Adiós a Braian Toledo, el atleta que hizo lo infinito para ayudar a su gente

Se fue Braian Toledo, el lanzador de jabalina que conmovía a toda la Argentina con su historia de superación. Un accidente de tránsito, el jueves 27 de febrero, le arrebató la vida, pero no su legado. El joven de 26 años pasó de hacer las tareas de sus compañeros para comprar comida a ser un olímpico que todos estimaban.

De niño su sueño era comerse una pizza o un helado, hasta que se dio cuenta de su realidad. Braian vivía con sus dos hermanos y su mamá en el barrio Martín Fierro de Marcos Paz, provincia de Buenos Aires. Su casa de madera no tenía aguas blancas, tampoco mucha comida. Su madre Rosa salía muy temprano a trabajar limpiando casas. Una noche la escuchó llorar porque no tenía para darles de comer, ese día se propuso trabajar para ayudarla. Y así lo hizo.

Toledo, quien nació el 8 de septiembre de 1993, pasaba las madrugadas haciendo los trabajos de dibujo de sus compañeros. Los 25 centavos que cobraba le servían para comprar pan o la yerba del mate. A pesar de las penurias, era enfático al decir que su infancia había sido feliz. Faltaba todo en su hogar, menos amor, ese que solo recibió de su madre porque el padre se fue de casa.

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El fútbol, como buen argentino, era uno de sus deportes favoritos. A los 10 años el atletismo le hizo un guiño y conoció su amada jabalina. Desde entonces entrenaba para ser el mejor, porque su abuelo le dijo que debía ser el mejor en lo que decidiera hacer. Braian repetía en cada una de sus publicaciones en Instagram la palabra infinito, porque apuntaba a ir más allá.

Marcos Paz era parte de su esencia, lo vio crecer y también morir. En horas de la madrugada, el dos veces olímpico, chocó con un desnivel en la vía pública. Nadie pudo hacer nada por él. Según los primeros datos de la autopsia, sufrió politraumatismo. El amanecer en Argentina fue triste, lloroso, como las lágrimas que acompañaban a todos los que alguna vez lo conocieron.

La jabalina de oro

Después de descubrir la jabalina a los 10 años, Braian Toledo la adoptó como su mejor amiga. Pasaba más tiempo entrenando que con su familia. Su vida giraba en función de evolucionar para conseguir dinero. Su entrenador Gustavo Osorio lo acompañó en cada paso hasta verlo en dos Juegos Olímpicos. “Eramos dos en uno. Teníamos una simbiosis muy grande”, declaró Osorio en Radio Con Vos. Su gran orgullo es saber que Braian empezó de muy abajo.

Braian se dio a conocer en el país sureño en los Juegos Olímpicos de la Juventud Singapur 2010. El 22 de agosto de ese año, en el Bishan Stadium, el hijo de Rosa lanzó a 81.78 metros, un récord que aún permanece. Ese día, el niño del que se burlaban en su colegio por falta de papá ganó medalla de oro. Los ojos del mundo voltearon a verlo y en Argentina suspiraban porque tenían una joya en bruto.

Aquella marca lo dio a conocer como una promesa. El dinero para la casita de cemento también apareció y con sus manos la fue construyendo. Ahora sí había aguas blancas. Toledo iba progresando, cada entrenamiento más exigente. La cita olímpica era una meta y la logró en Londres 2012. Solo tenía 18 años, su marca de 76.87 metros lo dejó de 30° en la clasificación.

Cuatro años más tarde, Toledo otra vez se vestía de albiceleste. En Río 2016 realizó un lanzamiento de 81.96 metros, lo que le permitió pasar a la final. Terminó de décimo, con una marca de 79.81 metros. Argentina en ese momento cortó una racha de 64 años sin finalista en la disciplina. El moreno, antes de la prueba, publicó una foto con su familia. “Todo lo que necesito para entrar a la final de hoy”, decía el post .

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A los logros olímpicos, también hay que sumarle la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos Guadalajara 2011 y la de plata en el Mundial Junior de Barcelona 2012. Después de asistir a Río 2016, el chico de Marcos Paz se fue a Finlandia para entrenar con la leyenda Kari Ihalainen. Su mente y aspiraciones estaban en Tokio 2020, pero hace un año se rompió cuatro ligamentos del tobillo derecho. La recuperación fue larga y ya empezaba a retomar los entrenamientos para tratar de asistir a sus terceros Juegos Olímpicos.

El campeón de la generosidad

“Mi reflexión es que por algo pasó, algo tengo que aprender. Y por eso intento sacar el mayor aprendizaje para mañana ser mejor persona y un mejor deportista”, declaraba Braian Toledo al canal DeporTV en medio de su recuperación. En su barrio lo querían, y mucho. Siempre estaba dispuesto a dar sin recibir nada a cambio, sin ser un ídolo, solo dar a quienes no tenían.

En 2018, pese a su esfuerzo por hacer todo incógnito, se conoció que con sus ingresos ayudaba a gente del barrio. Parte de lo que recibía por ser figura de distintas marcas lo usaba para comprar ropa y alimentos. En su auto guardaba las cosas y si veía una familia necesitada le entregaba una bolsa. No era papá Noel, sino Braian, un moreno alto y robusto que de niño también sufrió carencias.

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Su labor fue viral, aunque era lo menos que él quería. Muchas empresas lo contactaron para apoyarlo y desde entonces empezó a trabajar para colaborar con más merenderos que atendían a cientos de niños. Además de diferentes organizaciones sin fines de lucro. En sus encuentros con los pequeños no les hablaba de su carrera como profesional, él se interesaba por la vida de ellos.

“Trato de transmitirles mi historia para darles esperanza en la vida. Les aconsejo que no piensen en lo material, que no se necesita tanto para ser feliz. Lo importante es que sean buenas personas, que sean solidarios”, contó, en la misma entrevista, el chico que había encontrado el amor en la atleta de tiro Sofía Lamarque.

Tenía esperanzas de volver mejor y afrontar con todo Tokio 2020. “Mis Juegos Olímpicos van a empezar a partir del 2020, cuando tenga 26. Ahí voy a hacer mejores marcas”, declaraba Braian después de su participación en Río 2016. Esta vez no habrá otra cita olímpica ni podrá lanzar al infinito y más allá. Esta vez lo que quedará infinitamente es su legado de superación y generosidad.

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