Joaquín Arbe: el albañil olímpico de Argentina

Joaquín Arbe mezcla cemento con tanta velocidad como cuando corre en las calles de Argentina. Cada podio al que se sube es un paso más para terminar su casa. El albañil ha saltado miles de obstáculos tanto en la pista como en la vida. Sus zancadas lo llevaron a clasificar al maratón de Tokio 2020, aunque no sabe si el coronavirus lo dejará competir.

Arbe guarda cuarentena nacional junto a su familia en Esquel, provincia de Chubut.  Su plan de entrenamiento ha cambiado por completo desde que apareció el Coronavirus en Europa. Tenía el foco puesto en el Mundial de Media Maratón que se iba a correr en Polonia el 29 de marzo. Su suspensión, hace dos semanas, le hizo voltear a ver la pista para participar en el Grand Prix en Concepción de Uruguay. También lo postergaron.

Las noticias de todos los cambios las recibió mientras entrenaba en Cachi, provincia de Salta. El lugar más alto de la Argentina. Su entrenador le fue ajustando el chip hasta que ya no pudo más. La amargura de ver frustrada su participación en el Mundial hizo que las ganas de entrenar disminuyeran. “Ahora apunto al nacional del 17 y 18 de abril. No se sabe si competimos o paran todo. Ojalá no lo suspendan”, respondió Joaquín antes de volver a Esquel.

Sus jornadas en la altura tenían una pauta de entrenamiento; cuatro días doble turno y el resto uno solo. En los ratos libres la distracción iba entre los juegos de play y las partidas de truco. Al estar lejos de su familia el contacto diario lo hacían por mensajes y llamadas. Esta era la cuarta vez que Arbe viajaba a Cachi; las dos primeras le sirvieron para prepararse y obtener su boleto a los Juegos Olímpicos en el Maratón de Buenos Aires.

A pesar de no saber qué pasará en los próximos meses, la motivación de Joaquín Arbe sigue siendo Tokio 2020. Además de sus tres hijos y su esposa Alejandra. Sin embargo, su cabeza también está puesta en terminar de construir su casa. “Me queda mucho por trabajar”, contaba días atrás cuando creía que al no tener competencias perdía el tiempo en Cachi. Ahora está en la fría Esquel, lugar que lo vio crecer y entrenar en los inviernos de montañas nevadas.

De jugar metras a la clasificación olímpica 

Su pasión por el deporte comenzó luego de que sus amigos de jugar metras (bolitas en Argentina) lo dejaran para ir a la escuela de atletismo. «Siempre me regresaba a casa, pero un día los acompañé y me probaron en la pista. Ahí me empezó a gustar. Después, ellos ganaban en las bolitas y yo en el atletismo», recordaba sobre sus inicios cuando apenas tenía 13 años.

Joaquín Arbe ha representado a la Argentina en distintos torneos internacionales. Sus pruebas favoritas son los 21K y los 1500 y 5000 en pista. En las categorías menores asistió a los Sudamericanos y ganó plata en Cross Country. En la sub 23 se quedó con la de bronce y en la mayor una de plata en el Iberoamericano de San Pablo.

El 22 de septiembre de 2019 es una fecha histórica para Joaquín. Ese domingo, a pesar de que no tenían luz, su familia lo vio llegar en 2:11.02 al Maratón de Buenos Aires. Hizo la marca para clasificar a los Juegos Olímpicos. Sus planes eran sumar puntos para ingresar por el ranking, pero su velocidad le dio el cupo. Aquel día largó con short y zapatos de distintas marcas. El sábado New Balance le anunció que ya no tendría patrocinio.

Dos meses antes, el trigueño se había despedido de sus hijos Maia y Emanuel. Su esposa Alejandra estaba con un embarazo avanzado. Por primera vez, Arbe tuvo los recursos económicos para viajar a Cachi a preparar los 42K. La planificación fue tan exacta que su tercer hijo, Erick, nació el 23 de septiembre. Un día después de que su papá lograba el boleto a Japón. La celebración fue doble en la familia Arbe.

Un campeón de saltar obstáculos 

Joaquín Arbe es muy bueno saltando obstáculos en la pista, también en la vida. Su historia no solo está relacionada con la albañilería y los bloques que coloca en su propia casa. Al atleta de 29 años le ha tocado hacer diversos trabajos. Aunque sería lo ideal, no siempre se dedicó plenamente a entrenar porque también debía mantener a su familia.

Actualmente, el maratonista cuenta con una beca del Ente Nacional de Alto Rendimiento. Sin embargo, fue después de clasificar a Tokio 2020 que se la otorgaron. En 2016 le habían dado una y al año siguiente se la quitaron. La provincia de Chubut también lo ayuda económicamente desde hace unos años. Al conseguir su boleto a los Juegos Olímpicos pudo firmar con Nike y otros patrocinantes.

https://www.instagram.com/p/B4KnVQynztU/

Más allá de los recursos, el joven de Esquel también ha superado los dolores de esforzar su cuerpo. En 2018 tuvo que parar un semestre porque lo operaron de una hernia inguinal. «Yo tenía pubalgia y me mantuve con calmantes para no perder carreras. Me acostumbré a correr con molestias porque el atleta de alto rendimiento siempre tiene dolores», confesaba antes de la operación.

Para él, todo está en la fuerza mental y la buena preparación física. No teme a los inviernos ni a los veranos. Le ha tocado entrenar mientras hace -15 grados en su ciudad. Su temple le ha permitido levantarse ante las dificultades y seguir por sus objetivos. En lo personal espera terminar su casa, y en lo deportivo correr la maratón olímpica. Pensar en Tokio lo invita a seguir despegando sus pies del suelo para volar a cumplir su sueño.

Lea también: Ramiro Cattani: inclusión y alegría en el running

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba