Katherin Echandia: Oro con fuerza y delicadeza de mujer

La tarima espera por ella, sus manos perfectamente arregladas con las uñas pintadas de dorado cargan un total de 162 kilos. Su emoción desborda, el grito de euforia va al compás del público que la apoya. ¡La abanderada de Venezuela, Katherin Echandia es la segunda medalla de oro para sus país en los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018!

«Yo les dije que venía con todo y aquí estoy», expresa con un tono acelerado la pesista tras recibir la medalla que tanto soñó. «Me siento muy orgullosa de mí y sé que los venezolanos vamos para más», prosigue la joven que lloraba cuando el tricolor subía a lo más alto del pabellón África y el Gloria al Bravo Pueblo retumbaba en el Parque Olímpico.

El día antes de su competencia no pudo asistir a la inauguración, ya que debía descansar para el gran momento. En su teléfono observaba la ceremonia, mientras que pensaba en los movimientos que debía hacer en la plataforma. «Me enfoqué en prepararme psicológicamente para poder controlar mis nervios y concentración. Todo lo que visualicé me salió», cuenta sonriente después de saludar a decenas de venezolanos que se contagiaron con su alegría.

Desde que clasificó a la cita olímpica en Buenos Aires, la dama, que compite en la categoría de 44 kilos y mide 1,47 de estatura, se propuso  ser la primera y romper el récord olímpico. En búsqueda de esto, alzó 72 kilogramos en arranque y 90 en envión. Sin embargo, cuando ya iba por su objetivo, en la mesa no sabían cuál era el peso que debía pedir.

«Quería ir por el récord olímpico, preguntamos cuál era el récord y nadie sabía. Es algo ilógico. Se nos pasó el tiempo y me enfrié en la sala de calentamiento. Ya cuando salí hice la técnica toda descordinada porque llevaba mucho tiempo sentada», detalla la atleta que en el tercer intento solicitó 93 kilos y no pudo. No obstante, ya había hecho todo para reinar en la prueba.

La niña, que descubrieron cuando tenía 11 años en una escuela de talento deportivo, siempre ha roto los estereotipos. En la cita olímpica no podía ser la excepción. «Me dijeron que la abandera tiene una maldición, pero yo dije que no, yo iba a dejar a Venezuela en alto», revela con la misma seguridad que mostró en la plataforma 4×4.

Su feminidad jamás la pierde, pues así como se preparó psicológicamente para este domingo 7 de octubre, también tuvo tiempo para planchar su cabello y maquillarse.  «Siempre me gusta competir súper bella, es algo que está en mí y la gente se conmociona porque hay una pesista pintada. Me gusta ser así», confiesa en medio de solicitudes para tomarse una selfie con ella.

Este es apenas el comienzo de una carrera que promete, lidera todo y aspira a emular lo mismo en la categoría mayor. «Este no es el final, sino el comienzo de una carrera larga y exitosa.Yo me veo como una campeona olímpica», remata en medio de entrevistas, quien cumplió al pie de la letra lo que sus padres le pidieron al salir de su tierra: recordar que competía por ella, por su país y su corazón.

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