La media más linda y rápida de Sudamérica

«La carrera más linda», así le llaman los corredores a la media maratón de Buenos Aires. Es la más grande de Sudamérica, y también la más rápida. El keniata Bedan Karoki se encargó de reafirmarlo.

Este domingo 25 de agosto, más de 20.000 personas aprovecharon un clima fresco para dejar sus huellas en el asfalto porteño. La largada estuvo envuelta de emociones, música y la bandera albiceleste que arropaba a los participantes mientras entonaban a una sola voz el himno de Argentina.

El conteo regresivo hizo estallar los gritos, saltos y aplausos. No había espacio para ver otros colores que no fuesen los de las remeras y banderas.

Los primeros en salir fueron los atletas con condiciones especiales. Posteriormente, arrancó el pelotón élite con aquellos que a un paso sincronizado buscaban subirse al podio. Por último, pero no menos importante, aparecieron los amateurs, los que corren por superar sus propios tiempos y darse cuenta que sí pueden.

La ciudad de la furia los observaba, el público aplaudía, muchas veces sin conocer nombres. En el arco los organizadores y los animadores esperaban récords. El clima era ideal; sin frío ni calor. Los elites con sus zancadas sincronizadas se acercaban al arco. La pantalla con tomas de sus movimientos anunciaban la esperada llegada.

Karoki, con su marca de 59.7, pasaba la cinta blanca de la organización Ñandú y se quedaba con el primer lugar; seguido de Seifu Turu Abdiwak y Paul Lonyangata.

La emoción porque cuatro africanos llegaban antes de la hora contagiaba a los presentes. Sin embargo, la alegría llegaría con el primer argentino; Joaquín Arbe (1:02.58), quien dos días antes había bajado de la altura de Cachi y estaba nervioso de que le pudiera afectar en su carrera.

En silencio y con la fuerza que le quedaban en sus piernas, aparece la primera mujer; Abadel Brihane con 1:7.48, récord del circuito. Por su parte, la representación albiceleste celebraría con Marcela Gómez, que desde hace años reside en Brasil y volvió a casa para brillar.

Los abrazos, llantos y gritos serían los protagonistas debajo del arco. Ya no había podio al que subirse, pero sí las marcas personales que se rompieron. Las más de 20.000 personas disfrutaron de una ciudad que se vistió de gala para acompañarlos en el desafío.

Atrás quedaron las excusas y dudas. Como dice Bon Jovi en su canción It’s my live -tema que acompañaba a los corredores en su salida-, la vida hay que vivirla porque es ahora o nunca. La lección fue entendida por todos y ahora ya planifican el próximo reto.

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