La inclusión ganó en la inauguración de Buenos Aires 2018

«Es increíble, mamá», comenta Alana en su silla de ruedas con un tono de inocencia en medio de las luces, acrobacias y música que le dan la bienvenida a los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018. Su asombro es el mismo que muestran las más de doscientas mil personas que observan la primera inauguración en la historia fuera de un recinto deportivo.

«Bienvenidos a un evento histórico aquí en la Argentina. Esta fiesta es para ustedes», dice Matías Martín. Minutos después, el icónico Obelisco se convierte en el lienzo perfecto para mostrar el arte. «Mira mamá, es hermoso», expresa Alana Pereira Hoffmann al ver como caía la noche y las luces iluminaban la ciudad.

La bandera de su país viste el monumento para que se entone el himno nacional de Argentina a una sola voz. Ella se vuelve a emocionar, toma el teléfono de su mamá y graba un video para guardar esos instantes.

Foto: Leopoldo Carrasquero

Hace seis meses atrás, una valla que anunciaba la cita olímpica llamó la atención de esta joven, ella quería estar ahí rodeada de atletas y ver a una de sus agrupaciones favoritas de acrobacias: Fuerza Bruta, quienes desplegaron todo su talento al mostrar cada una de las disciplinas con un juego de luces y mucho equilibrio.

“Nosotros llegamos hace seis meses a capital porque a Alana le hicieron una operación. De hecho, ella tiene treinta tornillos de titanio y dos barras. Apenas vimos el anuncio me dijo que la trajera a la inauguración y la llevara a ver los deportes”, comenta su madre Noelia Hoffmann, quien le cumplió el deseo a su pequeña porque como profesora de educación física reconoce la importancia del deporte.

La argentina de 13 años nació con mielomeningoceles, un defecto que perjudica la columna vertebral y el conducto raquio que no se cierra antes del nacimiento. Su discapacidad no le impide soñar, pues junto a su hermano va a la cancha de baloncesto y juega con él desde su silla. “Yo sé encestar, a veces le gano. Me encanta compartir con él”, susurra la joven de Mendoza al quitarse el tapabocas que lleva puesto.

Foto: Leopoldo Carrasquero

A pesar de que no era algo planificado por la organización de los juegos, colocaron un espacio improvisado para que varias personas con sillas de ruedas pudiesen vivir el espectáculo con una relativa comodidad, ya que en la zona de invitados, atletas y prensa ya no cabe un alma.»Lo hicieron porque me quejé con todos los voluntarios», reclama Hoffmann.

Las abanderadas desfilan mientras que Alana sigue impresionada por lo que está pasando. Ella no es la única, otros también expresan su asombro. Aunque por momentos se escuchan quejas, ya que no todas las pantallas proyectan lo que ocurre en el escenario principal y el anunciador no describe nada.

La llama olímpica la transportan a través de un camión junto a atletas emblemáticos de la ciudad. La adolescente de Mendoza no los conoce a todos; sin embargo, los admira por estar ahí. Su deportista favorito aún no asiste a Juegos Olímpicos, juega baloncesto con ella y hace unas semanas recibió la bicicleta que quería para comenzar en el ciclismo.

“Mi hermano es mi atleta favorito porque él juega conmigo, me encanta ir a verlo”, suelta apenada la muchacha. Su madre la proteje, la invita a que disfrute esas horas que nunca había vivido. Ella sabe que esto lo recordará por siempre.

“Para la discapacidad el gran límite que deben pasar los niños es el contacto con los padres. Ella, sin ser atleta, ya ganó al poder estar aquí”, reflexiona la madre que revisó el calendario de las disciplinas y espera poder estar con su hija en alguno de los parques para vivir más de cerca la emoción de los Juegos Olímpicos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba