A Juan Contreras lo ficharon en España al verlo en una caimanera

Dicen que la suerte no existe ¿será cierto? Es un debate que muchos aún dan, pero el venezolano Juan Contreras puede que crea en ello. El muchacho de Barquisimeto no pudo firmar profesional en béisbol, disciplina a la que le dedicó 13 años, pero descubrió en el voleibol una forma de alcanzar las metas. Una de ellas llegó por lo que se podía llamar “una casualidad”.

A los 22 años el chamo que un día soñó firmar con los Medias Rojas de Boston tendrá su primera experiencia en el profesional fuera de su país. Será en España con el Club Voleibol Playas de Benidorm, un equipo de la Superliga 2 al que llega luego de ser visto en una caimanera y donde compartirá vestuario con un olímpico venezolano.

Juan comenzó a jugar voleibol en Venezuela luego de decidir en familia no dejar los estudios / Juan Contreras

Desde los 3 años se puso un uniforme de béisbol hasta los 16 años. Precisamente en el momento en que a sus padres le dijeron que Juan tenía condiciones para ser firmado, pero debía dejar los estudios. “Mi mamá dijo que no, que a ella le había costado mucho tenerme en un buen colegio y debía graduarme. Lo que ella decía era misa para nosotros en casa”.

La meta de graduarse de grandeliga estaba cancelada, pero no quiso alejarse del deporte. “No me sentí decepcionado porque si así hubiese sido no me dedicaba a practicar otra disciplina. Simplemente comenzaba a rumbear o cosas así”, contó Juan, ahora desde España.

Cambió los pantalones largos por los shorts cortos. Un día, en una caimanera en la ciudad española de Elche, una persona lo vio jugando. No cumplía funciones de scout, solamente estaba allí, viendo el partido de voleibol. Al ver sus condiciones y su 1.95 metros de estatura le consiguió una prueba de dos días, lo necesario para ganarse un puesto en el Benidorm.

Los inicios en la lomita y la esquina caliente

A los tres años los padres de Juan decidieron inscribir al niño en béisbol. Desde pequeñito aprendería a atrapar rollings en la escuela de Fundalara. En aquel entonces la pelota con la que jugaba era de nueve centímetros, nada parecido a las que para ahora con los brazos.

“Del béisbol solo me traje al voleibol la costumbre de estar agachado esperando un roletazo, ahora espero los remates”, explica Juan. Le gustaba cubrir las esquinas, pero su mayor pasión era encargarse de la lomita.

“Tenía un repertorio básico. Cambio, curva y recta de cuatro costuras y una que otra de dos costuras. Sabes, de esa que se cortaba y se le pegaba a los bateadores derechos”.

Acudió a varios nacionales representando a Lara. En uno de ellos, Fundalara escogió como refuerzo a Andrés Jiménez, un pelotero que jugaba con la UCLA y que este año debutó en Grandes Ligas con los Mets.

“Fue una experiencia bonita, me alegró ver que debutó en Grandes Ligas. Ese obviamente es el sueño de todos los que jugamos béisbol”. Otro de sus sueños era jugar con Cardenales de Lara, aunque coqueteó con Leones del Caracas, su archienemigo, en un campamento de verano. “Lo disfruté mucho, aunque después mis amigos me decían panchero”.

De los campos soleados a las canchas techadas

Cuando el momento clave llegó sus padres fueron los primeros en enterarse. Juan Contreras tenía la posibilidad de ir por una firma o una beca, pero debía hacer sacrificios. Pudo chequearse ante scouts de Milwaukee, Pittsburgh y su amado Boston, a pesar de no ser escogido la posibilidad crecía.

“Mi mamá no quiso que dejara los estudios. Desde ahí seguí entrenando béisbol, pero ya no era a diario sino tres veces por semana, mientras martes y jueves jugaba voleibol. Muchas veces me tocó jugar un fin de semana temprano el torneo de Criollitos y luego salir corriendo para un juego de voleibol”.

Juan Contreras jugaba una caimanera en Elche cuando descubrieron un talento que ya mostraba en Venezuela / Juan Contreras

Fue entonces como el voleibol le ganó terreno al béisbol. Juan Contreras se aplicó más a la malla alta en su colegio, el Diocesano. Cuando terminaba las clases, sus padres lo llevaban a los planes vacacionales de volei playa.

“Jugaba de central por mi altura, pero ahora mismo me desempeño como receptor y opuesto”.

Hola, soy Juan Contreras y vengo a ganarme un puesto

En su país no integró ninguna selección nacional, tampoco de su estado Lara. Así que decidió partir a Europa para ver a su hermana y conocer a Mateo, su sobrino que recién había nacido en Bari. “Pero el tema del Covid-19 estaba muy fuerte allí, así que decidimos venir a España”.

Estando en España sacó de su maleta el short corto. Se fue a un gimnasio, el cual no recuerda su nombre, y se consiguió con una gente que “caimaneaba”. Allí se integró en un equipo sin saber que despertaría el interés del amigo de un amigo que tiene contactos en el Benidorm, como dicen en Venezuela.

“Pues yo jugaba caimaneras y un día un señor se me acerca y me dice que tengo condiciones para jugar la Superliga. Él conocía al entrenador de ese equipo y me consiguió una prueba de dos días. Allí pude ganarme un puesto y me dieron un contrato por toda la temporada”.

El Club Voleibol Playas de Benidorm es un equipo que milita en la Superliga 2 de España. Juega en la ciudad del mismo nombre y en la campaña pasada, que se canceló por la pandemia, terminó en el puesto nueve en el grupo B, cerca de los puestos de descenso. Ese grupo lo dominó el Barça Voleibol.

“Hasta ahora no hemos tenido entrenamientos en conjunto por la pandemia. Apenas hace poco comenzamos el trabajo en el gimnasio y lo que nos han dicho es que, al parecer, la pretemporada arranca a finales de agosto”.

En ese equipo tiene un compañero con un acento conocido. Igor Hernández también jugará en el Benidorm. El cojedeño de 43 años participó en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 haciendo llave con Jesús Villafañe en la disciplina de voleibol pero en arena.

La legión de venezolanos en España será importante. Francisco Soteldo jugará en el Almoradi y Thomas Ereú será de nuevo el capitán del Teruel. “Ereú es uno de mis referentes así como Harry Gómez y Wilner Rivas”.

Mientras espera el inicio de la pretemporada, a diario sigue los resultados de sus amados Medias Rojas. Como beisbolista no pudo colocarse la camiseta gris del equipo de Boston, pero jugando con una camisa cualquiera para una caimanera le tocó el día de su suerte. Ahora será un venezolano jugando profesional en el extranjero.  

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