemas con su expareja. Su carisma se había apagado. Caminaba por las calles de Mendoza sin la alegría que lo caracterizaba. Su casa, Godoy Cruz ya no era su hogar, estaba separado del plantel. No solo por el COVID-19, sino porque el técnico ya no contaba con él. La tristeza lo inundaba, aunque no era algo nuevo. 

La lucha de Santiago García entre el fútbol y su propia oscuridad 

Santiago “Morro” García creció en el barrio Colón de Montevideo, Uruguay. Se crió con su abuela y sus primos mientras su madre trabajaba como enfermera. Su padre desapareció de la noche a la mañana. 

De pequeño jugó en un equipo llamado Boca y luego en Libertad Washington. A los 17 años debutó con el club de sus amores; Nacional. Un equipo que le abrió las puertas al mundo profesional. En su primera experiencia (2008-2011) metió 46 goles en 101 partidos. Era una joya en bruto que también se lució con la selección uruguaya en el Sudamericano sub 20 que se jugó en Venezuela y en el Mundial de Egipto 2009. 

Muchas veces recibió insultos y hasta amenazas de los hinchas de Peñarol porque siempre les marcaba. Jugaba en el equipo del que era fanático y eso lo llevó a ser muy querido. En 2011 fichó con el Paranaense de Brasil. Lo que podía ser la gloria terminó como la primera vez que se sintió en la oscuridad. En ese momento dejaba Nacional en medio de un caso de doping que marcó su carrera. 


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    “En Uruguay quedé como drogadicto, fue el primer caso en la historia del fútbol uruguayo”, afirmaba en TyC Sports. “Hubo momentos en que la pasé mal, pensé en dejar de jugar al fútbol. Un día mi hermano vio la manera en la que estaba viviendo. No prendía la luz de mi casa, estaba deprimido, no quería jugar más. Hubo muchas situaciones que me sobrepasaron», confesó quien a sus 20 años se enfrentaba por primera vez a la enfermedad que lo hundió. 

    Después de esa experiencia, el Morro García se fue a Kasimpasa de Turquía. Una época que le costó porque no pudo adaptarse a la cultura. De ahí volvió a su país, pero en Nacional ya no tuvo continuidad y paró en River Plate de Uruguay. Su punto de resurrección en medio de la tormenta. «Es un club humilde donde me sentí muy cómodo y querido. No me quería ir», decía a Clarín en 2018. 

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    De ídolo a aislado en Godoy Cruz 

    En 2016, el Morro García aterrizó en Mendoza con su hija y ex pareja para jugar con Godoy Cruz. El uruguayo rápidamente se ganó el cariño de todos los fanáticos. El delantero vivió uno de sus mejores momentos y repartió goles a todos los rivales. De hecho, se consagró como el máximo goleador del club en primera división. 

    Su mejor temporada fue en la Superliga 2017/18, donde fue el máximo anotador del torneo con 17 goles en 26 partidos. En ese momento muchos equipos argentinos y otros del exterior pusieron la lupa en él, pero no pudieron concretar un pase.  

    La magia del goleador ayudó a que el equipo mendocino participara en la Copa Libertadores y hasta a estar en la cima del torneo argentino. Peleó un campeonato con Boca, le jugó de tú a tú a los equipos más reconocidos. Sin embargo, los goles desaparecieron. Santiago García no marcaba desde enero de 2020. 

    Además, la renuncia del técnico Diego Martínez fue un punto de quiebre para él. Ya no estaba cómodo y según quería cambiar de equipo, pero su contrato era hasta junio de 2021. Su último partido fue el 19 de diciembre de 2020, cuando fue titular en la derrota de 0-2 ante Newell’s Old Boys como local. Posteriormente, solo estuvo entre la banca y las sillas del estadio por no ser convocado. 

    El presidente de Godoy Cruz, José Mansur, lo criticó por no ser un buen líder, no dijo abiertamente su nombre, pero lo dejó expuesto. Quedó solo, en su departamento de Mendoza, con la luz apagada. 

    Después de saberse la noticia muchos compañeros revelaron que les había escrito. Sin embargo, jamás se imaginaron que se quitaría la vida. Otros futbolistas como el delantero Ramón Wanchope Abila apuntó a quienes lo dejaron solo. Si alguien sabe lo que es perder a un ser querido por esta enfermedad es el delantero de Boca, su sobrino se suicidó el año pasado. 

    En medio de tantas cosas, el Morro volvió al sobrepeso, aunque esos kilos de más, no eran tan pesados como la carga que llevaba por dentro. Algunos dirán que perdió el partido más importante, pero la realidad es que esta enfermedad está goleando al mundo y solo como equipo se puede enfrentar. 

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