Angie Castro: Un florete que se afila en Polonia

El 11 de abril del 2019 Angie Castro tuvo que tomar una difícil decisión. Regresar a Venezuela o intentar quedarse en Polonia. Se armó de valor y sin consultar con papá y mamá habló con Rubén Limardo y se quedó. Pero ¿Cómo se habla el polaco?

Castro se encontraba en Polonia participando en un Campeonato Mundial con la selección de Venezuela. Entonces la oportunidad se dio, luego de una consulta Rubén Limardo, levantó su dedo en señal de aprobación. La floretista formaría parte de su fundación y se podría quedar en Europa entrenando.

Polonia es el centro de entrenamiento de muchos esgrimistas del viejo continente y también de otros venezolanos. Gracias a la Fundación Limardo, miembros de la selección nacional se han radicado en ese país para mejorar la técnica y estar más cerca de las grandes competencias.

La decisión fue acertada por donde se mire. A sus 19 años, Angie Castro estaba recibiendo el apoyo de la FIE (Federación Internacional de Esgrima) y de la Fundación Limardo para pulirse. Pero había un detalle, Polonia es un país tan particular y diferente a Venezuela que requiere de una buena adaptación.

Lo primero es el idioma. El polaco está considerado entre los diez idiomas más difíciles del mundo junto al húngaro, islandés, ruso, japonés y chino mandarín. “Aquí todos me hablan en inglés menos mi entrenador. Con él debo por lo menos entender el polaco y para eso lo estudio una hora al día, pero mi pronunciación no es buena”.

No es de extrañar que cueste aprenderlo. Según el portal www.idiomasblendex.com los polacos no llegan a dominar su propio idioma sino hasta los 15 o 16 años. Angie lo tiene claro. “Lo peor es que pareciera que todos hablan shi, sho, shi, sho y hay diferentes tipos de «shi, sho, shi», para mi todos suenan igual”.

Angie vive y entrena en Breslavia, en la habitación de al lado tiene como compañera a Hillary Avelleira, también integrante de la selección. Juntas han entrenado pero también se han unido para sobrellevar un país de arquitectura hermosa, pero complejo.

Tan lejos de casa

A los ocho años, Angie se enamoró de la esgrima en una exhibición. El entrenador Moisés Requena y un grupo de atletas fueron a la escuela Ciudad de Maracaibo, en Barquisimeto. Aunque fue amor a primera vista era difícil pensar que 11 años después estaría viviendo a ocho mil 881 kilómetros de casa.

Desde un inicio su arma fue el florete, nada que ver con el sable o la espada. “Es la mejor arma”, afirma mientras ríe. “Es la más compuesta y las personas que practican mi arma, puedes hacer las otras dos sin problemas”.

Desde infantil se ha codeado con tiradoras de una categoría mayor. Ahora en Polonia le ha tocado medirse con esgrimistas de países europeos con mayor rodaje. Todo con un propósito, cumplir el sueño olímpico de cualquier atleta.

Angie comenzó a entrenar esgrima a los 8 años en la sala de armas Jacinto Lara / Foto: Angie Castro

En el actual ranking de la FIE, Venezuela presenta tres jóvenes menores de 18 años en florete. Anabella Acurero es la mejor ubicada en el puesto 76, la sigue Hillary Avelleira en el 312 y Castro en la casilla 512. El cuarteto lo completa Isis Giménez, una floretista que ya fue a los Juegos Olímpicos de Rio 2016.

La pelea entre Angie y el polaco

Llegar a Polonia es una aventura. Su idioma es complicado, aunque gran parte de la población maneje el inglés. Para los visitantes es una dura prueba de resistencia e ingenio. Para la esgrimista venezolana no ha sido la excepción.

“Me pasa en los supermercados que cuando me quedo sola me pongo nerviosa. Es como cuando estaba chiquita y mi mamá me dejaba en el carrito y se iba a buscar un producto; cuando me acercaba a la caja no sabía qué hacer. Así me pasa aquí, en mi mente solo pido que no me pregunten nada, que no me pregunten nada”, cuenta.

No solo en los supermercados ha vivido experiencias curiosas. En 2019 debía ir a una competencia en Katowice (daba puntos para Tokyo) y debía tomar un tren. Angie hizo todo bien, compró su boleto y fue a la estación, pero al leer el mismo estaba en polaco.

“Perdí el primer tren por no saber leer el boleto, tuve que comprar otro. Intenté llegar al segundo tren y también lo perdí. Ahí tuve que pedirle prestado a un amigo para comprar un tercer boleto. Llegué a Katowice a las nueve de la noche cuando debí hacerlo a las tres de la tarde”.

La pesadilla no terminó allí. “Me sentía muy triste por haber perdido esos dos trenes y de paso cuando mi entrenador me vio llegar me regañó mucho. La verdad es que no entendí prácticamente nada de lo que me decía. Solo cuando me dijo que tenía 19 años y que debía saber tomar un tren”.

Aquella experiencia ahora la cuenta entre risas. Los tres trenes tuvieron un costo de 75 zlotys cada uno. Al final los dos errores leyendo boletos en polaco le significaron un costo de 51 dólares cuando solo debió haber pagado 17.

Fundación Limardo: Su tabla de salvación

Rubén Limardo y Ruperto Gascón crearon una fundación que ha impulsado a esgrimistas venezolanos a entrenar en Europa. Su sede está en la ciudad polaca de Lodz y aunque apoya a otros connacionales en ciudades diferentes la visión es la misma; buscar la excelencia.

“Hillary me convenció que hablara con Rubén para ver la posibilidad de quedarme. Él sabía quién era yo porque venía de ganar el campeonato nacional y veía futuro en mí. Tuve la valentía de proponérselo y aceptó. Ha sido un cambio grande para mí porque para que ellos te bequen hay que romperse la espalda entrenando”.

La Fundación del medallista de oro olímpico cubre hospedaje, alimentación y transporte de sus atletas. También les permite trabajar y generar sus propios recursos. Angie trabaja como árbitro y además vende material de esgrima de la reconocida marca Prieur.

La venezolana, vestida completamente de negro, fue tercera en la válida en Gdanks, Polonia / Foto: Angie Castro

Estando en Polonia, Angie ha podido asistir a competencias importantes y estos han sido sus resultados:

  • Octava en el campeonato europeo sub 23 en Gdanks, Polonia
  • Tercera en la primera válida nacional adulto, Gdanks, Polonia
  • Tercera en la primera válida nacional juvenil, Gdanks, Polonia
  • Puesto 96 en la Copa del Mundo juvenil en Bochum, Alemania
  • Décimo sexta en la Puchar Polski Junior Poznan, Polonia
  • Décima en la Puchar Polski Junior, Bydgoszcz, Polonia

“Estar entrenando aquí me demuestra que los esgrimistas venezolanos somos guerreros. Con todas las carencias a las que debemos enfrentarnos siempre salimos adelante. Tenemos un corazón muy grande y estar entrenando en otro nivel, con compañeros de otros países me lo reafirma”.

No estar en casa le exigía sacrificios. La compañía de sus padres y hermano. Las sesiones con su entrenador, dos semestres de psicología y ciencias aplicadas al deporte y su cama; todo por su sueño olímpico.

El camino es claro. Debe seguir trabajando en la pedana y con el diccionario español – polaco, también le toca luchar contra el duro invierno pero siempre con la mira puesta en París 2024.

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