Nelson Mandela, el hombre que unió una nación con el deporte

Cada 18 de julio se celebra un año más del nacimiento de Nelson Mandela, esa figura icónica en la lucha contra el racismo. Estuvo 27 años preso, pero de allí salió renovado a cambiar la mentalidad de un país destrozado, Sudáfrica. Para ello encontró en el deporte una herramienta que le permitiera reunir a negros y blancos en una sola dirección.

Hay quienes aseguran que mientras estuvo en la cárcel organizaba a los demás presos para jugar fútbol. A Mandela le apasionaba el balompié desde muy chico, precisamente en un país donde el rugby es el deporte que mueve masas, pero que estaba prohibido para los negros.

Rompió las barreras

Durante su vida como hombre libre consiguió romper barreras raciales, hasta llegar a la presidencia de su país. Ganó un Premio Nobel de la Paz y pasó a la historia como un hombre que salió de la cárcel sin rencores y con un discurso integrador que, luego de siete años de su muerte, todavía es recordado y refrendado.

Pero Nelson Mandela entendió temprano que el deporte era un instrumento de cambio y de unión en una Sudáfrica separada y herida. La hazaña de los Springboks, como se le llama al equipo de ese país, en el Mundial de 1995 se considera una de los movimientos más audaces de Mandela en su afán de unir a su nación y de integrar a la comunidad negra a un sentimiento por el equipo de rugby.

“Fue un hombre que comprendió que el deporte podía construir puentes y derribar muros”, opinó Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional. “Madiba”

Los Springboks, el equipo que unió el país de Nelson Mandela

La historia de esos Springboks dio pie hasta a una película llamada “Invictus”, dirigida por Clint Eastwood. Después de haberse perdido los mundiales de Nueva Zelanda 87 e Inglaterra 1991, Sudáfrica volvió en el 95 como sede luego que se le levantaron las sanciones por el Apartheid, producto del proceso que llevó a Mandela a la presidencia por el voto popular un año antes.

El paso de los Springboks por el Mundial fue tórrido. Fueron primeros de grupo venciendo a Canadá, Australia y Rumania; para luego despachar a Samoa y Francia, clasificándose a la gran final el 24 de julio en el estadio Ellis Park, Johannesburgo.

La hazaña de los Springboks aún es recordada por haber unido a la comunidad blanca y negra en un país desangrado por el Apartheid / AFP

Eran tiempos complicados en la lucha racial, las heridas comenzaban a sanar, pero aún había mucho trabajo por hacer. El rugby era un deporte casi que exclusivo para los blancos y en la plantilla del equipo nacional solo uno era negro.

Se daba la rara situación de que, en los partidos de la selección, la comunidad negra apoyaba al equipo contrario y celebraba sus victorias. Nelson Mandela pronto se dio cuenta que ese escollo tendría que saltarlo y debía unir a todo el país alrededor del símbolo deportivo.

John Carlin en su libro “El factor humano”, cuenta la estrategia de Nelson Mandela para ir ganando adeptos para los Springboks en la comunidad negra. Se reunió con François Pienaar, capitán del equipo, y lo convenció para que diera clínicas de rugby a los niños de los estratos más pobres del país.

Al momento de llegar al Mundial, gran parte del país estaba unido para apoyar a los suyos. Su selección fue avanzando contra todo pronóstico para terminar triunfando ante los All Blacks de Nueva Zelanda en la final con marcador de 15-12.

Nelson Mandela entró al estadio a entregar el trofeo de campeón mundial a los Springboks. Aunque en la cárcel celebró sus derrotas, como pacificador y presidente entendió que el camino era otro. Su amigo, el capitán Pienaar, también lo entendió así cuando en plena celebración dijo “No hemos ganado para los 60.000 aficionados que hay en el estadio, hemos ganado para los 43 millones de sudafricanos”.

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