Javier Guédez construye piscinas como construyó su sueño olímpico

Siempre se ha levantado a las cinco de la mañana, mientras el sol aún duerme. El ritual sigue siendo el mismo, se asea, desayuna y sale cuando está a punto de amanecer. El judoca Javier Guédez no ha cambiado mucho su rutina, antes lo hacía para construir su sueño olímpico, ahora lo hace para construir piscinas en Estados Unidos.

El enfoque no tiene por qué cambiar. En su etapa como atleta solo quería destacar, colgarse una medalla e ir a unos Juegos Olímpicos. Pues esa meta la pudo cumplir, compitió en los tatamis de Beijing 2008 y Londres 2012; ahora se siente satisfecho de imaginarse a las personas disfrutar bañándose en la piscina que ayuda a construir.

“Me costó mucho adaptarme a esta nueva vida. Muchas veces me preguntaba qué hacía yo aquí. Cuando me veía todo sucio me cuestionaba sobre el por qué yo trabajaba en esto que jamás hice en Venezuela. Ahora me da mucha alegría imaginarme a la gente feliz metida en su piscina. Un granito de esa felicidad la puse yo con mi trabajo”.

Javier Guédez fue uno de los atletas más destacados de una generación brillante de judocas venezolanos. Junto a Ricardo Valderrama, Ludwing Ortíz, Richard León y otros tantos elevaron la disciplina a ser potencia en América. Hoy casi todos ellos han emigrado y cumplen labores de entrenadores en otros países forzados por la dura situación país.

Guédez prefirió por los momentos alejarse un poco del tatami y arremangarse la camisa para meterse de lleno en la construcción. La sabiduría milenaria del arte marcial a la que le dedicó su vida ha sido su principal apoyo.

“He cumplido mi proceso de aceptación porque el judo me ayudó a tener tolerancia y paciencia. Adaptarme a lo que sea, trazarme metas, trabajar y lograrlas. Antes me deprimía porque hay venezolanos que me reconocían aquí en Orlando y me veían trabajando fuera del deporte; pero cuando llegaba mi pago semanal veía que con eso podía ayudar a mi familia que está acá y en Venezuela”.

Primera parada: Panamá

En 2016 Javier Guédez decidió probar suerte fuera de su país. El primer reto ameritaba mucho esfuerzo y sacrificio. Al larense se le encomendó levantar y masificar el judo en la provincia panameña de Chiriquí. Nada más al llegar se dio cuenta que había mucho trabajo por hacer.

“El nivel del judo en Panamá es bajo. Solo tenía dos atletas en esa parte del país. Tuvimos que trazar una planificación exigente porque la idea era sacar una selección. Cuando informamos que habría entrenamientos dos veces al día nos decían que estábamos locos. Los padres y entrenadores allá no estaban acostumbrados a eso”.

Conseguir talento se tornaba cuesta arriba. Javier solo tenía dos atletas a su disposición y la idea era armar un grupo para ir a los Juegos Olímpicos de la Juventud en Buenos Aires. La presidenta de la Federación de Judo de Panamá le asignó esa gran responsabilidad.

“Al final teníamos 16 atletas y se subió el nivel a tal punto de que logramos que dos de ellos clasificaran a esos juegos. Luego la federación me encomendó a la selección nacional juvenil, iba escalando, pero comenzaron a quedar mal con los pagos”.

Y no, no solo en Venezuela la economía y la dirigencia incumplida es un mal. El judoca olímpico comenzó a sentir en su bolsillo que la situación cada día se volvía insostenible. Su esposa y su hijo eran una responsabilidad muy grande que le obligaba a tomar decisiones.

Javier Guédez, tercero de derecha a izquierda, forma parte de una generación brillantes de judocas venezolanos / El Impulso

“En Panamá comenzaron a retrasarse los pagos, a veces uno y dos meses. Me tocó pedirle prestado a entrenadores para cancelar el alquiler. Otra cosa, ni la federación ni el Comité Olímpico de allá lograron sacarme el permiso de trabajo. Por esta razón no pude ir a los Juegos Olímpicos de la Juventud con los dos atletas que clasificamos”.

Era el momento de tomar decisiones importantes. Ya Javier Guédez había rechazado una propuesta de Colombia por estar comprometido con Panamá, pero amor con hambre no dura. Había llegado la hora de buscar el sueño americano, volver a un país que lo vio ganar el oro en el Panamericano de judo en Miami en 2018.

Segunda parada: Restaurant La Fogata, Orlando, Florida

Un amigo de la familia le tendió la mano en 2018. Estaba en la ciudad de Orlando, Florida, estado con la mayor cantidad de inmigrantes venezolanos. El idioma, el calor y la masiva compañía de connacionales lo atrajeron.

“Llegué trabajando en el restaurant La Fogata. Tenía que recoger cosas, platos. Era un trabajo que ya lo había hecho en Venezuela porque mi cuñado tiene una empresa de festejos y yo lo ayudaba. Mientras trabajaba allí me conseguí a muchos venezolanos que me reconocieron. Periodistas que trabajaban como meseros y otros atletas de selección”.

