Muhammad Alí, el gran mito del boxeo

Ningún atleta ha trascendido en el deporte como Muhammad Alí. Fue uno de los deportistas más importantes del siglo XX y para muchas personas es un símbolo de convicción y fe. A cuatro años de su muerte, no solo el deporte lo extraña por el compromiso, entrega y garra que demostró en cada pelea; sino el mundo entero porque fue un ejemplo de superación, valentía y constancia que cautivo a todos. Un hombre que fue fiel a sus principios y valores.

El más grande de todos

Alí fue un competidor nato, fascinó al planeta con su carisma y carácter atrevido. Fue un campeón con un toque de rebeldía y acumuló un palmarés extraordinario: triple campeón del mundo de los pesos pesados y campeón olímpico de los semipesados en 1960. Acumuló 56 victorias con 37 nocauts y perdió solo en cinco oportunidades.

Muchos boxeadores han tratado de imitarlo en el cuadrilátero, pero Alí fue inigualable. Con su estilo elegante, lírico y poco ortodoxo escribió con letras doradas su nombre en lo más alto de la historia del deporte. Nadie ha conseguido lo que él alcanzó.

“El combate del siglo”

A lo largo de los años, el mundo ha sido testigo de confrontaciones pugilísticas épicas, peleas que han marcado la historia del boxeo y Alí fue protagonista en varias de ellas. La pelea Alí vs Liston en 1965; “Thrilla in Manila” con Frazier en 1975 y “Rumble in the Jungle” con Foreman en 1974, la pelea del siglo. En aquel combate, Alí le recordó al mundo por qué es el más grande de todos los tiempos.

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Alí y Foreman firmaron la mejor pelea de la historia en la capital de Zaire, país que actualmente es la República Democrática del Congo. Foreman llegaba en condición de favorito porque era más joven y logró vencer sin contratiempos a dos boxeadores que en su momento habían derrotado a Alí: Joe Frazier y Ken Norton.

Sin embargo, la inteligencia de Alí en el cuadrilátero era superlativa. En aquel combate, Alí iba contra las cuerdas y se dejó pegar asalto tras asalto, resistió a los potentes golpes de Foreman, quien hace algunos años -en 2009 en el documental Facing Ali- expresó que lo intentó con todos los golpes, “él los recibía y me susurraba: ¿Eso es todo, George?”.

Era parte de su estrategia: agotar a su rival, y lo consiguió. En el round 8, los golpes de Foreman carecían de potencia y Alí arremetió con fuerza. Sacó un derechazo que fue letal para Foreman, quien cayó a la lona derrotado: “Probablemente, el mejor golpe de la noche nunca se dio. Mientras yo caía, tambaleándome, tratando de controlarme, Alí me vio mientras caía… Normalmente, ahí golpearías al contrincante, yo lo hubiera hecho. Se preparó para lanzar su mano derecha y no lo hizo. Eso es lo que hace de él, en mi opinión, el mejor boxeador contra el que he luchado”, contó Foreman en el documental. La grandeza de Ali fue inmensa.

Alí y su valentía fuera del ring

Muhammad Ali vivió etapas complejas a lo largo de su vida. Para el año 1967, intentaron obligarlo a alistarse en el ejército, negándose rotundamente al reclutamiento por parte de los Estados Unidos para luchar en la Guerra de Vietnam. «¿Por qué me piden ponerme un uniforme e ir a 10.000 millas de casa a arrojar bombas y disparar a gente de piel oscura, mientras los negros de Louisville son tratados como perros y se les niegan los derechos humanos más simples?”, declaró Ali durante ese año.

Alí fue un líder que se plantó ante la injusticia, enfrentó la segregación y defendió a capa y espada los derechos civiles de los afroamericanos mostrando una convicción inquebrantable.

Cabe resaltar que fue condenado a cinco años de cárcel, pero no cumplió dicha condena y terminó volviendo al boxeo tres años después.

“Odiar a las personas por su color es incorrecto. Y no importa qué color odie. Es simplemente incorrecto”. Muhammad Alí.

Su rival más difícil

A la edad de 42 años, Alí fue diagnostico con Parkinson y desde ese momento inició la pelea más difícil y larga de su vida: «Al principio, hubo momentos en los que podía sacar de mi mente los pensamientos sobre la enfermedad. Después, cuando los síntomas físicos no podían ser ignorados, hubo periodos de frustración y depresión, los cuales tuve que combatir tan vigorosamente como cualquiera de los oponentes que enfrenté en el ring»; contó en el libro: “El alma de una mariposa”.

Muhammad Alí siempre será recordado, su figura trascendió más allá del deporte. Estará sentado junto a los más grandes de todos los tiempos.

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