La crisis obligó a Valeria Antolino a saltar por España

En septiembre del 2021, Valeria Antolino cumple cinco años desde que se fue de Valera, rumbo a Madrid. Ese camino que millones han tenido se transitar como consecuencia de una crisis a la que no se le ve final. A pesar de los pesares, es un camino de ida y vuelta que ha cuidado, celosamente, seguir recorriendo porque “aunque Venezuela esté como esté, siempre quiero volver”.

Valeria tiene 19 años y al momento de partir a la tierra de sus abuelos, formaba parte de la selección de saltos ornamentales de Venezuela. La dura situación económica alentó a sus padres a trasladarse a Madrid, allí la familia buscaría un mejor futuro y la clavadista más y mejores oportunidades de entrenar.

“Mis papás conocieron al director de la federación de Madrid y le preguntaron si yo podía entrenar en su escuela. Allí solo entrenan españoles pero yo tengo la nacionalidad por mi abuela paterna que llegó a Venezuela en plena Guerra Civil española”.

Así se gestó una dura transformación para Valeria Antolino. Ahora, cuando gana una competencia, suena la “Marcha Real” y no el “Gloria al Bravo Pueblo”. Un talento nacido y formado en Venezuela cambiaba de rumbo y juraba triunfos a una patria muy lejana a su Valera querida.

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“Es increíble como nadie de la federación venezolana me llamó para saber por qué me estaba cambiando. De hecho, cuando llegué a España mi intención era seguir siendo parte de la selección de Venezuela, pero se me hizo muy complicado, no viajábamos. Mi sueño siempre fue ir a unos Juegos Olímpicos con Venezuela, pero ahora estoy trabajando para que sea con España”.

La diáspora ha hecho que casos como estos abunden. Es más, en los próximos años, cuando los pequeños hijos de los migrantes crezcan, se podrán dar muchísimos más. El ejemplo más notorio y mediático fue el de Garbiñe Muguruza, ex número uno de la WTA, nacida en Caracas pero formada en Barcelona, España; quien decidió representar a ese país en una decisión que algunos criticaron, pero que es difícil pensar que fue equivocada.

A su llegada a España se llevó una gran sorpresa. Su presencia llamó la atención de los medios de comunicación que cubren la disciplina. También, la página de La Liga le hizo una entrevista  que tituló “la promesa que llegó de Venezuela”. “Me causó mucha emoción cuando vi el título de esa nota. Me siento valorada”.

Desde los 9 meses en el agua  

En pleno campeonato europeo en Budapest, Hungría, Valeria aprovecha el día libre para conversar. Las seis horas de diferencia se notan en el hablar pausado de la saltadora valerana pero nacida en Mérida.

“Yo nací en Mérida pero me fui a Valera de muy chiquita. En mi casa siempre se ha hablado de deportes porque mi papá fue futbolista y mi mamá pacticaba gimnasia artística y taekwondo. Yo entrené natación desde los nueve meses porque prácticamente nací en el agua”.

Su mamá la inscribió en natación en el Country Club de Valera pero le dijeron que la llevara al Polideportivo. Allí se inició también en la gimnasia artística y paralelamente hacía flamenco. Un día la profesora de natación dejó de ir y su mamá le propuso comenzar en los saltos.

“Me daba muchísimos golpes en el agua. Al hacer un salto nuevo que no le tienes confianza, te puedes perder en el aire o resbalarte. Mi primer evento nacional fue a los cinco años en Yaracuy y quedé de última. Me fue muy mal porque no tenía la edad pero me llevaron porque hacía todos los saltos”.

Valeria, entre risas, aseguró que era muy mala. “Era malísima. No estaba nerviosa pero fui a hacer un salto en el que tenía que caer de pie y caí de lado. Me dieron cero. Recuerdo que estaba muy triste pero pasé la página muy rápido porque veía aquello como un juego”.

Así que le llegó una revancha dos años después, en Cumaná. “Recuerdo que estaba cayendo un palo de agua y me tocó hacer un simple atrás. Me dieron ocho, estaba muy contenta”.

Precisamente a los ocho años fue llamada por primera vez a la selección nacional para disputar los Juegos Escolares en La Habana. Ya había dejado el flamenco para dedicarse enteramente a los saltos, a pesar de querer seguir bailando.

La marcha a España

La chaqueta con la tricolor y las estrellas eran parte de su closet. Valeria ya sabía lo que era representar a Venezuela en competencias internacionales, una de ellas fue el Grand Prix de Madrid. Con 13 años, la andina fue con la selección nacional a competir en el país de su abuela, lo que le dio una perspectiva diferente.

“Llegamos con bastantes días de antelación. En un entrenamiento caí boca abajo al lanzarme desde la plataforma de 10 metros. Tuvieron que sacarme del agua porque no podía respirar. A la semana siguiente competí y ahí sí entré de cabeza”.

Para ese entonces, el entorno familiar ya manejaba la posibilidad de emigrar. “Mis papás se querían ir de Venezuela y lo más fácil era venir a España por tener papeles. Al año y medio ellos se regresaron y yo me quedé acá sola”.

Representando a España consiguió el subcampeonato en trampolín de un metro en el europeo junior en Finlandia (2018). Al año siguiente obtuvo su pase a los Juegos Olímpicos de la Juventud en Buenos Aires, allí fue décima en la final del trampolín de tres metros. También fue tercera de Europa en junior, en una competición en Rusia.

La preparación y los viajes eran mejor y más frecuentes, en comparación con lo que tuvo en Venezuela. Recientemente pudo ver a sus excompañeros en el Preolímpico de Tokio. “Me dio mucho gusto verlos después de tantos años. Me hubiese encantado ser parte de esa selección, pero es duro lo que se vive en el país con el apoyo a los atletas. Oscar Ariza y Jesús González están entrenando con una beca de Rusia, Elizabeth Pérez está en Estados Unidos”.

Siempre quiere regresar

Aún en año de pandemia, Valeria regresó a su hogar en Valera para pasar diciembre en 2020. Desde que se fue, vuelve por lo menos una vez al año. En las fotos de su Instagram abundan recuerdos recientes con su familia, viajes a la playa. Debe aprovechar el poco tiempo que tiene en el lugar que la vio crecer.

“Cuando voy a Venezuela y me regreso es muy fuerte. Paso una semana llorando extrañando a mis padres, mis abuelos, mis primas, hermanas y a mis amigas del colegio. Aunque las cosas sigan mal esa es mi casa, hasta mi cuarto, que comparto con mi hermana, continúa igual como lo dejé”.

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El sentimiento de extrañar la selección de la tierra que siente suya y de escuchar su himno sigue en su memoria. “Mi papá me ha preguntado si siento algo cuando escucho el himno de España, porque también soy española. Ahora represento a este país y me da dolor saber lo que viven los atletas en Venezuela. En diciembre entrené en la fosa del polideportivo de Valera y el agua estaba buena, pero la plataforma está llena de huecos. El deporte se mantiene por los padres y no por las autoridades que deberían encargarse”.

El sueño de Valeria Antolino era clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokio, pero una lesión la complicó el camino. Ahora esa meta se postergó hasta Paris 2024, vestida con los colores de España y no con los de Venezuela.

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