Allí vivió sus primeros momentos incómodos. “Una compañera del taekwondo estaba comiendo con su esposo y me preguntó que, si yo era Javier Guédez, le respondí que sí. Muchos se indignan al ver que, pese a mi trayectoria, con dos Juegos Olímpicos, tengo que trabajar en otra cosa. La manager del restaurant se sorprendió cuando supo quién era yo. Recuerdo que me dijo que entendía que la situación en Venezuela era fuerte, pero que estaba mejor allí en Estados Unidos”.

La sabiduría del judo nuevamente se pondría a prueba. Tolerar, adaptarse y luchar. El foco seguía siendo el mismo: pelear en la vida como lo hizo en el tatami. La meta no era una medalla sino el bienestar de su familia.

Así llegó al sector de la construcción, tan complejo como desconocido para él. El nuevo oficio requería de mucho esfuerzo físico y conocimientos hasta ahora extraños.

El larense representó a Venezuela en todos los eventos del ciclo olímpico / El Impulso

“La verdad me han ayudado mucho. Los primeros días cuando me veía sucio no entendía por qué yo tenía que hacer eso. Hasta me provocaba regresarme. Pero eso les pasa a muchos, ya he visto médicos, ingenieros y otros profesionales venezolanos trabajando en lo que sea. Cuando estás aquí no importa lo que hayas sido en Venezuela; debes empezar desde cero”.

Pero la nueva experiencia causó episodios de dificultad y hasta de humor. “Comencé como ayudante en la construcción de piscinas. Mi labor era hacer las elevaciones y empezando una vez el piso me quedó por arriba de donde debía. Un señor tuvo que pasarle lija para emparejarlo”, cuenta entre risas.

Nada de raro tiene el cuento, le pasa a muchos a los que les toca aprender un oficio sobre la marcha. “He hecho cosas torcidas. Tengo compañeros venezolanos que me dicen que todavía me quedan los clavos torcidos. Pero me ayudan mucho, quizás otras personas me hubiesen botado. Pero ya he aprendido mucho e instalo piscinas bien”.

Su condición física, por haber sido atleta de alto rendimiento, le ayuda. “Cuando me toca descargar materiales es exigente. Otra de las cosas que pega aquí es el sol. En verano es muy fuerte y el sol de las cinco de la tarde parece el de las dos. Yo me pongo guantes y camisas manga larga para evitarlo pero que va. Les digo a mis compañeros que me hace recordar cuando yo me forraba para salir a correr a las 11 am en Venezuela cuando quería bajar de peso”.

Estando en Orlando ha podido tener acercamientos con su amado judo. Consiguió un pequeño gimnasio donde asiste una vez a la semana con su hijo de cinco años, también llamado Javier. “Sería una buena idea montar un gimnasio aquí. En esta parte de Florida el judo no es tan popular, pero de pronto metiendo otras artes marciales puede resultar”.

El recuerdo de una carrera brillante

Javier Guédez no es muy alto, pero si atlético y fuerte. Su poder físico y depurada técnica lo llevó a ganar medalla de oro para Lara en seis Juegos Nacionales; una marca que impresiona. Escuchar el himno de su estado en la cima del podio lo emociona. “Era lo máximo ganar para mi estado Lara a quien quiero y extraño tanto”.

En los Panamericanos de Rio 2008 se colgó la medalla de bronce. Ganó los Panamericanos de la disciplina en Santo Domingo 2002, Miami 2008 y Buenos Aire 2009. Repitió la presea dorada en las Copas del Mundo de Margarita 2010 y Puerto La Cruz 2011; además fue múltiple campeón de la Copa Simón Bolívar.

Pero el éxtasis de su carrera llegó en los Juegos Olímpicos. En Beijing 2008 acarició una medalla. “En esos juegos de China estuve a punto de pasar a la semifinal de los -60 kilogramos, pero perdí por una amonestación ante el campeón mundial de ese año, el holandés Ruben Houkes”.

Cuatro años más tarde llegó su revancha en Londres. “Le gané al chino, pero perdí con Rishod Sobirov de Uzbekistán, que en Beijing había ganado la medalla de bronce”.

600Javier Guédez compitió en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 y Londres 2012 / El Impulso

Su última gran alegría como atleta fue en 2015, en el Grand Prix de Corea del Sur. No muchos apostaban por Javier Guédez pero para sorpresa de esos, se metió en el quinto puesto. “La pelea por la medalla la pierdo con Orkhan Safarov de Azerbaiyán que venía de ganar preseas en los mundiales”.

La nostalgia de los momentos vividos a veces lo golpea. Su patria, parte de su familia quedó atrás, quién sabe por cuánto tiempo. La tristeza es su compañera desde que tomó maletas y cruzó la frontera, pero no lo amilana para seguir luchando por su familia.

“Siempre pienso en que quiero regresar. Mucha gente me dice que Venezuela no es la misma que yo dejé”, cuenta y toma una pausa. “Tendrán razón, pero yo quisiera volver algún día y montar mi gimnasio. Me gustaría formar atletas que representen al país con el mismo orgullo que lo hice yo”.

3 comentarios

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